Fue a Brasil y sacó pecho. Estudiantes refrescó su enorme mística copera venciendo a Corinthians para instalarse en la sala VIP de los cuatro mejores del continente.
En una noche inolvidable de Alexis Castro, que contó con el sólido y comprometido respaldo de todo el equipo, el Pincha escribió otra página sobresaliente en la Libertadores de América que lo llena de orgullo.
Serio y vehemente de principio a fin, el León estuvo a la altura de lo que sus hinchas sabían que podía ofrecer. En ningún momento de la noche se metió atrás, supo ejercer presión alta durante varios pasajes y se lo advirtió siempre convencido de que había ido a concretar.
El minuto final, donde el árbitro venezolano cobró, con justicia, penal para el local luego de la revisión en el monitor del VAR (fue mano de González Pirez) generó un pico de tensión inigualable. Luego de empujones y cruces verbales subidos de tono, la pésima ejecución de Menphis Depay (su disparo se fue por arriba del travesaño) le concedió todavía más brillo y emoción a la merecida clasificación de Estudiantes.
La forma en la cual se impuso el equipo argentino le dará un impulso vital para afrontar lo que le queda. Juego tiene, personalidad le sobra y lo que vivió en su estadía en San Pablo lo conducen a una estatura emocional difícil de superar.
INICIO HISTÉRICO, CON PROTESTAS BUSCANDO INFLUENCIAR AL JUEZ
Ambos equipos gastaron los primeros minutos reclamando cualquier roce con la única pretensión de conseguir alguna ventaja, pero el árbitro Valenzuela no se dejó impresionar y fue ordenando un trámite que luego encontró algo de calma.
El primer tiempo pasó dejando una buena imagen de Estudiantes, que tuvo concentración, energía y ambición para ejercer presión alta sobre la salida de los brasileños. Sólo le faltó generar situaciones claras de peligro.
ACENTUÓ SU POSTURA Y LLEGÓ AL GOLAZO POR HABERLO BUSCADO
El segundo tiempo, lejos de cualquier atisbo de cansancio, el equipo del Cacique Medina fue para adelante en consonancia plena con los gritos de los mil quinientos fieles que lo acompañaron desde la tribuna visitante.
Podría haberse caído cuando se lesionó Joaquín Correa, pero eso no ocurrió. La figura de Alexis Castro, el hombre que tomó la responsabilidad creativa ante las ausencias de Tiago Palacios y del tucumano, asomó como el héroe de una noche que tuvo los mejores condimentos.
La angustia y el miedo que significó la sanción del penal (faltaban sólo 30 segundos para el final) luego hizo explotar con mayor fiereza el desahogo interminable. Estudiantes no sólo clasificó a semifinales, lo hizo ganando en tierra brasileña, donde festejó su cuarta estrella continental bajo la tutela de Alejandro Sabella y con Sebastián Verón, entre otras grandes figuras, en la cancha.
Estudiantes está muy feliz, pero no le alcanza. Quiere más. Lo desvela el fortísimo deseo de levantar el trofeo que quieren los más poderosos de esta parte del planeta futbolero.
Pase lo que pase en lo que resta, lo que hizo anoche se suma a las más gratas vivencias de su riquísimo palmarés.
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