La vida escolar pide que se le ponga punto final a la violencia

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En los últimos días el universo educativo se vio conmovido por una ola de inaudita violencia en los colegios secundarios de nuestra ciudad. La situación hizo revivir lo que ocurrió en junio de 2018, cuando una seguidilla de amenazas de bombas en escuelas platenses causó desazón y alarma en toda la población.

El fenómeno se vio potenciado desde las redes sociales aunque también se reflejó en leyendas agresivas inscriptas en paredes de los establecimientos escolares de La Plata y otros distritos, así como por la aparición de algunos alumnos que portaban armas reales o copias de ellas. Asimismo en las redes sociales circularon fotos con estudiantes armados con escopetas.

Este diario publicó un detallado informe sobre estos episodios y acerca de las colegios en los que se registraron. Lo cierto es que las amenazas de tiroteos, los mensajes desafiantes en las redes sociales y situaciones vinculadas a la portación de armas lograron instalar un clima intimidante en establecimientos de La Plata y de distritos vecinos.

En los últimos días se multiplicaron esos episodios que nada tienen que ver con ámbitos educativos, llegándose a sumar medio centenar de denuncias sobre casos similares en un panorama que activó la intervención policial y judicial.

Desde luego que muchos padres se acercaron a los colegios para anoticiarse sobre lo que ocurría y recibir explicaciones de las autoridades, en un contexto en el que apareció con fuerza el miedo como sentimiento dominante. “Uno los deja en la escuela y cree que están seguros, pero evidentemente tampoco”, expresó una madre.

En algunos establecimientos se informó que se habían realizado charlas sobre este problema y que se implementaron medidas preventivas como la revisión de mochilas, mayor supervisión en sectores específicos y la eventual restricción del ingreso con determinados elementos.

Asimismo, circuló una información acerca de que la violencia escolar habría pasado a ser una suerte de crisis a nivel continental, ya que en las últimas semanas se registraron hechos similares a los aquí descriptos en México y en Chile. Aún cuando allí se habrían tratado de dos graves ataques armados de alumnos a docentes, es decir de hechos individuales.

En lo concerniente a nuestro país y especialmente a nuestra zona, no deberían pasarse por alto muchos antecedentes registrados en los últimos tiempos. Se habla de agresiones salvajes de alumnos a docentes, a veces secundados por sus padres; peleas entre alumnos, algunos de los cuales debieron ser internados en hospitales; colocación y estallido de bombas que obligaron a suspender clases en un colegio; combates callejeros entre alumnos de distintas escuelas y en las últimas jornadas peleas programadas entre estudiantes de una escuela de La Plata.

Existen sobrados antecedentes sobre la violencia que ahora se ve potenciada por las redes sociales. Debiera sobreentenderse que se trata de un fenómeno incompatible con los ámbitos educativos y que estas situaciones superan toda posible tolerancia. Es de esperar, entonces, que las autoridades ofrezcan precisiones públicas acerca de las medidas que, se supone, van a impulsar para ponerle punto final a estos escándalos.

 

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