El órgano que más envejece: cuando el músculo se va en silencio
Edición Impresa | 10 de Mayo de 2026 | 07:21
Hay una enfermedad que avanza despacio, sin dolor ni síntomas llamativos, y que sin embargo está detrás de muchas de las tragedias que asociamos a la vejez: la caída que termina en fractura de cadera, la dificultad para levantarse de una silla, la pérdida de autonomía que obliga a dejar de vivir solo. Se llama sarcopenia, y es la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que ocurre con el envejecimiento. No es un tema de estética ni de rendimiento atlético. Es, según la evidencia científica actual, uno de los principales determinantes de si una persona va a envejecer bien o mal.
La pérdida de masa y fuerza muscular comienza alrededor de los 30 años, pero se acentúa de manera significativa a partir de los 65 o 70. La fuerza muscular alcanza su punto máximo entre los 20 y 30 años y se mantiene relativamente estable hasta los 45 o 50 años en los hombres. A partir de ese punto comienza una disminución gradual de entre un 12 y 15 por ciento por década, que se acelera después de los 70 u 80. En términos simples: el cuerpo que no se ejercita pierde músculo, y esa pérdida tiene consecuencias que van mucho más allá de sentirse “sin fuerzas”.
UN PROBLEMA INVISIBLE EN LOS CONSULTORIOS
La prevalencia de sarcopenia en personas mayores de 60 años va del 5 al 13 por ciento según los criterios utilizados, mientras que en los mayores de 80 años los rangos trepan al 11 al 50 por ciento. Pero el problema no es solo la frecuencia: es el subdiagnóstico. En Argentina, investigadores del Hospital de Clínicas José de San Martín (UBA) señalaron en un estudio de 2024 publicado en Medicina Buenos Aires que para llegar al diagnóstico de sarcopenia es necesario contar con herramientas como densitómetro y dinamómetro, lo que complejiza su detección en la consulta habitual. El mismo trabajo propuso que pruebas simples de rendimiento físico —como la velocidad al caminar o la capacidad de levantarse de una silla— podrían identificar a pacientes en riesgo sin necesidad de equipamiento costoso.
Se correlaciona con la disminución funcional, la discapacidad y el incremento de caídas
Un estudio multicéntrico realizado en adultos mayores del área metropolitana de Buenos Aires, con 82 personas de más de 65 años evaluadas mediante bioimpedanciometría y dinamometría, encontró una prevalencia significativa del síndrome en la muestra. Los investigadores cruzaron los datos con indicadores de nutrición, estado cognitivo y depresión, confirmando que la sarcopenia no existe en soledad: se acumula con otras condiciones y las agrava.
EL MÚSCULO Y EL HUESO SE CAEN JUNTOS
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación local es el vínculo entre sarcopenia y fracturas. Un estudio argentino publicado en la revista Medicina Buenos Aires evaluó 250 mujeres postmenopáusicas ambulatorias mayores de 60 años y encontró que las mujeres con sarcopenia presentaron significativamente mayor frecuencia de caídas, osteoporosis y fracturas vertebrales, con un riesgo de fracturas por fragilidad incrementado seis veces respecto de quienes no la padecían. El dato es contundente y tiene implicancias directas para la salud pública: una fractura de cadera en una persona mayor no es solo una lesión ortopédica. Es, con frecuencia, el inicio de un proceso de declive que puede terminar en pérdida definitiva de independencia.
La sarcopenia se correlaciona con la disminución funcional, la discapacidad y el incremento de caídas, y su diagnóstico precoz es clave para aumentar las posibilidades de prevenir, demorar, tratar y eventualmente revertir el cuadro.
QUÉ SE PUEDE HACER
La buena noticia es que la sarcopenia no es inevitable ni irreversible. La ciencia es unánime en dos intervenciones: ejercicio de fuerza y proteína suficiente en la dieta. En adultos mayores se recomienda una ingesta diaria de entre 1,2 y 2,0 gramos de proteína por kilogramo de peso, dependiendo del nivel de actividad física y el estado general de salud. Esto es considerablemente más de lo que consume la mayoría de las personas mayores en Argentina, donde la dieta tiende a empobrecerse en proteínas a medida que avanza la edad —por motivos económicos, de masticación, de apetito o de hábito.
El músculo, a diferencia de lo que se cree, responde al estímulo incluso en personas de 80 años
En cuanto al ejercicio, la evidencia acumulada señala que el entrenamiento de resistencia muscular —pesas, bandas elásticas, ejercicios con el propio peso corporal— es la intervención más eficaz para frenar y revertir la pérdida de masa muscular a cualquier edad. Los hábitos sedentarios y el balance proteico negativo son dos de los principales desencadenantes de la sarcopenia, y ambos son modificables. nih
No es necesario convertirse en atleta. Basta con caminar con regularidad, incorporar ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana y prestar atención a lo que se come. El músculo, a diferencia de lo que se cree, responde al estímulo incluso en personas de 80 años. Lo que no se puede hacer es esperar a que el problema sea visible para empezar a tratarlo.
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