Menos recursos para las provincias y el escándalo por el caso Adorni le pasan factura al Gobierno
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 02:48
Germán López
El consenso alcanzado con los gobernadores llamados dialoguistas empieza a crujir por estas horas a la luz de los números que arrojan la recaudación tributaria y la coparticipación federal. Según datos de la Comisión de Coparticipación del Senado, en febrero las provincias recibieron $5.324.703 millones, con una caída mensual del 6,9% y una baja real interanual del 7,5%.
El informe señala que, en perspectiva histórica, el nivel real de transferencias de febrero de 2026 se ubica por debajo de la mayoría de los registros desde 2019, con la única excepción de 2024.
Los datos de marzo no ofrecen alivio. La recaudación tributaria nacional alcanzó los $16,017 billones, con un incremento nominal interanual del 26,2% que, al descontar la inflación, se traduce en una caída real de entre el 4% y el 4,5%.
En ese contexto, durante el primer bimestre de 2026 las provincias habrían perdido cerca de $1 billón en fondos coparticipables. Se trata, además, del octavo mes consecutivo de retroceso en términos reales, en línea con el enfriamiento de la actividad económica y el consumo.
Más allá de la baja de la pobreza -de 31,6% a 28,2% en el segundo semestre de 2025- y de los esfuerzos del ministro de Economía, Luis Caputo, por sostener un relato de recuperación, la dinámica de la coparticipación refleja con crudeza las dificultades fiscales que enfrentan las provincias. Y confirma el estancamiento del consumo y de la actividad.
ADELANTOS DE FONDOS
Advertido de esa presión, el Poder Ejecutivo firmó en los últimos días decretos para adelantar fondos a al menos 12 jurisdicciones con el objetivo de cubrir urgencias financieras. Pero el margen político se estrecha: los gobernadores recortan gastos en áreas sensibles -obra pública, programas educativos- y buscan alternativas de financiamiento en un contexto cada vez más restrictivo.
A ese cuadro se suma la incertidumbre internacional. La escalada del conflicto en Medio Oriente, más prolongada de lo previsto, introduce un factor de inestabilidad que golpea con mayor fuerza a economías frágiles como la argentina. Todo confluye para tensionar un esquema que depende de variables difíciles de controlar.
En medio de este complejo escenario, no alcanza con la acumulación de reservas ni con un tipo de cambio contenido por la liquidación de exportaciones agropecuarias y energéticas. El riesgo país se mantiene elevado y lejos de los 400 puntos necesarios para reabrir el acceso al crédito internacional.
La consecuencia es directa: sin financiamiento externo, la acumulación de reservas pierde capacidad de blindaje frente a shocks externos y queda condicionada por las necesidades de pago de deuda. Un flanco que el Gobierno todavía no logra cerrar.
SIN ALIVIO EN EL FRENTE POLÍTICO
El frente político tampoco ofrece alivio. Los escándalos que involucran al oficialismo suman ruido en un momento delicado. El caso de Manuel Adorni se convirtió en un problema persistente: lejos de disiparse, las dudas sobre su situación se acumulan y erosionan su figura.
Durante la última semana circularon con fuerza versiones sobre una posible salida, impulsadas más por el desgaste del funcionario que por señales concretas desde la Casa Rosada. Sin embargo, el presidente Javier Milei volvió a respaldarlo públicamente, despejando -al menos por ahora- la posibilidad de un relevo.
La decisión tiene costos. Al sostenerlo, Milei lo convierte en un blanco permanente de la oposición y expone al Gobierno a una defensa constante que consume capital político y tiempo de gestión.
En ese marco, la próxima presentación del jefe de Gabinete en el Congreso –el 29 de abril- aparece como una prueba exigente. La oposición prepara miles de preguntas y no descarta avanzar con una moción de censura, una herramienta constitucional que, de prosperar, podría forzar su remoción.
El antecedente de crisis políticas recientes muestra que, en contextos de debilidad, los fusibles institucionales suelen activarse más temprano que tarde. La incógnita es si esta vez el Gobierno logrará sostener su esquema o si las tensiones acumuladas terminarán por imponer un cambio.
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