Una crisis silenciosa del descanso
Edición Impresa | 26 de Abril de 2026 | 05:18
El sueño es, probablemente, uno de los indicadores más sensibles del estado de una sociedad. Y todo sugiere que ese indicador está en deterioro. Se duerme menos, peor y de forma más fragmentada. Se recurre a sustancias para inducir el descanso sin advertir que, muchas veces, lo degradan. Se naturaliza el cansancio como parte de la vida cotidiana.
La evidencia es contundente: no alcanza con dormir, es necesario dormir bien. Y eso implica respetar la arquitectura del sueño, comprender sus fases y reconocer que cualquier intervención —química, emocional o conductual— puede alterar un sistema que funciona como un equilibrio fino.
En este contexto, el desafío no es sólo médico, sino también cultural. Recuperar el valor del sueño como prioridad supone revisar hábitos, consumos y ritmos sociales. Porque, en definitiva, lo que está en juego no es únicamente el descanso nocturno, sino la salud integral de una sociedad que cada vez permanece más tiempo despierta… pero profundamente agotada.
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