El delito golpea a quienes se quitan el uniforme y trabajan para las App
Edición Impresa | 17 de Febrero de 2026 | 03:20
La escena se repite cada vez con más frecuencia en la madrugada platense. Mientras la mayoría duerme, agentes policiales y miembros del Servicio Penitenciario cambian el uniforme por un buzo oscuro, se suben a una moto o a un auto y activan una aplicación de viajes para sumar ingresos.
La crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo empujaron a muchos trabajadores de las fuerzas de seguridad a buscar un segundo empleo. Lo hacen en sus francos, después de turnos extensos o incluso tras jornadas nocturnas. El objetivo es uno solo: robustecer salarios que, aseguran, ya no alcanzan. Pero el riesgo es alto.
Hace pocos días, alrededor de las 2 de la madrugada, un agente del Servicio Penitenciario que realizaba viajes con su motovehículo fue asaltado tras aceptar un pedido en la zona de 82 y Diagonal 11 B, en el Barrio Monasterio.
Al llegar al punto indicado, dos hombres lo abordaron. Uno lo sujetó desde atrás y el otro lo amenazó con un arma blanca exigiéndole que descendiera del rodado.
En cuestión de segundos lo redujeron, lo tiraron al suelo y escaparon con la moto.
El trabajador sufrió una quemadura leve en una pierna durante el forcejeo con el caño de escape de su rodado. No hubo testigos. Tampoco cámaras municipales en el punto exacto del ataque. Los delincuentes huyeron en dirección a calle 80 y se perdieron de vista.
El caso expone una realidad silenciosa: efectivos que durante el día custodian unidades carcelarias o patrullan calles, por la noche quedan expuestos a la misma inseguridad que combaten. Sin chaleco, sin arma reglamentaria, sin respaldo operativo inmediato.
Compañeros de distintas dependencias admiten que no se trata de situaciones aisladas. “Cada vez somos más los que hacemos viajes”, reconocen en voz baja. Algunos manejan autos; otros, motos. La mayoría lo hace sin publicidad dentro de la propia fuerza, para evitar cuestionamientos o conflictos administrativos.
La doble jornada implica desgaste físico y mental. Turnos de 12 horas que se transforman en 16 o más. Poco descanso. Y un riesgo constante: subir a desconocidos en plena madrugada, en barrios donde incluso patrullar uniformado resulta complejo.
El fenómeno también abre un debate de fondo: qué sucede cuando quienes deben garantizar la seguridad necesitan exponerse a la calle para completar ingresos. La línea entre servidor público y trabajador precarizado se vuelve difusa.
Mientras tanto, las aplicaciones siguen activas y los viajes continúan. Porque detrás del uniforme hay trabajadores que, como tantos otros, buscan llegar a fin de mes. Y a veces, en ese intento, terminan siendo víctimas del mismo delito que combaten.
UN ANTECEDENTE CERCANO
Ayer este diario dio cuenta del caso mortal que involucró a un agente del Servicio Penitenciario Federal, a quien asesinaron en un intento de robo en José C. Paz.
El violento episodio ocurrió el sábado pasado en la intersección de Ruta 197 y la calle Gaspar Campos, donde el efectivo fue abordado por al menos cuatro delincuentes, que lo encerraron con el objetivo de robarle su motocicleta.
Fuentes policiales informaron que hubo un enfrentamiento, en el que el oficial resultó gravemente herido mientras que los asaltantes lograron darse a la fuga, llevándose algunos objetos personales de la víctima, pero dejando la moto en la que esta circulaba.
El agente fue auxiliado rápidamente por vecinos y comerciantes que presenciaron la secuencia, pero lamentablemente murió cuando era trasladado al Hospital Mercante. Su acompañante zafó de milagro.
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