Otro salvataje que llegó del Norte para el Gobierno, en medio de los escándalos

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Germán López

Una vez más, el salvataje llegó del Norte. En octubre, en medio del naufragio, Donald Trump anunció una ayuda económica desusada para sacar a la Argentina y a su amigo Javier Mieli del pantano en el que se encontraba tras la dura derrota electoral de septiembre.

El viernes, cuando nadie lo esperaba, la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de EE.UU. revocó el fallo que había condenado al país a pagar más de US$16.100 millones por la expropiación de YPF, en 2012. Una espada de Damocles que representa casi dos puntos y medio del PBI.

El providencial anuncio sirvió para aliviar un poco la presión que soporta el gobierno en medio de los escándalos que exponen su fragilidad y lo colocan a la defensiva. Una bocanada de aire que el propio Milei buscó capitalizar con un mensaje por cadena nacional y que también funcionó como contrapeso frente a los intentos de atribución de méritos por parte de Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

Sin embargo, como en política nadie regala nada el Presidente omitió mencionar el papel de Bernardo Saravia Frías, exprocurador del Tesoro durante el gobierno de Cambiemos, señalado como el principal arquitecto de la estrategia jurídica que posibilitó ese “triunfo histórico”.

El caso $LIBRA y las inconsistencias en las explicaciones de Manuel Adorni sobre sus viajes privados y su situación patrimonial dominaron la semana y acorralaron al funcionario nacional más importante después del presidente. A la luz de esta emergencia, el objetivo de la designación de Juan Bautista Mahiques -un abogado proveniente del establishment judicial- al frente del Ministerio de Justicia hoy parece más claro: cubrirle las espaldas a un Gobierno acosado en varios frentes de una disputa que, por ahora, viene perdiendo.

La estrategiaen el caso de la criptomoneda apuntaría a cuestionar la validez de los peritajes que exhiben comunicaciones entre los hermanos Milei y el lobista Mauricio Novelli. El argumento sería la supuesta ruptura de la cadena de custodia y la posibilidad de que los archivos hayan sido adulterados.

Rodeado de ministros

La sobreactuada presencia de funcionarios durante la conferencia de prensa del jefe de Gabinete el miércoles aparece como otro síntoma del nivel de preocupación oficial. Cinco ministros -Luis “Toto” Caputo, Federico Sturzenegger, Alejandra Monteoliva, Mario Lugones y Pablo Quirno- participaron para respaldar a Adorni. No es un dato menor.

Estas escenas se despliegan mientras llueven misiles en Medio Oriente y los mercados -junto con el petróleo- parecen subidos a una montaña rusa. Si bien el FMI afirmó que la Argentina se encuentra en una “posición cómoda” para resistir los efectos del conflicto, los datos de la economía se muestran adversos para el ciudadano común.

Todo esto contribuye al deterioro de la aprobación social del Gobierno, con niveles de rechazo que alcanzan el 61%, según una encuesta de AtlasIntel/Bloomberg News, publicada el 26 de marzo de 2026.

El desafío opositor

A pesar de esta debilidad, el oficialismo cuenta con una ventaja: hoy la oposición no parece en condiciones de capitalizar el mal momento que atraviesa. Más allá de un consenso extendido en torno a la necesidad de sostener el equilibrio fiscal -un acuerdo que algunos comparan con el que hace más de 40 años consolidó la estabilidad institucional-, aún no logra articular una propuesta superadora capaz de entusiasmar al electorado.

Ahí radica el principal desafío opositor, que no es solo electoral sino también conceptual: cómo construir una alternativa que discuta instrumentos, estilos y prioridades sin cuestionar el nuevo consenso fiscal.

Algo de eso parece vislumbrar Mauricio Macri, quien la semana pasada en Parque Norte -en lo que se interpretó como un posicionamiento de cara a las presidenciales de 2027- afirmó: “Lo que está en juego no es una elección, sino si el cambio tiene raíces suficientemente profundas para perdurar”. “Somos el próximo paso”, aventuró.

El expresidente sugiere que, una vez desaparecido el monopolio del “buen comportamiento fiscal”, una porción significativa del electorado podría recuperar la “libertad” de votar sin temor al regreso del populismo.

El “voto pánico”, que resultó clave en las presidenciales de 2023 para el triunfo de Javier Milei en el balotaje y en la recuperación oficialista en las legislativas tras el traspié de septiembre, mantuvo cautiva la voluntad de millones de votantes y fue un activo central del oficialismo. Si ese temor se diluye, las terceras vías podrían volver a disputar ese electorado.

Al mismo tiempo, el llamado “riesgo kuka” parece retroceder. El paso de Cristina Fernández por los tribunales en los últimos días funcionó como una señal de pérdida de centralidad política e influencia: el posible fin de un ciclo. En paralelo, sectores del peronismo comienzan a ensayar liderazgos alternativos.

Economía y política

Tras del envión oficialista posterior a las elecciones de octubre y con logros legislativos relevantes -como la aprobación del Presupuesto y la reforma laboral-, se abre una nueva etapa. Una en la que los libertarios ya no corren solos: la reactivación económica se demora, el consumo sigue deprimido, el cierre de empresas se multiplica y la caída del empleo amplifica la incertidumbre social.

En ese contexto, empieza a abrirse una ventana para nuevas construcciones políticas. La clave será si logran articular una propuesta capaz de garantizar la continuidad del orden macroeconómico sin resignar una mejora tangible en la vida cotidiana.

Porque, en definitiva, la estabilidad ya no alcanza por sí sola: el desafío pasa por transformarla en crecimiento. Y es en esa transición donde el nuevo escenario político empieza a definirse.

 

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