Lo que dejó la Feria del Libro: exposiciones, talleres y mucha literatura
Edición Impresa | 10 de Mayo de 2026 | 07:31
A horas de bajar el telón de una edición histórica, la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires deja una imagen difícil de discutir: pasillos colmados, salas completas y miles de lectores recorriendo durante semanas los pabellones de La Rural en busca de libros, firmas, charlas y experiencias culturales. En un contexto económico complejo para el sector editorial, la feria volvió a demostrar que el vínculo entre los argentinos y la lectura mantiene una vitalidad singular.
Desde su apertura, el pasado 23 de abril, la muestra apostó a celebrar sus cinco décadas con una programación ambiciosa. La presencia de figuras internacionales, recitales, debates, exposiciones y talleres convirtió al predio ferial en un espacio atravesado por múltiples lenguajes artísticos, mucho más allá de la venta de libros.
Uno de los hitos de esta edición aniversario fue la inédita apertura sin discurso formal. En cambio, la organización eligió un debate entre tres de las escritoras más destacadas de la narrativa argentina contemporánea: Leila Guerriero, Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara, moderadas por María O’Donnell. El gesto marcó el tono de una feria atravesada por el intercambio de ideas y la diversidad de voces.
También hubo una fuerte apuesta internacional. La visita de los premios Nobel Mo Yan y J. M. Coetzee se convirtió en uno de los grandes atractivos para lectores y especialistas. A ellos se sumaron autores como Leonardo Padura, Kiran Desai, Pilar Quintana y Héctor Abad Faciolince, entre muchos otros representantes de más de veinte países.
El país invitado de honor fue Perú, que desembarcó con una propuesta cultural amplia bajo el lema “Caminos que nos unen”. Su espacio incluyó exposiciones, actividades para niños, encuentros literarios y una muestra dedicada a las vanguardias artísticas de Puno, Arequipa y Cusco entre las décadas de 1920 y 1940.
Pero si algo caracterizó a esta edición fue su capacidad para convocar públicos diversos. Familias enteras participaron de talleres de arte, postas lúdicas, actividades de robótica y experiencias interactivas. La Zona Explora reunió propuestas vinculadas a ciencia, programación y creatividad digital, mientras que la Zona Infantil volvió a ser uno de los espacios más concurridos por chicos y adolescentes.
La programación organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación también tuvo protagonismo. En el escenario de la Nave Central se desarrolló el Día de la Secretaría de Cultura, con espectáculos que combinaron literatura, música y teatro. Hubo homenajes a María Elena Walsh, musicales históricos sobre Juan Bautista Alberdi y una emotiva presentación de Borges, el eco infinito, protagonizada por Leonor Benedetto, en homenaje a los 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges.
La música también encontró su lugar. La nueva carpa para recitales reunió desde bandas tributo hasta artistas emergentes y propuestas ligadas al tango y al rock nacional. Uno de los momentos más convocantes fue el recital de Fito Páez, además de las presentaciones de figuras como Richard Coleman y las Kumbia Queers.
En paralelo, la feria volvió a mostrar su costado más federal. El programa Libro% de CONABIP permitió que bibliotecas populares de todo el país adquirieran material con descuentos especiales, en una iniciativa que este año prevé beneficiar a casi 900 instituciones. A eso se sumó la presencia de autores y editoriales independientes de distintas provincias.
Entre ellas, tuvo especial visibilidad la producción cultural de La Plata. Escritores, artistas y editoriales platenses participaron de presentaciones y actividades, llevando al principal evento literario del país una escena local que se caracteriza por su diversidad y dinamismo.
La postal más repetida durante estos días fue la de lectores cargando bolsas repletas de libros, haciendo filas para escuchar autores o esperando una firma. En tiempos dominados por las pantallas y la inmediatez digital, la Feria volvió a ratificar algo que parece resistir cualquier pronóstico: el libro sigue siendo una experiencia colectiva.
Mañana, cuando las puertas de La Rural se cierren hasta la próxima edición, quedará la sensación de que la Feria del Libro no solo celebró sus 50 años. También confirmó que continúa siendo uno de los grandes rituales culturales de la Argentina.
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