Los libros y la noche
| 6 de Enero de 2013 | 00:00
Por
MARCELO ORTALE
“Yo nací con estrella, a mí la vida me ayudó” dice la voz abaritonada de Marcelo Calvo, un hombre alto, casi corpulento, que se desplaza con lentitud entre los anaqueles. De entrada muestra un talante positivo. “Encantado de verlo” dice y se diluyen últimas prevenciones. “Ahora suban por esa escalera”, indica a los visitantes mientras caminan hacia su despacho.
Ciego de nacimiento, sorprende por su naturalidad. Se sienta y lo primero que quiere es agradecer a la vida su buena suerte, la de haber conocido a su esposa y a tanta gente que ama y admira, la de haber desarrollado una vida intelectual plena.
Calvo dirige la Biblioteca Braille y Parlante provincial que se encuentra aún sobre 47 y 5, pero que pronto se mudará a su nueva casa ya a punto de ser inaugurada en la calle 5 entre 60 y 61. “Dejaremos de gitanear, será nuestra primera sede propia” afirma entusiasmado.
La Braille es la única biblioteca parlante de la Provincia que presta y codifica volúmenes para no videntes. Calvo extrae de los anaqueles un cartapacio con recibos del correo, demostrativos de los préstamos de libros realizados a residentes en centenares de ciudades de todo el país.
“Le admito que hay momentos en que no sé si interesa la Biblioteca. A este cargo yo lo agradezco y también lo sufro. Me gustaría que si hacemos algo mal, me lo dijeran. Todos necesitamos ese tipo de apoyo crítico. ¿Será que no les interesa tanto?” se pregunta. Pero la entrevista fue mechada por decenas de llamados telefónicos y por la entrada permanente de colaboradores, todos pidiendo o avisando algo. Son ocho empleados, más el director. Se nota que deben necesitar más gente.
La Biblioteca tiene 1.986 libros parlantes -esto significa, grabados por la voz humana de los voluntarios, que pueden escucharse- y 2.000 del antiguo sistema Braille, que se leen con el tacto y en general el libro sobre la falda. “A mí me gusta más el sistema Braille, la lectura es más autónoma, es sólo la relación entre el que lee y el autor de la obra. Leer en soledad me encanta”, dice.
Calvo analiza con el fotógrafo Mario Ruiz la posibilidad de sacarle una foto a un libro de imágenes Braille -compuesto por su colaborador Mario Córdoba- que deja ver el contorno de animales, de continentes o de paisajes. Agrega que el método parlante se va imponiendo “por desgracia” al Braille. Pero habla entusiasmado de “El romance de un gaucho” de Leopoldo Lugones, grabado por el actor Osvaldo Cané.
Desciende de una antigua familia platense. Entre sus directos antecesores está Jacinto Calvo, un brillante periodista y abogado de principios del siglo XX. A la vuelta de allí, sobre 48 entre 5 y 6, está la biblioteca del Círculo de Periodistas llamada “Jacinto Calvo”.
Sus padres fueron Marcelo Jacinto Calvo e Irma Noemí Soler, el primero funcionario de la dirección de arquitectura y ella directora de una escuela de huérfanos. El nació ciego en 1943, al igual que su hermana Cristina. Explica que fue por una enfermedad coyuntural que contrajeron sus padres, quienes colaboraron con Mario Vitallone para crear en La Plata la actual Escuela para Ciegos y Disminuidos Visuales, en donde los hermanos terminaron sexto grado. “Pudimos hacer lo que correspondía: aprender tocando. El tacto es la única manera que tenemos para conocer el mundo que nos rodea”.
Ser director de una biblioteca y ser ciego es una ecuación emblemática. Allí aparecen de inmediato los nombres de Borges y Groussac, a quienes Dios les dio los libros y la noche...
“Sí, así es. Los libros y la noche... Sabe, Borges no fue ciego de nacimiento pero se ubicó muy bien en el problema de la ceguera. La entendió. En realidad los ciegos sufrimos más que nada la lástima. Es casi gracioso, mire. El otro día llamó una mujer por teléfono y preguntó si hablaba con la Oficina de Poderes, porque es verdad que este teléfono pertenecía antes a esa oficina. Yo le contesté que no, que era la Biblioteca para Ciegos. Ella enmudeció unos segundos y dijo “madre santa, qué desgracia, sabe señor, a veces veo a los ciegos y me dan lástima. Están con ese palito golpeando...” Yo le contesté con simpatía... señora, yo soy el director de la Biblioteca y también soy ciego”. Fue demasiado, cortó. Pero quiero volver a Borges, es el autor que más me gusta”.
Hay otra curiosidad... esta biblioteca es lindera de la Biblioteca de Cultura, llamada Ernesto Sábato. Y Sábato en su Informe sobre Ciegos no los trató precisamente bien.
