Elogio de la tristeza

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Darío González

Roberto Themis Speroni pide en uno de sus poemas más hermosos “Hazme acordar mañana de estar triste /de olvidarme del ruido de mis ojos, del uso de las manos /de las hojas que utilizo en abril”. “Tristeza Não Tem Fim, felicidade sim” canta Antonio Jobim casi con resignación, aceptando que ella va a estar siempre rondando nuestro ánimo.

Nuestro genial Borges, en su libro “El otro, El mismo”, con su poema “1964” una vez mas revela el milagro de la palabra : “(…) Solo me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina. Al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.”

Manuel Mandeb pensaba que “Si en el corso todos se disfrazan de personas alegres para disimular su tristeza, es posible que al disfrazarnos de personajes tristes, podamos disfrutar la alegría”, en base a este razonamiento creó el Corso triste de la calle Caracas, donde los muchachos del barrio concurrían con disfraces que expresaban tristeza y dolor, creyendo que de esa manera, bajo sus mascaras dolientes, encontrarían la alegría.

El filosofo japonés Rudencindo Krilchuhk en su libro “Agachense que vienen los tristes” ataca duramente la tristeza y sus consecuencias: “Tenemos que asumir y difundir que la tristeza es uno los males más perjudiciales de la sociedad.

 

El hombre y/o la mujer triste, no produce: la melancolía es muy contagiosa

 

El hombre y/o la mujer triste, no produce ni consume y dado que la melancolía es muy contagiosa, ponen en riesgo la estructura económica del imperio”: afirma este importante filosofo al cual las penurias económicas lo han llevado a tener que dedicarse a la cría de lombrices para subsistir .

“Resulta imprescindible erradicar la tristeza de nuestro pueblo, incluso, se debería analizar la posibilidad de recluir a estos enfermos lejos de la civilización, en campos de curación en los cuales sean adoctrinados con los beneficios de la risa y la alegría”: culmina su alegato de la pagina sesenta y nueve, con la aspereza y el pragmatismo típico de los creadores de las tintorerías.

El gato Luciano descree absolutamente de estas expresiones y desde su mesa del bar “El submarino” arremete contra el pensamiento del nipón, aclarando que no lo hace porque el ponja de la tintorería le quemo la solapa de un saco, sino, que en su larga experiencia ha comprobado que la tristeza no tiene nada de malo muy por el contrario. “Si no existiera la tristeza no se podría disfrutar de la alegría” advierte, con una sencillez de argumentos demoledores.

“La tristeza ha inspirado páginas brillantes de la literatura universal, pues, cuando su manto nos cubre y nos dejamos acariciar por ella, nuestro espíritu se eleva en la búsqueda de la belleza, a ver si el Dante escribió La divina comedia, entre carcajadas, o La Guerra y La paz fue concebida con el eco de las risas de Tolstoy, ¿se puede decir que ‘El amor en los tiempos del cólera’ fue escrito por García Márquez reprimiendo la hilaridad que le producía el texto?”, culmina su esclarecedor argumento el gato Luciano.

Se ha dicho erróneamente, que los argentinos somos melancólicos y nostálgicos, esta calificación cae bien a quienes estamos cerca de la gran capital y el puerto, sabido es que el tango, la música que nos identifica, en sus letras expresa fundamentalmente la tristeza del inmigrante que ha dejado su patria y se ve ahora entre las cuatro paredes de una pieza de conventillo, lejos de los afectos y los lugares queridos , ante otros paisajes y otras costumbres muy distintas a las suyas.

“Garúa, tristeza, hasta el cielo se ha puesto a llorar” expresa una de las letras de tango más conocida y más cantada, que bien podríamos tomar como ejemplo si agregamos de Pascual Contursi “Mi noche triste”. “Cuando voy a mi cotorro y lo veo desarreglao, Solo triste abandonao, me dan ganas de llorar”.

Alguna vez escuche que la música imita el paisaje del cual proviene, ¿será por eso que en Corrientes y Entre Ríos especialmente, los acordes llaman mas a la alegría que a la tristeza?

 

Seamos auténticos y respetuosos de los sentimientos, no disimulemos la tristeza

 

El Quijote plantea con cierto extremismo “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias”.

Cierta vez escuché al maestro Alejandro Dolina , decir que , si el destino nos ha deparado esta condición de melancolía y tristeza , debemos asumirla con altura , después de todo son nuestras , y no copiar la alegría pajarona de quien no la siente verdaderamente.

Seamos auténtico y respetuosos de nuestros sentimientos, no disimulemos la tristeza y si amanece la sonrisa en nuestros labios, compartámosla, pero sabiendo que va a durar poco , por lo tanto habrá que disfrutarla .

El poema de Speroni que cito al principio culmina con estos versos “Recuérdame estar triste mañana , no sabemos aun el verdadero valor de la tristeza, si mañana me ve caminando por Palo Blanco, o en una mesa del bar El submarino paladear un gancia junto a mi amigo Tito Murdolo , mientras en la radio suena Julio Sosa cantando”.

“ Yira yira”, y su intención es agradarme, ya sabe que tiene que hacer, muchas gracias .

 

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