Si La Plata hablara... ¿Qué diría?

El escritor Juan José Bacerra -de Junín, pero con muchos años en la Ciudad- le pone voz ficticia a la capital bonaerense para exhibir la identidad, sueños propios, frustraciones, expectativas, y más

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Me construyeron como una casa y esta particularidad me distingue de otras ciudades. No hay tantas eregidas con la velocidad con la que yo fui construida. Mis edificios públicos fueron levantados simultáneamente, cada uno con su singularidad administrativa.

En cuanto a mis habitantes, no podría hablar de uno: son todos muy diferentes entre sí. La universidad es un gran atractivo para personas de la provincia o de todo el país. Eso sí: me da la sensación de que esas personas me hacen una ciudad más provincia, lo que tensiona más mi vínculo con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Quienes vienen de las provincias, pero particularmente del interior de la provincia de Buenos Aires, de alguna manera contribuyen a provincializarse, a no “porteñizarse” tanto.

 

Soy una ciudad caminada por los jóvenes: eso me da una vitalidad natural

 

También tengo problemas. Uno de ellos -crónico en las ciudades grandes- es la acumulación de vehículos, de personas y de inmuebles en un espacio reducido. La solución sería distribuir el espacio, establecer circuitos de movimientos inteligentes pero eso es tarea de las autoridades.

Otro, es que falta una especie de ratificación de mi grandeza original. Falta una gran obra; un gran museo. Que funcione como hito, convertirme en inolvidable a través de ella.

Ojo, tengo de todo: museo, edificios, parques pero falta una renovación. Es un impulso burgués, ¿no?

Todas estas inquietudes están de cuestiones más graves, más urgentes: servicios en los barrios, en el acceso a la vivienda, en poder disfrutar beneficios de una ciudad más universal: ser para todos y no para los más o menos privilegiados.

A un turista le diría que no se vaya sin visitar el Museo de Ciencias Naturales. Primero porque está en el tiempo: es evidencia de aquello que existió antes que yo. Segundo porque es una pieza cultural inserta en el bosque que a su vez, conserva esa naturaleza primaria.

En mi terruño habitan múltiples lenguas. Una de ellas es la jerga burocrática al ser una yo, una ciudad hiperadministrativa. Pero también habita la lengua del rock que realza una poética más anarquista.

No obstante, tengo habitantes que hablan todas las lenguas juntas, según el momento y con quienes. Eso me gusta: hay muchos registras, muchas jergas.

Soy una ciudad caminada por los jóvenes: eso me da una vitalidad natural. Como si fuesen detectives salvajes, buscando su título, a punto de consumar su ambición adulta, le dan a la Ciudad lo mejor que tiene: gente joven caminando sus calles.

Algo más: al 19 de noviembre como fecha histórica, le agregaría el 21 de marzo que es cuando empieza el otoño.

Definitivamente soy una ciudad otoñal. Con parques, con bosques, acá, el otoño se nota más.

 

* Extracto de una llamada telefónica con el escritor Juan José Becerra

Juan José Becerra, oriundo de Junín, arraigado en La Plata / Alejandro Guyot / Editorial Planeta

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