"Pizza-party" y autoridad
| 3 de Junio de 2011 | 00:00
Una noticia difundida por este prestigioso diario repercutió con inusitada fuerza en otros medios escritos, televisivos y radiales. (N. de la R.- Se titulaba "Sumario a 9 uniformados por 'pizza-party' en Tribunales" e informaba sobre la denuncia del juez Guillermo Federico Atencio contra policías que, aparentemente, incumplieron con el traslado de detenidos mientras, en horario de trabajo, comían pizza en una dependencia tribunalicia).
Sin restarle trascendencia al episodio que la originara, resulta manifiesto que no constituye, por su gravedad, algo comparable con otros que cotidianamente ocurren en nuestra sociedad.
En realidad la noticia es que haya sido noticia. Y la importancia del hecho radica en que con él ha quedado en claro que ejercer la autoridad hoy por hoy es la excepción.
La razón de este "acostumbramiento" obedece a la concepción a la que nos quieren conducir aquellos que pretenden convencernos de que su aplicación es perniciosa.
Piquetes apañados; incumplimiento de órdenes de desalojos; colegios tomados; intimidatorios limpiavidrios, "trapitos" imperativos, y prostitución callejera permitida, son algunas de las elocuentes manifestaciones que corroboran lo que digo.
SIN GENERALIZAR
Se advierte de este modo que no es sólo la policía la que incurre en este tipo de conductas.
Tampoco es justo generalizar el reproche desacreditando a las instituciones a las que pertenezcan quienes de tal modo así actúan.
La trascendencia de la publicación que nos ocupa, ha permitido al propio tiempo comprobar la irritabilidad de la población frente a esta permisividad que fomenta su intranquilidad.
El ejercicio de la autoridad no sólo la preserva sino que, además, constituye uno de los más importantes pilares del orden indispensable a fin de que el desquicio no sirva de caldo de cultivo para la creación de espacios que los marginales necesitan para mejor desenvolverse.
En lo que a lo público concierne, es el Estado quien tiene la obligación de imponerla sin excesos, culpas ni vergüenza. Si fuera así, el castigo a quien se lo merece pasaría totalmente inadvertido.
(*) Juez de Garantías de La Plata
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