Adolfo Aristarain: una voz personal e imprescindible
Edición Impresa | 27 de Abril de 2026 | 04:46
A los 82 años, sin películas nuevas desde 2004 (aunque él estaba lejos de pensarse retirado), murió Adolfo Aristarain, un cineasta que solo supo hacer buenas películas: buenas por únicas en el cine nacional, películas que caminaron entre el policial y el drama y mostraron otra manera de filmar en el país. Buenas por personales, por convencidas: películas donde la dignidad estaba sobre todo. Y buenas porque Aristarain siempre tuvo en su cine un gran pulso narrativo. Tan es así que ni siquiera aquellos primeros ejercicios en el cine industrial, “La playa del amor” y “La discoteca del amor”, comedias musicales juguetonas y algo banales producidas en plena dictadura, son considerados hoy clásicos de un cine menor.
Aquellas fueron dos películas que realizó después de su ópera prima, “La parte del león”, que está en el panteón del cine nacional: hasta entonces Aristarain, nacido el 19 de octubre de 1943, había ido aprendiendo el oficio como montajista, sonidista y ayudante de producción, entre Buenos Aires y Río de Janeiro. Incluso trabajó en “Érase una vez en el Oeste”, clásico del spaghetti western de Sergio Leone.
Con experiencia, se lanzó a la dirección gracias a los fondos que consiguió de tres abogados “Carlos Andrada, Héctor Noli y Jorge Cuomo), que se complementaron con un préstamo del Instituto de Cinematografía, para conseguir un presupuesto de 80 mil dólares para filmar “La parte del león”: el costo estándar de un filme en el país era de unos 200 mil.
Aristarain navegó ese presupuesto magro y las restricciones de la dictadura para filmar igual un poderoso policial negro, primero de un trípico que cuesta creer que se haya producido en dictadura. La segunda “Tiempo de revancha”, estrenada en 1981, funciona como la historia de un hombre que se enfrenta a una empresa, pero algunos leyeron allí una alegoría sobre los presos políticos y los desaparecidos durante esa etapa de la historia argentina. En la última encuesta de cine nacional, fue elegida como la tercera mejor película nacional de la historia. Un año más tarde estrenó otro policial, “Últimos días de la víctima”.
Un tríptico contra el capitalismo que acompañaba un cambio de época: en ese entonces, contó en una entrevista Aristarain, “mis películas tenían un objetivo claro, que era muy visible en ‘La parte del león’ o en ‘Tiempo de revancha’: atacar al capitalismo, que es un sistema que considero salvaje. Hoy pienso lo mismo, este sistema nos destruye sin la más mínima piedad y hay que cambiarlo, no queda otra”.
“En ‘La parte del león’, que filmé durante la dictadura militar”, agregaba, “un tipo se arruina la vida y arruina a todo lo que lo rodea en su afán por tener plata y otro nivel de vida. Eso supongo que hará reflexionar a todo espectador más o menos inteligente”.
El ritmo vertiginoso de sus inicios (cinco películas en cinco años) se frenaría luego, mientras Aristarain desarrollaba una carrera a nivel internacional: en 1987 dirigió en inglés a Federico Luppi y Ricardo Darín en al inédita “The Stranger”, y sus siguientes producciones transcurrirían siempre entre Argentina y España: “Un lugar en el mundo” (1992) ganó el Goya y “Martín (Hache)” (1997) fue nominada.
Su última película, “Roma”, de 2004, tenía un aroma autobiográfico, la historia de un autor que pasa su juventud en una Argentina convulsionada y termina mudándose a España, donde desarrolla una carrera exitosa pero sintiendo un enorme vacío.
LOS ADIOSES
Desde, entonces, no volvió a dirigir: “A partir de 2010 paré y más tarde desarrollé la idea de hacer una historia de Ástor Piazzolla. Pero en 2019 me operaron del corazón y recién hace un mes terminé la recuperación. Me operaron durante 11 horas. Yo pedí los videos porque quería saber qué había pasado durante todo ese tiempo, pero no me los quisieron mostrar. Cuando tenía que arrancar con la recuperación empezó la pandemia. Todo esto me demoró bastante. Ya había pedido los derechos del libro que escribió la hija de Piazzolla, Diana. Negocié con los hijos de Diana, que son un encanto. Fui sondeando dónde conseguir el dinero, lo que no calculé era que la película era demasiado cara”, explicó el propio cineasta.
Será otra de las grandes no películas del cine nacional, un mito como el propio cineasta, que ayer despidieron cientos de personajes del mundo del cine desde las redes.
Entre esos adioses que le dedicaron Dolores Fonzi, Ana María Picchio, Ingrid Pelicori y otros, estuvo el sentido texto que publicó Axel Kuschevatzky: “¿Por dónde empezar a medir la influencia de Adolfo Aristarain en nuestras vidas? Como espectadores, primero; y, en algunos casos, como personas que decidimos dedicarnos al cine. No hay una forma real de dimensionar su trascendencia e impacto. Durante un tiempo, fue el único que se animó a hacer un cine que nadie más hacía. En un puñado de películas nos mostró que existía otra manera de filmar en nuestro país”.
La Academia de Cine, en tanto, lo despidió así: “Devoto de John Ford y de Alfred Hitchcock, Aristarain ha contado historias vitalistas, evocadoras, sensibles, brillantes con la cara de Federico Luppi, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Roth, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro, por citar algunos de los actores y actrices por los que siente adoración y a los que dedica especial atención porque, advierte, sin ellos hubiese sido imposible hacer películas”.
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