Bochas: auge, ocaso y renacimiento de una parte de la identidad platense

Tras perder más de 40 canchas y quedar reducida a apenas nueve jugadores en 2023, la disciplina histórica de los clubes barriales recupera terreno sin prisa pero sin pausa

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Francisco Lagomarsino

flagomarsino@eldia.com

“Cuando veo mujeres y chicos dentro de una cancha, hoy, se me caen las lágrimas. No te lo puedo explicar. Por mis venas corre sangre de bochas. Cuando levantaron la cancha de Deportivo La Plata sentí un tiro en el corazón. Hoy hay un gimnasio arriba y me duele, no lo puedo entender. Muchos clubes de barrio se fundaron con bochas y fútbol”. La frase, cargada de emoción en boca de un alto dirigente del universo bochófilo, resume el momento que atraviesa la disciplina en la ciudad: entre la nostalgia por lo perdido y el atisbo de una recuperación que vuelve, poco a poco, a poblar las canchas.

La práctica de las bochas en La Plata tiene referencia institucional colectiva desde 1939, cuando se fundó la Asociación de Bochas “Ciudad de La Plata”. Por entonces, cada institución barrial -centros de fomento, sedes de colectividades, clubes sociales y deportivos- contaba con su cancha reglamentaria de 24 metros de longitud y 4 de anchura, con pisos de tierra o arcilla apisonada, mantenidos con enormes y pesados rodillos.

Hubo un tiempo en que la entidad reunió 50 clubes afiliados en una ciudad donde mencionar los que no tenían bochas resultaba más sencillo que enumerar los que sí. Pero ese paisaje comenzó a modificarse. Para algunos memoriosos, el deterioro arrancó en los años ’80. En algún punto se perdió la sede propia de la Asociación, que funcionaba en 1 entre 71 y 72. La documentación pasó a una pequeña oficina prestada, y luego a la calle. Libros, padrones, tableros, fichas de torneos, trofeos, fotos. Historia.

Esta debacle institucional avanzó en paralelo con el envejecimiento de los jugadores y la falta de renovación generacional. “La decadencia comenzó por malas decisiones políticas de los mayores. En la mayoría de los clubes no se sembró: a mi generación, en su momento, no la dejaban jugar. Jugaban los grandes y los chicos molestábamos. Ese fue el error más grande: no permitirnos ingresar ni promover las bochas. A medida que se fueron muriendo los jugadores, no hubo reposición” precisa hoy Gustavo Marchi, presidente de la entidad y jugador histórico de la Sociedad de Fomento Gorina.

La pandemia profundizó ese escenario. La interrupción de la actividad, el confinamiento y el propio virus afectaron especialmente a un universo integrado en su mayoría por jugadores veteranos. Al finalizar el confinamiento, apenas nueve personas -dos menores, dos mujeres y cinco varones- seguían perteneciendo a la Asociación.

DESPUÉS DE LA DIÁSPORA

“En 2023 habíamos quedado prácticamente sin jugadores, éramos nueve en total”, recuerda Marchi. “Empezamos a trabajar para reflotar las bochas. Salimos a caminar y a ‘patear’ los clubes, y empezó a resurgir. A mitad de 2023 pedimos un Provincial: nos dieron uno, en realidad dos, porque se hicieron simultáneamente el Individual de Primera y Parejas de Segunda categoría. Fue un éxito. Ya entrado 2024 teníamos alrededor de 70 jugadores y en 2025 llegamos a 124 en la ciudad”.

El impacto de la crisis también se sintió puertas adentro de los clubes. En distintos casos, los codiciados metros cuadrados de las canchas se destinaron a bodegones, gimnasios o salones para eventos. Se calcula que unas cuarenta canchas desaparecieron en la ciudad. Entre las emblemáticas estuvieron las de Everton (14 entre 63 y 64), entidad cofundadora de la Asociación, y Gimnasia y Esgrima La Plata, en el Bosque. Como botón de muestra actual, lo que fuera el club Bochín (19 entre 55 y 56), cuyo nombre remite directamente a la disciplina, es actualmente una zona de obra.

“Siempre digo que admiro al que empezó con una bicicleta haciendo fletes y hoy tiene una empresa con camiones, pero no se olvidó de la bicicleta” ejemplifica Marchi: “Hace poco, en un club tradicional, querían levantar la cancha. Hablé con el presidente y le dije: no te olvides de tu abuelo, de tus antepasados... el club se formó con bochas y fútbol. No es que todo sea dinero en la vida. Es un tema delicado, por supuesto, pero duele”.

Durante años, existió además en la Ciudad un torneo “interplazas” que reunía equipos barriales y construía vínculos de vecindad. Tenía localías fuertes en plazas como la Castelli y la Alberti, y el parque Vucetich. Hoy esas canchas ya no están. Persisten las pistas de Brandsen y Matheu.

