Emilio Ballina
| 3 de Mayo de 2009 | 00:00
Su fallecimiento
A los 68 años murió en nuestra ciudad Emilio Ballina Benites. Su inesperado deceso enluta no sólo a sus familiares sino también a amplios círculos sociales y profesionales de la Ciudad, que lo apreciaron por sus cualidades personales y por la destacada carrera que desarrolló hasta la década del '80 en la Fiscalía de Estado de la Provincia.
Emilio Eduardo Ballina nació el 19 de agosto de 1940 en Mercedes, donde su madre María Matilde Gnecco y su padre Enrique, radicados en La Plata, habían trasladado su hogar a raíz del nombramiento de éste último como juez de la ciudad del oeste bonaerense.
La familia, también conformada por sus hermanos Enrique, María del Rosario, María Emilia y Julio, regresó a La Plata luego del fallecimiento del padre. Emilio completó sus estudios primarios y secundarios en el Normal 2, y el Normal 3; desde la temprana adolescencia, su compromiso con los ideales democráticos lo acercó a la Unión Cívica Radical, y su inclaudicable militancia lo llevó a desempeñarse como presidente del Centro de Estudiantes.
A los 15 años ingresó como cadete en la Fiscalía de Estado de la Provincia, en la que desarrolló una carrera administrativa que le permitió alcanzar el cargo de director general de ese organismo, del que se retiró en 1983. Luego se desempeñó por un corto período en el Registro de la Propiedad.
En 1966, Ballina se casó con María Cristina Bertarelli; como fruto de esa unión nacieron Emilio Eduardo -escribano-, María Cristina -abogada- y Fernando -ingeniero-. Su felicidad se completó con la llegada de los nietos: Rodrigo, Francisco, María Pilar, Santiago e Ignacio.
Emilio fue un fervoroso simpatizante de Estudiantes, y seguía de cerca todas las alternativas deportivas de la entidad albirroja. También, pese a ser una persona muy hogareña, le gustaba reunirse con los amigos que conservaba desde su juventud y dedicaba gran parte de su tiempo libre a la lectura, en particular obras vinculadas a la historia y novelas policiales.
Tranquilo y de espíritu sereno, reflexivo, su característico andar pausado seguramente será recordado por quienes lo conocieron como uno de los rasgos esenciales de su personalidad.
A los 68 años murió en nuestra ciudad Emilio Ballina Benites. Su inesperado deceso enluta no sólo a sus familiares sino también a amplios círculos sociales y profesionales de la Ciudad, que lo apreciaron por sus cualidades personales y por la destacada carrera que desarrolló hasta la década del '80 en la Fiscalía de Estado de la Provincia.
Emilio Eduardo Ballina nació el 19 de agosto de 1940 en Mercedes, donde su madre María Matilde Gnecco y su padre Enrique, radicados en La Plata, habían trasladado su hogar a raíz del nombramiento de éste último como juez de la ciudad del oeste bonaerense.
La familia, también conformada por sus hermanos Enrique, María del Rosario, María Emilia y Julio, regresó a La Plata luego del fallecimiento del padre. Emilio completó sus estudios primarios y secundarios en el Normal 2, y el Normal 3; desde la temprana adolescencia, su compromiso con los ideales democráticos lo acercó a la Unión Cívica Radical, y su inclaudicable militancia lo llevó a desempeñarse como presidente del Centro de Estudiantes.
A los 15 años ingresó como cadete en la Fiscalía de Estado de la Provincia, en la que desarrolló una carrera administrativa que le permitió alcanzar el cargo de director general de ese organismo, del que se retiró en 1983. Luego se desempeñó por un corto período en el Registro de la Propiedad.
En 1966, Ballina se casó con María Cristina Bertarelli; como fruto de esa unión nacieron Emilio Eduardo -escribano-, María Cristina -abogada- y Fernando -ingeniero-. Su felicidad se completó con la llegada de los nietos: Rodrigo, Francisco, María Pilar, Santiago e Ignacio.
Emilio fue un fervoroso simpatizante de Estudiantes, y seguía de cerca todas las alternativas deportivas de la entidad albirroja. También, pese a ser una persona muy hogareña, le gustaba reunirse con los amigos que conservaba desde su juventud y dedicaba gran parte de su tiempo libre a la lectura, en particular obras vinculadas a la historia y novelas policiales.
Tranquilo y de espíritu sereno, reflexivo, su característico andar pausado seguramente será recordado por quienes lo conocieron como uno de los rasgos esenciales de su personalidad.
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