El día después de una mala noche: claves simples para recuperar cuerpo y la mente
Edición Impresa | 15 de Febrero de 2026 | 04:02
Dormir mal alguna noche es casi inevitable. El estrés, las preocupaciones, los cambios de rutina o una jornada intensa pueden romper el descanso y dejarnos frente a un amanecer poco alentador. El problema no es solo el cansancio: una mala noche altera la atención, el humor, la memoria y la forma en que nos vinculamos con los demás. Aun así, el “día después” no está perdido. Con algunas estrategias concretas, es posible sostener el rendimiento cotidiano y ayudar al organismo a reequilibrarse.
Especialistas en sueño coinciden en que no se pueden borrar por completo los efectos de una noche sin descanso, pero sí atenuarlos y evitar que se prolonguen. La clave está en acompañar al cuerpo, no exigirle de más ni intentar compensar de manera extrema.
ACEPTAR EL CANSANCIO
El primer paso es asumir que no se durmió bien. Empezar el día luchando contra esa realidad solo incrementa el estrés y la ansiedad. Aceptar el cansancio permite reorganizar prioridades, bajar la autoexigencia y enfocarse en lo esencial. El objetivo no es rendir al máximo, sino atravesar la jornada de la mejor manera posible con la energía disponible.
Esta actitud reduce el desgaste emocional y evita caer en un círculo de preocupación que amplifica la fatiga. Ser realista también ayuda a distribuir mejor las tareas y a postergar lo que no sea urgente.
HIDRATACIÓN
Dormir poco altera el equilibrio hormonal y puede aumentar la sensación de deshidratación. Por eso, comenzar el día con agua y mantener una hidratación constante es fundamental. Beber líquidos ayuda a mejorar la circulación, la atención y la energía general.
Lo ideal es priorizar el agua y evitar bebidas azucaradas o energéticas, que generan picos seguidos de caídas abruptas. El café puede ser un aliado, pero siempre con moderación y en horarios tempranos.
LUZ NATURAL Y PAUSAS BREVES
La exposición a la luz natural, especialmente durante la mañana, es una de las herramientas más efectivas para combatir la somnolencia. La luz regula el reloj biológico y estimula la producción de serotonina, una hormona vinculada al estado de ánimo y la alerta.
Una caminata suave al aire libre dentro de las primeras horas del día, aunque sea breve, ayuda a “despertar” al cerebro y a sincronizar el ritmo circadiano. Si no es posible salir, trabajar cerca de una ventana también suma.
Tras una mala noche, la concentración suele caer más rápido. En lugar de forzar la productividad durante horas, es preferible incorporar descansos cortos y frecuentes. Pausas de cinco a diez minutos permiten recuperar foco y reducir la sensación de agotamiento.
Durante esos momentos conviene moverse, estirarse, respirar profundo o cerrar los ojos unos instantes. No se trata de desconectarse por completo, sino de darle al cuerpo pequeños respiros.
EJERCICIO MODERADO Y COMIDAS
Aunque la tentación sea quedarse quieto, el movimiento ayuda. El ejercicio moderado mejora la circulación, oxigena el cerebro y libera endorfinas, que elevan el ánimo. Una caminata ágil, algunos estiramientos o una sesión suave de yoga son suficientes.
Lo importante es evitar el sobreesfuerzo y no entrenar cerca del horario de dormir, ya que eso podría dificultar el descanso nocturno.
La alimentación influye directamente en cómo nos sentimos durante el día. Tras una noche de poco sueño, conviene evitar comidas pesadas, grasas o con exceso de azúcar. Estos alimentos intensifican la somnolencia y los altibajos de energía.
Priorizar proteínas, frutas, verduras y alimentos con fibra ayuda a mantener estables los niveles de glucosa y favorece la concentración. Un desayuno equilibrado es clave para arrancar mejor la jornada.
CAFEÍNA Y SIESTA: ¿ALIADOS?
La cafeína puede mejorar temporalmente la alerta, pero su uso debe ser cuidadoso. Consumirla durante la mañana es lo más recomendable; hacerlo por la tarde puede interferir con el sueño de la noche siguiente.
En cuanto a la siesta, una breve pausa de 20 minutos, idealmente entre las 13 y las 15, puede ser reparadora. Dormir más tiempo o hacerlo muy tarde aumenta el riesgo de desajustar el descanso nocturno.
PREPARAR EL TERRENO PARA DORMIR MEJOR
La verdadera recuperación comienza al planificar la noche siguiente. Mantener horarios regulares, evitar acostarse mucho antes de lo habitual y crear una rutina relajante son pasos fundamentales. Leer, meditar o tomar un baño caliente ayudan a inducir el sueño.
Reducir el uso de pantallas, limitar la luz artificial y asegurar un ambiente oscuro, fresco y silencioso favorece un descanso profundo. Si el insomnio se repite, consultar con un profesional es una decisión acertada.
Dormir mal una noche no define cómo será todo el día. Con hábitos simples y decisiones conscientes, es posible atravesar la jornada con mayor claridad y preparar el cuerpo para volver a descansar bien. El secreto no está en forzar la recuperación, sino en acompañarla.
❑ Aceptá el cansancio: no luchar contra la falta de sueño reduce el estrés y ayuda a administrar mejor la energía disponible.
❑ Hidratate desde temprano: tomar agua al comenzar el día mejora la atención y combate la fatiga asociada a la deshidratación.
❑ Buscá luz natural: exponerte al sol por la mañana ayuda a regular el reloj biológico y aumenta el estado de alerta.
❑ Movete, aunque sea un poco: caminatas suaves o estiramientos activan la circulación y despejan la mente.
❑ Hacé pausas cortas: descansos breves cada hora mejoran el rendimiento y previenen el agotamiento mental.
❑ Comé liviano y nutritivo: priorizar proteínas, frutas y verduras evita los bajones de energía.
❑ Siesta corta y estratégica: no más de 20 minutos, preferentemente después del almuerzo.
❑ Prepará una noche reparadora: rutinas relajantes y menos pantallas facilitan conciliar el sueño.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE