La diversificación de la oferta exportable todavía es una materia que no se aprobó

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El ICA también permite observar otro fenómeno relevante: la heterogeneidad en la dinámica exportadora. Mientras algunos rubros logran expandirse con fuerza, otros permanecen estancados o incluso en retroceso. Esta dispersión refleja no solo diferencias sectoriales, sino también un problema más profundo vinculado a la falta de densidad productiva y de encadenamientos que permitan diversificar la oferta exportable. Dentro de los rubros más relevantes, además del agro y el petróleo, en el primer trimestre crecen con fuerza pescados y mariscos (44% interanual en cantidades), metales comunes y sus manufacturas (36%), productos lácteos (28%) y carnes (10%) mientras que caen máquinas y aparatos (-18%), material de transporte terrestre (-9%), frutas frescas (-9%), piedras y metales preciosos (-3%).

En términos macroeconómicos, el crecimiento de las exportaciones es una condición necesaria pero no suficiente para estabilizar el frente externo. Si bien contribuye a mejorar el saldo comercial, su impacto sobre la acumulación de reservas y la sostenibilidad del programa económico depende de factores adicionales, como la dinámica de importaciones, los pagos de deuda y la cuenta financiera.

En síntesis, los datos del ICA muestran una mejora en el desempeño exportador, pero también dejan en evidencia sus límites. El crecimiento se apoya en sectores específicos y escasa diversificación. En este contexto, el desafío no es solo exportar más, sino exportar mejor: con mayor valor agregado, mayor complejidad y menor dependencia de un puñado de sectores. Sin ese salto cualitativo, el sector externo seguirá siendo una fuente de alivio coyuntural, pero no una solución estructural para la economía argentina.

 

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