Qué puede pasar con la inflación tras la polémica por la forma de medirla

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Tras la decisión oficial de no aplicar por ahora la nueva fórmula para medir la inflación, distintas consultoras privadas simularon cuánto habría dado el IPC de enero y febrero con ambos esquemas. La conclusión es que, al menos en el arranque del año, las diferencias serían marginales.

Desde Equilibra señalaron que el dato de enero arroja exactamente el mismo resultado bajo ambas metodologías: 2,2%. “En los últimos meses la nueva metodología solía dar una décima por encima, pero justo en enero nos dio igual en nuestros relevamientos”, dijeron.

Una estimación similar presentó Eco Go, que indicó que el relevamiento de enero coincide en 2,4% aplicando los dos sistemas. “No hubo tanta dispersión en los aumentos como para generar una diferencia en el nivel general”, explicó.

Desde Analytica afirmaron que que la inflación de enero se ubica en 2,4%, cifra que —con redondeo— resulta idéntica bajo ambas metodologías. En C&T Asesores Económicos calcularon que el 2,4% de enero habría sido levemente menor —en torno a 2,3%— con el nuevo esquema: una diferencia de apenas una décima.

Febrero y el efecto tarifas

Para febrero, las consultoras advierten que podría aparecer una brecha algo mayor, aunque todavía acotada. Eco Go proyecta que la divergencia podría llegar a 0,5 puntos porcentuales, en función de los aumentos anunciados, aunque aclara que los valores finales dependerán de los relevamientos del mes.

Equilibra estima una inflación de 2,3% con la nueva metodología y 2,2% con la actual. El impacto de las subas tarifarias sería algo más fuerte en el nuevo índice, pero no superaría 0,1 o 0,2 puntos porcentuales en la variación mensual. “En el acumulado podría ser un poco mayor, pero mes a mes la diferencia seguiría siendo baja”, afirmaron.

Los antecedentes muestran que la brecha puede ampliarse en contextos de fuertes ajustes de servicios. Equilibra detectó que en abril de 2024 la diferencia entre ambos indicadores fue de 0,4 puntos, en un mes en el que las tarifas subieron 61%.

El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que con la nueva fórmula el IPC de enero habría sido incluso una décima menor que el publicado por el Indec. A través de su cuenta de X, desmintió versiones que hablaban de una inflación superior al 3% con el nuevo cálculo y afirmó que esa información era “falsa”, citando datos provistos por las autoridades del organismo estadístico.

Sin embargo, el freno a la actualización del índice generó una fuerte controversia. El Indec había finalizado el nuevo IPC en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (2017/2018), que otorga mayor peso a los servicios. Economistas señalan que, en un contexto de subas tarifarias, ese cambio metodológico podría haber arrojado registros más elevados en los próximos meses.

Por qué importa cómo se mide la inflación

El IPC no es solo un indicador estadístico: impacta de forma directa en una amplia gama de variables de la vida cotidiana. Jubilaciones, salarios, contratos de alquiler, créditos hipotecarios UVA, bonos ajustados por CER y cuotas de medicina prepaga, entre otros, se actualizan en función de ese número.

También se utiliza para calcular indicadores “reales” de la economía, como la recaudación impositiva, el resultado fiscal o el crecimiento del PBI descontando la inflación. Una medición más alta o más baja altera la lectura sobre el poder adquisitivo, el gasto público y el rendimiento de los ahorros indexados.

Por eso, la decisión de postergar el nuevo índice reabre interrogantes sobre la comparabilidad de los datos y la confianza en las estadísticas oficiales, un tema sensible tras la crisis de credibilidad que sufrió el Indec en el pasado.

Qué mirar hacia adelante

En el corto plazo, las consultoras coinciden en que la inflación mensual no mostraría saltos bruscos por la metodología elegida. Pero la discusión se traslada al terreno político e institucional: cómo garantizar un índice creíble, actualizado y aceptado por el mercado.

A futuro, la comparación con el índice de la Ciudad de Buenos Aires —basado en una canasta más reciente— y las exigencias del acuerdo con el FMI mantendrán abierto el debate. Más allá de la fórmula, el foco seguirá puesto en la dinámica de precios y en si la desaceleración inflacionaria logra sostenerse durante 2026.

 

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