Correr a los 60 y más
Edición Impresa | 22 de Febrero de 2026 | 02:51
El fenómeno de los masters runners —corredores que compiten y entrenan más allá de los 60 años— dejó de ser una rareza para convertirse en una tendencia global. En grandes pruebas como el Maratón de Nueva York, la participación de atletas mayores de 50 y 60 años creció de manera sostenida en las últimas ediciones, acompañando el envejecimiento de la población y una mayor conciencia sobre los beneficios de la actividad física.
No se trata solo de completar una carrera. En términos demográficos, el aumento de corredores +60 dialoga con un dato contundente: la esperanza de vida se expandió en las últimas décadas y, con ella, la búsqueda de una vejez más autónoma. En ese escenario, el atletismo aparece como una herramienta concreta para sostener funcionalidad y calidad de vida.
ENVEJECER CON MENOS SEDENTARISMO
Desde la fisiología, los corredores máster representan lo que se conoce como “envejecimiento exitoso”: personas que mantienen niveles de capacidad cardiovascular y masa muscular superiores a los de sus pares sedentarios. Uno de los indicadores clave es el VO₂ máx, que mide la capacidad del organismo para utilizar oxígeno durante el esfuerzo. En la población general, este valor puede disminuir entre un 5 % y un 10 % por década a partir de los 30 años. Sin embargo, investigaciones sobre atletas veteranos muestran que el entrenamiento aeróbico regular y el trabajo de fuerza atenúan de manera significativa esa caída.
El impacto va más allá del rendimiento. Estudios observacionales en adultos mayores de 60 años indican que la actividad física regular —incluido correr o trotar— se asocia con una reducción del riesgo de mortalidad cardiovascular y por todas las causas en comparación con personas inactivas. El ejercicio contribuye a controlar la presión arterial, mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la grasa visceral, factores directamente vinculados con enfermedades crónicas.
Además, correr combate uno de los procesos más característicos del envejecimiento: la sarcopenia, es decir, la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular. Aunque el paso del tiempo implica cambios hormonales y metabólicos inevitables, la evidencia muestra que el músculo sigue siendo adaptable incluso en edades avanzadas. La combinación de resistencia aeróbica y entrenamiento de fuerza es hoy la recomendación central para preservar autonomía.
CAMBIOS EN EL TIEMPO
En el plano deportivo, también se observan transformaciones. Los tiempos promedio en categorías mayores mejoraron en las últimas décadas, lo que sugiere no solo más participación sino también mejor preparación. Sin embargo, los especialistas advierten que el cuerpo de un corredor de 65 o 70 años no responde igual que el de uno de 30. La recuperación suele ser más lenta y las lesiones por sobreuso —tendinopatías, molestias articulares— requieren planificación cuidadosa.
Aquí aparece un punto clave: no todo entrenamiento intenso es sinónimo de mayor longevidad. Algunos expertos en envejecimiento sostienen que los beneficios más claros para la salud se observan con actividad física regular y sostenida, más que con volúmenes extremos. El equilibrio entre desafío y recuperación se vuelve central.
Lo que sí parece indiscutido es el efecto social y psicológico. Participar en carreras, entrenar en grupo y fijarse metas deportivas fortalece vínculos, autoestima y sentido de propósito. En un contexto donde la soledad y el sedentarismo son factores de riesgo en la vejez, el atletismo ofrece una red y una rutina.
A los 60 y más, correr ya no es solo una cuestión de marcas personales. Es una declaración cultural: la idea de que el envejecimiento puede ser activo, visible y dinámico. Los corredores máster no niegan el paso del tiempo; lo enfrentan kilómetro a kilómetro, demostrando que la longevidad no es solo vivir más, sino vivir en movimiento.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE