Dos hijos de Briant y Pippo, en medio de una trama de sospechas delictivas

Christofer Pippo fue demorado por “encubrimiento”. A su hermano Julián lo imputaron por robos reiterados

Ese llanto desgarrador todavía hoy debe resonar en el lado más oscuro de la memoria de Christopher Pippo Briant. Aquella helada mañana del 10 de julio de 1984 se despertó asustado. Tenía entonces tres años. Miró a su alrededor y descubrió que estaba solo. Su madre, Aurelia Catalina Briant (37), una elegante y culta profesora de inglés a quien le gustaba que la llamaran Oriel, había desaparecido. Aterrado, el pequeño Christopher hizo lo único que podía hacer: lloró.

Esa mañana las arboladas calles de City Bell estaban casi desiertas. Hacía media hora que los vecinos escuchaban llorar al niño y fueron en su auxilio. Luego, uno de ellos, Gutiérrez Eguía, denunció la desaparición de la profesora en la comisaría 10ª. Y tres días después, comenzaba a escribirse uno de los capítulos más estremecedores y misteriosos de la historia criminal en el país: el cadáver de Oriel apareció con 22 puñaladas y dos disparos, en la ruta 2, a la altura del kilómetro 75.

Casi tres décadas después de ese crimen todavía impune, cuya investigación mantuvo en vilo al país, Christopher y su hermano Julian Lautaro Pippo (36) volvieron a convertirse en las últimas horas en protagonistas de la crónica policial.

OTRA VEZ TRAS LAS REJAS

A Christopher lo demoraron el lunes pasado, acusado por presunto “encubrimiento” de delitos imputados a su hermano. Ese día la Policía allanó una casa de la calle Cantilo, cerca del camino Belgrano. Es la misma propiedad en la que vivió hasta su muerte, en junio de 2009, el profesor de literatura Federico Pippo (68), padre de ambos jóvenes y quien estuvo detenido sospechado de matar a Oriel, su ex mujer.

Hasta esa vivienda los agentes llegaron buscando a Julián Lautaro, a quien vincularían a varios asaltos en la Ciudad. El principal sospechoso no estaba. Pero los policías habrían hallado un arma calibre 22, otra réplica de una pistola similar, una computadora, monitores, ropa y hasta semillas de marihuana. Por eso Christopher, que sí estaba en la casa, terminó en la comisaría. No obstante, informaron fuentes judiciales, ya recuperó la libertad.

Finalmente ,ayer cayó su hermano Julián. Lo atrapó personal de la subcomisaría La Unión, a cargo de Marcelo Iltis, durante un operativo supervisado por el jefe de Distrito Oeste Oscar Kiffer. Fue mientras caminaba junto a otro joven por la zona de 140 y 43, “con bolsos en sus manos”. Según un reporte, ante testigos, los efectivos requisaron a los sospechosos. A Julián Lautaro -que ya tenía pedido de captura por un asalto en el local de ropa “Grissino” de City Bell, a solicitud del fiscal Alvaro Garganta-, le habrían incautado una cartera en la que presuntamente llevaba 26 dosis de cocaína, además de otros elementos cuya procedencia se investiga. Al otro joven le secuestraron una pistola Astra 9mm, con cargador y cinco cartuchos intactos.

Los investigadores creen que ambos sospechosos podrían tener participación en al menos siete asaltos. Incluso, en algunos de esos delitos las propias víctimas los habrían identificado a través del reconocimiento por “modus operandi”.

No es la primera vez que Julián queda vinculado a causas penales. Más aún, en octubre de 2009 el hijo de la pareja Pippo-Briant (en total son cuatro hermanos) recibió una condena exprés en la que la justicia local le impuso la obligación de trabajar, realizar tareas comunitarias y tratarse de su adicción a las drogas.

Fue por golpear a un comerciante chino durante un supuesto asalto a un supermercado de City Bell, aunque ese último ilícito nunca fue probado. Por ese mismo hecho también estuvo imputado su hermano Christopher, pero fue absuelto.

En esa oportunidad, Julián le dijo al juez y al fiscal que podría ganarse la vida como cocinero. Por eso, apostaron a su reinserción y buscaron evitar una pena que lo “estigmatizara”. Y al fijar las obligaciones tuvieron en cuenta su traumática historia de vida, esa cuyo capítulo más atroz empezó a escribirse la fría mañana del 10 de julio de 1984, en que su hermano Christopher se despertó y descubrió que estaba solo.

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