Israel avisa que el conflicto será prolongado

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El gobierno y las Fuerzas Armadas de Israel advirtieron que se avecinan “varias semanas de combates” tanto contra Irán como contra el grupo libanés Hezbolá, en una guerra que ya supera las tres semanas y no muestra señales de desescalada.

El portavoz militar israelí confirmó que la ofensiva continuará con intensidad, mientras el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, subrayó que las operaciones contra Hezbolá recién comienzan y tendrán un carácter “a largo plazo”. En ese marco, Israel planea intensificar tanto los ataques aéreos como las incursiones terrestres en el sur del Líbano.

Desde marzo, cuando Hezbolá inició el lanzamiento de cohetes hacia territorio israelí, la respuesta ha sido una campaña sostenida de bombardeos y avances militares que ya dejaron miles de muertos y más de un millón de desplazados. En las últimas horas, Israel atacó un puente clave en la costa libanesa y amplió sus objetivos a infraestructuras que considera utilizadas por el grupo armado. También ordenó acelerar la destrucción de viviendas en zonas fronterizas, lo que incrementa la tensión y el impacto humanitario.

TEMEN UNA INVASIÓN TERRESTRE

Las autoridades libanesas condenaron los ataques y advirtieron que podrían anticipar una invasión terrestre. En paralelo, continúan los enfrentamientos directos en la frontera, con víctimas en ambos lados y episodios bajo investigación, como un reciente incidente que podría haber sido fuego amigo.

El conflicto también se extiende al frente con Irán. Israel aseguró estar atacando objetivos “en el corazón de Teherán”, mientras que misiles iraníes impactaron en el sur israelí, dejando decenas de heridos y escenas de pánico. La ciudad de Dimona, donde se ubica un centro nuclear estratégico, fue uno de los blancos alcanzados.

En este escenario, la Organización Mundial de la Salud alertó que los recientes ataques, incluidos los dirigidos a instalaciones sensibles, colocan al conflicto en una “fase peligrosa”. A esto se suma el cruce de amenazas entre Washington y Teherán por el estrecho de Ormuz, un factor que eleva aún más la tensión regional y global.

Sin perspectivas de una salida diplomática inmediata, el enfrentamiento amenaza con prolongarse y profundizar sus consecuencias tanto en el plano militar como en el humanitario y económico.

 

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