En la actualidad, la Asociación nuclea a una decena de clubes activos: Circunvalación, Gorina, Abuelos Club, Romerense, Capital Chica, Alumni, 19 de Noviembre, Estrada, Corazones Unidos, Las Banderitas. Entre Berisso y Ensenada, la actividad suma media docena más.

Próceres y promesas

“La ciudad ha tenido grandes jugadores: Heriberto Chiavolini, Cremaschi, Lugo, Córdoba, Peralta y muchos más. Estamos hablando de 30, 35 o 40 años atrás”, repasa Marchi. “Pero el problema fue no dejar entrar a las nuevas generaciones. Antes no teníamos Internet ni celulares; hubo cambios muy importantes y ahí se perdió mucho. Ahora estamos remontando el barrilete, con una cola de plomo... pero lo estamos remontando”.

La regularización ante la Federación Provincial y la Confederación Argentina permitió retomar competencias oficiales y ordenar calendarios. Hoy se juega en Primera, Segunda y Tercera categoría; hay Sub-9, Sub-12, Sub-15, Sub-18 y Sub-21; damas en todas las modalidades y categorías.

“Está mal decir que es un juego de viejos”, sostiene Marchi. “Hace cuatro años salimos campeones provinciales Sub-9 en Mar del Plata. Perdimos semifinales con 73 tríos en Suardi, Santa Fe, y salimos terceros en el Argentino. Tenemos muchas chicas y chicos jóvenes. Y vamos por más”.

“Trabajamos para reflotar las bochas. Salimos a caminar y ‘patear’ los clubes, y hubo respuesta”

El recambio generacional, que durante décadas fue escaso, empieza a insinuarse. Un caso paradigmático es el de la familia integrada por Natalia Añaños y Osvaldo Mangudo, con uno de sus hijos, Mateo —nacido en 2011— ya compitiendo en el club Circunvalación.

“La historia nuestra con las bochas empezó en Circunvalación. Mi marido va ahí desde chico. Yo no era de acá: jugaba para Berisso y Ensenada. A los veintipico me pasé a La Plata y empecé a frecuentar Circunvalación. Ahí conocí a Osvaldo”, cuenta Añaños. “Seguí tirando bochazos hasta los ocho meses del embarazo ¡y a los dos días de nacer Mateo me fui a jugar un zonal a Verónica!”.

La escena se volvió habitual: entrenamientos y torneos compartidos. “Después quedé embarazada de Mateo... El Pipi empezó a jugar más o menos a los cuatro años. A esa edad, ya estaba en la cancha con la bocha en la mano, imitándonos. Y desde entonces seguimos los tres jugando juntos”.

Añaños subraya que ya no se trata de una excepción. “Es lindo, porque no somos los únicos: cada vez hay más familias enteras jugando. Hay muchos que compiten con su mujer o con sus hijos. En Corazones, por ejemplo, hay una familia en la que juegan las parejas, una de las hijas y una de las nietas: son cuatro y juegan todos”.

En esa trama conviven competencia y pertenencia. “A nosotros nos encanta competir. Y también hacer amistades: en todos los clubes tenemos amigos gracias a las bochas. El lado de la tradición está presente. Mis padres jugaban; mi papá me llevó a las canchas cuando tenía 10 años. El papá de Osvaldo también lo llevaba al club. Mateo juega por nosotros, que lo metimos de muy chiquito en los torneos, pero la historia viene de una generación más atrás”.

Nivelar la cancha

La escena actual combina ausencias y persistencias. Muchos jugadores envejecieron y perdieron sus clubes; varias plazas desmontaron sus pistas; decenas de canchas fueron reconvertidas. Al mismo tiempo, la matrícula crece, el calendario volvió a ponerse en marcha y los torneos suman categorías juveniles y femeninas.

“La Plata está en el juego”, dice Marchi. “A veces hay que desdoblar calendarios porque no alcanzan las fechas. Antes se podían presentar solo dos equipos por categoría y mucha gente quedaba afuera. Ahora estamos haciendo jugar a todos. Nos complica más la organización, pero lo importante es que chicos, mujeres y hombres estén dentro de la cancha”.

La práctica ya no ocupa el lugar central que tuvo en la trama social platense, pero tampoco desapareció. Entre datos duros, reconstrucción institucional y nuevas familias que se incorporan, las bochas ensayan un regreso que depende mucho de la capacidad de sostener espacios y abrir la cancha a nuevas generaciones.

En la lengua cotidiana, expresiones como “arrimar el bochín” o padecer un “bochazo” a manos de un profesor severo siguen vigentes. Le toca a la ciudad que supo contar grandes figuras y canchas por decenas, y hoy las enumera con cuentagotas, asegurar la continuidad de una tradición que, corta la bocha, es nada más y nada menos que parte de su identidad.-

 

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