VIDEO. Del infierno de vivir en las calles de La Plata a cumplir el sueño de la reconstrucción

La historia de Hugo Ortiz, un joven platense que pasó de dormir en la calle y enfrentar el invierno con cartones a reconstruir su vida gracias a la solidaridad, el trabajo y el deseo obstinado de darle un futuro mejor a su familia

Una noche de invierno de 2023. Estación de City Bell. El pantalón, la remera, el buzo y la campera no alcanzaban para paliar el frío. Mientras la nocturnidad gélida le carcomía los huesos, Hugo -22 años, padre, de Villa Elisa- sólo podía pensar en una sola cosa: en que se iba a morir. Después de taparse con hojas secas y un cartón, una barrera escasa para los casi 5 grados, se durmió. O eso cree él: “Estaba todo blanco. No había ruido. Y me vi, con mi bebé y mi mujer, tapados con una manta, calentitos, con un plato de comida. Esa fue la peor noche de mi vida y esa imagen fue lo único que me pudo hacer salir adelante”, contó, en diálogo con EL DIA. 

Hugo Ortiz tiene 22 años, dos hijos, una mujer al cuál ama. Fue nómade de diferentes localidades de la Ciudad durante su corta vida, supo dormir en una estación de tren, enfrentó noches de invierno con cartones y hojas secas, y pidió dinero en cajeros de bancos durante meses con su bebé en brazos. 

Pero un evento fortuito, la solidaridad humana, la perseverancia de Hugo y más que necesidad -la necedad- por tener una mejor calidad de vida, cambiaron su vida. Hoy tiene dos trabajos y sueña con un tercero: un emprendimiento propio. Puede alquilar y, con una sonrisa en la cara, aseguró: “Cuando nos mudamos era una cama y nada más. Hoy, gracias a Dios, no entran más cosas”. 

Su infancia

Cuando Hugo tenía tres años, sus padres se separaron. “Mi mamá se fue. Ella tenía algunos problemas de salud y se fue. Mi papá estaba poco tiempo en casa y quien me crió fue mi abuela paterna”, expresó. 

Ella se llamaba Marta y era quizás su bastión en esta tierra. Falleció cuando Hugo tenía 13 años y ese, dijo el joven de 22 años, fue un verdadero punto de inflexión. “Volvió mi mamá y comencé a vivir en diferentes lugares: un tiempo en lo de ella, después en lo de mi papá y también pasé un tiempo en lo de mis abuelos”. Mientras se convertía en nómade y atravesaba la adolescencia, Hugo admitió también haber conocido de cerca las drogas y el robo. 

Pero, entre los 17 y 18, un nuevo un punto de inflexión. 

Vivir en la calle

A pocos meses de cumplir 18 años, Hugo conoció a Sofía, quien hoy es madre de sus hijos. Ella quedó embarazada y Hugo decidió buscar trabajo. 

Un tiempo estuvo en el área de construcción, lejos de la Ciudad, pero un posible riesgo en el embarazo de Sofía lo obligó a volver. Se insertó, entonces, en el mercado local en una casa de construcción en seco pero duró poco. 

Mientras con su pareja habían decidido irse a vivir juntos, Hugo necesitaba un trabajo para pagar el alquiler. Lo consiguió en una casa de comida rápida pero “nunca nos coincidían las fechas de cobro con las de pago del alquiler. Entonces el propietario nos dijo que nos teníamos que ir”, recordó. 

Decidieron irse a la casa de los padres de Sofía, ya con su hijo en brazos. La relación de Hugo con sus suegros no era buena. “Tome la decisión de irme yo. Estuve un tiempo viviendo en casas de amigos, rebotando, hasta que me quede sín. Iba a pasar y era entendible. Yo había conseguido otro trabajo gastronómico pero lo tuve que dejar. Ahí fue cuando tuve el primer contacto con la calle”, narró a este diario.

“Dormí en la estación de tren de City Bell. Los chicos de ahí son muy buena gente. Siempre me dieron agua caliente o pañales para mi hijo”, señaló. 

Salir adelante

A Hugo le costó recordar si era finales de 2023 o principios de 2024 pero si rememoró, con exactitud, lo siguiente: “Fue un día de 2024, era fin de semana. Nosotros parábamos en cajeros durante el día. Estábamos en el de 7 y 70 cuando aparece un hombre, buscando cajeros con dinero por toda la ciudad. Nos ponemos a hablar, cómo está el bebé y esas. Antes de irse, me pregunta si yo tenía experiencia en gastronomía. Le dije que si y me ofreció trabajo”. 

El hombre es Edgardo Boses, dueño de Megallón, una PyME de medallones veganos. Ese contacto, hoy, es uno de los trabajos de Hugo. “Me ayudó a crecer tanto como persona, como padre, como hombre y como pareja; a pensar  a ver el mundo de otra manera”. 

Poco a poco, Hugo y su familia salieron adelante. En 2025, consiguió otro empleo, gracias a Sofía que le mostró la oferta, en un comercio gastronómico de sushi en City Bell. Hoy es su principal fuente de trabajo cuya jornada es de 15 a 1 de la madrugada. 

Hoy, sueña con un emprendimiento propio -una pizzería- y analiza hacer un curso de peluquería. 

Lo que viene

Una infidencia: en el estudio de EL DIA, fuera de cámara, Hugo aseguró ser una persona muy feliz. Después, en la entrevista, y tras varios minutos contando los escollos que debió enfrentar, dijo: “Lo importante es estar bien con uno mismo. Lo principal es uno ser la fuente de motivación” y agregó: “Yo le doy todos los días gracias a Dios cuando me levanto veo a mi pareja y a mis hijos al lado mío, en la cama, porque hoy estoy y mañana no estoy. Es así: es despertar y salir adelante.

la plata
calle

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE