Modo “Japandi” en departamentos chicos Menos metros, más armonía
Edición Impresa | 22 de Febrero de 2026 | 02:53
En tiempos en que los departamentos urbanos achican sus metros pero multiplican sus funciones, el diseño interior dejó de ser solo una cuestión estética para convertirse en una herramienta estratégica. En ese escenario gana terreno el estilo japandi, una corriente que combina la sobriedad japonesa con la calidez escandinava y que encuentra en los espacios pequeños su territorio ideal.
El japandi no es una moda estridente ni un gesto decorativo pasajero. Se trata de una filosofía aplicada al hogar: menos objetos, más intención; menos ornamento, más calidad. Su esencia está en la armonía visual y en la funcionalidad consciente. Y eso, en departamentos de 30, 40 o 50 metros cuadrados, marca la diferencia.
Se privilegia muebles bajos, de diseño simple y proporciones equilibradas
La primera clave es la paleta. Blancos rotos, beiges, grises suaves y madera clara construyen una base neutra que amplía visualmente el ambiente. En espacios integrados —donde cocina, comedor y living conviven sin divisiones— mantener una coherencia cromática evita cortes bruscos y genera sensación de continuidad. El resultado es un entorno más luminoso y sereno.
La segunda apuesta está en las líneas. El japandi privilegia muebles bajos, de diseño simple y proporciones equilibradas. Sofás de estructura liviana, mesas sin detalles recargados, estanterías abiertas que no saturan la pared. Al reducir el peso visual, el ambiente “respira” mejor y los techos parecen más altos.
Pero minimalismo no significa frialdad. El estilo se apoya en materiales nobles que aportan textura y calidez: lino, algodón, cerámica artesanal, fibras naturales. Una manta sobre el sillón, una alfombra neutra que delimite el estar o una lámpara de papel pueden transformar la atmósfera sin sobrecargarla. La clave está en sumar capas suaves, no en acumular objetos.
En departamentos chicos, la funcionalidad es determinante. El japandi responde con muebles versátiles y soluciones inteligentes: mesas extensibles, bancos con guardado, bibliotecas livianas que dividen sin cerrar. Cada pieza cumple un propósito claro. Si algo no aporta uso o belleza, simplemente no entra.
También el orden forma parte de la estética. Superficies despejadas, pocos objetos a la vista y almacenamiento oculto ayudan a sostener la calma visual. En este punto, la influencia japonesa del wabi-sabi —que celebra la sencillez y la imperfección natural— invita a elegir piezas con historia o textura antes que accesorios producidos en serie.
Adoptar el japandi no implica vaciar la casa ni hacer una reforma integral. A veces basta con revisar lo que ya está: reemplazar cortinas pesadas por telas livianas, unificar colores, retirar adornos innecesarios, incorporar una planta de hojas verdes profundas que aporte vida sin exceso. Pequeños gestos pueden modificar por completo la percepción del espacio.
La esencia del estilo Japandi está en la armonía visual y en la funcionalidad consciente
En definitiva, el éxito del japandi en departamentos chicos no radica en seguir una tendencia sino en responder a una necesidad contemporánea: vivir mejor en menos metros. Frente al ruido visual y la acumulación, propone equilibrio. Frente a la saturación, serenidad. Y demuestra que la verdadera amplitud no se mide en superficie, sino en la sensación que transmite el lugar donde se habita.
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