“Así es, a mi me duele mucho ese escrito de Sábato, a quien sin embargo considero como a Borges uno de mis escritores preferidos. Dice cosas muy duras allá. Dice por ejemplo que los ciegos tenemos manos frías y es un error, una falsedad. Yo tengo manos calientes. Una vez estuvimos con Sábato y nos explicó que el informe había salido de una obsesión que él había tenido. Bueno, tampoco nos trató demasiado bien el tango, que tiene muchas referencias sobre los ciegos... “La Cieguita” que canta Gardel es tremenda. Pasa lo mismo con “Charlemos”.
¿Usted siente algún resentimiento, algún rencor, por ser ciego?
“No, de ninguna manera. Al contrario, a veces me pregunto qué hubiera sido de haber tenido vista. Como le dije, a mi la vida me ayudó. En la escuela primaria me decían “qué bien habla”, fui un buen recitador y hacía comedias teatrales.
¿Tiene algún concepto sobre el color?
“Qué hermosa pregunta. Fue lo más complejo acaso que enfrenté en la adolescencia. Me quisieron describir los colores. Me hacían tocar la tela de un pantalón y me decían “es blanca”. Me confundían más. Después tocaba otra tela igual y yo preguntaba si era blanca, pero no lo era. Mire, yo hablo y sueño también desprovisto de colores”.
¿Qué proyectos tiene la biblioteca?
“Queremos hacer una biblioteca itinerante, para atender por ejemplo a los geriátricos”.
¿Tiene suficiente cantidad de voluntarios?
“No, nos harían falta más. Yo intenté una vez con la gente del Iser que los chicos que estudian allí pudieran rendir grabándonos libros para nosotros. Nunca nos dijeron que no, pero de ahí no pasamos”.
¿Qué tipo de trabajos haría entonces un voluntario?
“Esencialmente, grabar libros. Acá tenemos cabinas de grabación. Y lo ideal sería que fuera gente grande, de alguna edad. ¿Sabe por qué? Porque es gente que aprendió a leer con entonación. Es la que lee mejor. Hay mayores que tienen capacidad, y es una capacidad ociosa. Mire, una mujer, la señora Elsa Gontero de Koroch, esposa de quien fue jugador de Estudiantes, Rubén Koroch, bueno, esa mujer grabó más de 90 libros. Ella sola. Y lo sigue haciendo”.
¿Cuál es su concepto sobre lo que debe ser una biblioteca?
“Una biblioteca tiene que ser absolutamente ecléctica. Tiene que tener de todo. De los que escriben a favor y también de los que escriben en contra. Acá tenemos la mejor historiografía rosista, la de Ibarguren o Gálvez, pero también tenemos a José Mármol y a la historia liberal. Hay que tener todo de todos. Hace poco un sacerdote católico amigo me retó porque tenemos una Biblia protestante, pero también tenemos las biblias católicas. En cuanto al punto de vista presupuestario, bueno, lo que tratamos es de no darle gastos al gobierno”.
¿Se ha sentido discriminado por su ceguera?
“No, pero existen limitaciones. Cuando vamos a una reunión, si hay otro ciego, procuran ubicarnos juntos. Hacen de inmediato lo que se llama la isla. No me gusta eso de que intenten agruparnos. Yo estoy lleno de amigos con vista. De todos modos, insisto con las limitaciones. Un ciego puede estudiar perfectamente derecho y ser brillante como abogado. En cambio, yo no aconsejaría que estudiara medicina. ¿Cómo hará para ver las radiografías? Hay que ubicarse, saber qué puede uno y qué no debe hacer”.
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Casado con la docente Maria Celia Bisheymer -que hace años debió superar resistencias familiares para poder casarse con él- tuvieron dos hijos, Marcelo Adrián (empresario) y Gabriel Horacio (enfermero). Graduado de maestro y de bibliotecario, hace décadas que Calvo da conferencias en todo el país sobre el uso y la importancia de los sentidos, la discapacidad visual, sobre las barreras arquitectónicas, sobre educación general. Habla en clubes, colegios, facultades, cárceles y para afrontar esos gastos cuenta con su bolsillo: “nunca percibí un viático”, dice. Para otras necesidades lo asiste la ayuda inestimable de la Asociación Amigos de la Biblioteca Braille y de las partidas del Instituto Cultural de la Provincia. Ahora está bregando para que La Plata cuente con una señalización Braille en las calles que sea lo más precisa posible. Y se muestra feliz por la decisión del Museo de Ciencias Naturales de realizar muestras para ciegos, en las que “se puede tocar, degustar, oler y escuchar, abriéndosenos una puerta al conocimiento de valor incalculable”.
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