“Taxi Driver”: a 50 años de un clásico que rompió los moldes

La cinta dirigida por Martin Scorsese cumple medio siglo de historia. Las claves de su éxito y por qué sigue siendo desgarradoramente visceral

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“Taxi Driver”, el clásico de Martin Scorsese, cumple 50 años en la historia del cine y no es poco, no solo por lo que implica medio siglo de existencia fílmica, sino también porque es una cinta que sigue emparentada con esta realidad que nos rodea. Si bien las crisis mutaron, las guerras son otras y la tecnología evolucionó a niveles impensados, el impacto que generó tras su estreno el 8 de febrero de 1976, es innegable.

La matriz de “Taxi Driver” se ubica en un punto de inflexión político y social: la retirada de los Estados Unidos de Vietnam, sumado al escándalo de Richard Nixon con el Watergate. En los 70, el cine comenzaba a liberarse de la censura impuesta durante años, mientras la violencia en las calles crecía y comenzaba a plasmarse en el arte. En ese contexto nacía Travis Bickle, el protagonista de la historia que creó el guionista Paul Schrader, y a la que Robert De Niro le puso rostro y toda su impronta actoral.

En la película, Bickle es un veterano de la guerra de Vietnam que sufre de insomnio crónico y alienación, lo que lo lleva a trabajar como taxista nocturno en la Nueva York de los años 70. Mientras recorre las calles, y se mete en los barrios bajos, desarrolla una obsesión con la decadencia de la ciudad y el deseo de “limpiar” lo que él considera “escoria”.

En su débil intento de conectar con el mundo conoce a Betsy, una trabajadora de una campaña política a la que endiosa como a una criatura mística. Sin embargo, sus intentos por conquistarla fracasan, acelerando su descenso a la paranoia y el aislamiento. Ahí, el protagonista comienza a radicalizarse: comienza un riguroso entrenamiento físico y adquiere un arsenal de armas con el objetivo inicial de asesinar a un candidato presidencial. Sin embargo, tras fallar en su intento, redirige su furia hacia el rescate de Iris (Jodie Foster), una prostituta de doce años a la que desea “salvar” de su entorno abusivo, situación que lo termina convirtiendo en un “héroe mediático”.

“En ‘Taxi Driver’, Travis Bickle va hasta el fondo, roza el límite y explota. Cuando leí el guión de Paul me di cuenta de que yo compartía las sensaciones del personaje, que todos albergamos esos sentimientos, y filmar la película era una manera de abrazarlos y aceptarlos y reconocer al mismo tiempo que no me hacían felices”, aseguró el director en un texto en donde recordó aquellos días en que se gestaba la cinta.

El guión de Schrader se ampara además en un caso real: el intento de Arthur Bremer, un hombre mentalmente inestable, de matar a Richard Nixon y herir, en contrapartida, a George Wallace, candidato presidencial demócrata.

Robert De Niro como Travis Bickle, protagonista de la cinta

HITCHCOCK Y OTRAS REFERENCIAS NECESARIAS

Si hay algo que caracteriza a “Taxi Driver” es la forma en la que logró nutrirse del cine de autor europeo, el Western y el género clásico para dar con una pieza única en su estilo. La pasión cinéfila compartida entre Scorsese y Schrader fue sin dudas la clave para que la fusión final se lograra exitosamente.

La influencia más profunda a nivel narrativo proviene de “The Searchers” (1956) de John Ford. Travis Bickle es una reencarnación urbana de Ethan Edwards (John Wayne): un veterano alienado que busca “rescatar” a una mujer joven de un entorno que percibe como corrupto y hostil. Al igual que el protagonista de Ford, Travis desprecia a quienes lo rodean y se ve a sí mismo como el único purificador posible en una ciudad condenada.

Pero para capturar la soledad patológica de Travis, Scorsese se apoyó en la austeridad de Robert Bresson. El uso de la voz en off y el acto de escribir en un diario personal provienen directamente de “Diary of a Country Priest” (1951) y “Pickpocket” (1959), en una técnica que permite al espectador entrar en la mente del personaje, muy presente también en la literatura de Fiodor Dostoievski.

Pasando al plano visual y la forma en que el director logra plasmar la ruina de una ciudad violenta y al punto del colapso, Alfred Hitchcock entra a escena. Scorsese citó a “The Wrong Man” (1956) como la mayor influencia en los movimientos de cámara, buscando transmitir un estado de paranoia y culpa constante. Siguiendo esta línea, la escena del espejo, aunque improvisada por Robert De Niro, remite a gestos de Marlon Brando en “Reflections in a Golden Eye” (1967), consolidando a Travis como uno de los personajes perdurables del séptimo arte.

Con todo, la cinta no sólo se convirtió en un éxito dentro del mundo del cine, sino que a nivel comercial implicó una ganancia impresionante, recaudando más de 28 millones de dólares en Estados Unidos con un presupuesto de apenas unos 1.9 millones.

Si bien no pudo llevarse el premio Oscar al que estuvo nominada, la película consolidó la carrera de De Niro y de Foster, y ganó la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cannes.

 

Taxi Driver

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