La costumbre “tachera” de bautizar las paradas

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En el mundo de los taxistas existen códigos silenciosos, rituales y tradiciones que pasan de generación en generación. Una de las más extendidas en Argentina es la de nombrar informalmente las paradas con el apellido o el apodo de un compañero querido que murió. Aunque no figure en carteles oficiales, muchos choferes identifican determinados puntos de trabajo con esos nombres. Así, algunas paradas terminan convertidas en homenajes permanentes.

La tradición tiene un fuerte componente afectivo. Generalmente surge cuando un conductor histórico pasó años trabajando en un mismo lugar o dejó una huella importante entre sus colegas. Entonces el grupo empieza a nombrar la parada en su memoria y el apodo queda incorporado a la rutina diaria.

En La Plata hay varios ejemplos. Taxistas mencionan, por caso, la parada de 8 y 50, conocida por el nombre de un joven chofer fallecido durante la pandemia. La del Hospital Español rompió parcialmente esa lógica: no lleva el nombre de un trabajador, sino el de un perro.

“Nachito era uno más de nosotros”, explican los choferes. Con el tiempo, las fotos pegadas en la parada también sumaron otra dimensión: la superstición. Muchos taxistas las tocan antes de arrancar el turno para atraer trabajo y viajes largos. “Es una cábala”, dicen. Aunque nadie pueda demostrarlo, varios juran que desde que Nachito está ahí, la suerte acompaña un poco más.

 

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