Liberaron los dólares del blanqueo y el mercado se frota las manos

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El inicio de 2026 trajo consigo lo que podría plantearse como una inyección o hasta un punto de inflexión para el sector inmobiliario argentino. Con la liberación de más de 20.000 millones de dólares que se encontraban inmovilizados en las Cuentas Especiales de Regularización de Activos (CERA), el mercado puede pasar de la expectativa a la acción, reconfigurando tanto la construcción como la compraventa tradicional.

La crónica de este nuevo ciclo no se explica sólo por el volumen de dinero disponible, sino por el cambio cualitativo en las decisiones patrimoniales. Tras el vencimiento de los plazos de inmovilización del blanqueo el pasado 1° de enero, el “ladrillo” volvió a emerger como una posibilidad de refugio frente a la volatilidad financiera.

Según analistas del sector, no se trata de una “avalancha” que dispare los precios de forma inmediata, sino de un flujo constante que busca trazabilidad fiscal y seguridad a largo plazo.
En el segmento de la compraventa de inmuebles usados o nuevos, el impacto puede ser directo. Por un lado, se espera por operaciones de acceso a la vivienda y por otro, se busca tentar a inversores que quieran hacer rendir esos dólares a través de una renta.

En este sentido, operadores locales coinciden en marcar que, por ejemplo, con una inversión del orden de los 30 mil dólares (en un monoambiente bien ubicado y “vivible”) se puede obtener un alquiler mensual del orden de los 240 dólares. Aunque de ahí hay que descontar impuestos y gastos eventuales y de administración.

Además, la posibilidad de exenciones impositivas en el Impuesto a las Ganancias para quienes vuelquen ese dinero al mercado de alquileres residenciales suma un incentivo que promete reactivar la oferta de vivienda, hoy todavía escasa frente a la demanda habitacional.

La construcción: costos y pozo

Para el segmento de la vivienda nueva y la construcción, el blanqueo actúa como un combustible necesario pero condicionado. Los desarrolladores ven con optimismo cómo los fondos liberados podrían orientarse a proyectos con un avance de obra superior al 50%, donde el riesgo es menor y la entrega más cercana.S

in embargo, el gran desafío de 2026 sigue siendo el costo de los materiales y la mano de obra, que ha presionado los precios de las unidades de pozo hacia arriba, llegando a incrementos del 9% anual en dólares.

La expectativa es que este ingreso de capitales ayude a financiar la etapa final de miles de obras que quedaron a mitad de camino en años anteriores.

En definitiva, el 2026 se perfila como un año de “limpieza” de carteras y toma de posiciones. Con el crédito hipotecario asomando nuevamente y el dinero del blanqueo ya en la calle, el mercado inmobiliario argentino intenta dejar atrás el estancamiento para entrar en una fase de recuperación sostenida, donde la confianza -más que el dólar- empieza a ser la moneda de cambio más valiosa.

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