De Colonia a Punta Lara nadando: un sueño cumplido para 4 amigos
Edición Impresa | 8 de Febrero de 2026 | 02:21
Lo que comenzó como una charla de vestuario entre entrenamientos en una pileta platense, se transformó este sábado en una proeza que ninguno de sus protagonistas olvidará. Bajo el lema “Hasta la otra orilla”, Pilar Basigalup (37), Nicolás Tedeschi (36), Soledad Difulvio (40) y Manuel Bin (41) cumplieron el ambicioso objetivo de cruzar el Río de la Plata a nado, uniendo Colonia del Sacramento con Punta Lara en una jornada marcada por el esfuerzo extremo y la camaradería.
La aventura comenzó bien temprano. A las 4.45 de la mañana, cuando la oscuridad todavía dominaba la costa uruguaya, el equipo se lanzó al agua para iniciar un recorrido de aproximadamente 42 kilómetros cubierto en postas de 20 minutos. La llegada a tierras argentinas se produjo recién a las 17.30 horas, en la zona de la toma de agua, tras 13 horas de una lucha constante contra las condiciones del río.
A pesar de la planificación técnica junto a una empresa especializada en estas travesías y el apoyo del velero de asistencia, el Río de la Plata no se las puso fácil. “No estaba en condiciones ideales y el trayecto fue muy difícil; siempre lo tuvimos en contra, nunca calmo o a favor”, contó Pilar Basigalup a este diario, todavía emocionada por el logro.
La nadadora detalló que, sobre el final, la deriva les jugó una mala pasada: “No nos permitió alcanzar el destino planeado originalmente y terminamos mucho más lejos, pero lo fundamental era tocar tierra y lo logramos”. Allí esperaban familiares y amigos, orgullosos de la proeza.
El apoyo en cada brazada
La modalidad de relevos cada 20 minutos fue la clave. “Hacerlo en equipo, teniendo el apoyo y el aliento de tus compañeros en cada brazada, fue lo que nos motivó a no aflojar nunca”, explicó Basigalup. La travesía les regaló postales únicas, como ver el amanecer desde el centro del río o pasar cerca de los imponentes buques que suelen verse minúsculos desde la costa.
El grupo, que se consolidó hace apenas un año, combina perfiles diversos unidos por una misma pasión: Basigalup es médica y trabajadora de Prefectura, quien descubrió en las aguas abiertas una “nueva pasión” hace poco tiempo; Tedeschi es ingeniero industrial y exjugador de rugby, quien se autodefinió como el “más caradura” del grupo por su menor experiencia previa; Soledad Difulvio, traductora de inglés y guardavidas, encontró en el río un espacio para reencontrarse; y Manuel Bin, tornero mecánico y nadador de toda la vida, consideraba a esta “aventura enorme” una materia pendiente.
Cruzar el Río requiere atravesar el canal principal de navegación. No es sólo un desafío físico. “Mientras nadás se te pasa todo por la cabeza: los entrenamientos, el hambre, el frío y esa sensación por momentos de que no avanzás porque vas tragando agua”, confesó Pilar.
Sin embargo, el balance es de pura felicidad: “Hace un año no lo creía posible. Nadar en medio de la naturaleza, siendo vos solo en semejante inmensidad, es algo que no tiene precio”, afirmó.
Tras meses de organizar rifas para costear la logística y de entrenar bajo la mirada de Lautaro Sans en las aguas de Berisso, los cuatro amigos platenses ya no son solo “nadadores de vocación”.
Ahora forman parte del selecto grupo de deportistas que lograron unir las dos orillas, sellando una amistad que, como ellos mismos dicen, “será para siempre”.
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