"Que se rompa, pero que no se doble"


La frase que inmortalizó Leandro N. Alem, "que se rompa, pero que no se doble", sirve para describir la actitud política de su seguidor, el dirigente santafesino Lisandro de la Torre, quien prefirió zanjar discrepancias políticas retándose a duelo en dos ocasiones.

De la Torre renunció a las filas del radicalismo en 1896 (año en el que murieron dos figuras importantes del partido: Alem y Aristóbulo del Valle) no sin antes retar a duelo al caudillo radical Hipólito Yrigoyen, a quien había acusado de personalista.

El político rosarino era un experto en esgrima, mientras que su oponente debió tomar clases para el suceso.

El 6 de septiembre de 1897 se enfrentaron en Buenos Aires y, sorpresivamente, Hipólito Yrigoyen resultó ileso.

A partir de las heridas que recibió en la cara, De la Torre comenzó a utilizar barba desde ese momento y durante el resto de su vida.

Por otra parte, en 1935 expuso como senador por Santa Fe acerca de los negociados en la exportación de carnes con Gran Bretaña y acusó de evasión impositiva al frigorífico Anglo y de corrupción al gobierno del presidente Agustín P. Justo, en particular a sus ministros de Hacienda y de Agricultura, Federico Pinedo y Luis Duhau.

Los debates en el Congreso de la Nación fueron cada vez más violentos, a la vez que De la Torre aportaba mayores pruebas incriminatorias.

El ministro de Agricultura llamó mentiroso al senador santafesino, quien rápidamente se acercó a su bancada para retarlo a duelo públicamente.

Duhau lo empujó al piso en el mismo momento en que un ex comisario y hombre de confianza del ministro disparó hacia De la Torre.

Al advertir la maniobra, Enzo Bordabehere -también senador y amigo del político rosarino- se interpuso y cayó muerto por el balazo.

Lisandro de la Torre nunca pudo superar este hecho y la posterior impunidad que lo cubrió: la Justicia encarceló solamente al autor material, mientras que dejó en libertad a los ministros Duhau y Pinedo.

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