A 25 años de la “primavera china” de Tiananmen
| 4 de Junio de 2014 | 00:00
Entre abril y junio de 1989, millones de personas se movilizaron en China en un intento de que el país se uniera a la ola de apertura que vivía entonces Europa del Este, pero aquel movimiento, del que 25 años después aún se sabe poco, terminó en tragedia.
Aquellos hechos, que fuera de China son un hito del siglo XX pero dentro son un tabú, hicieron temblar los cimientos del régimen, mostraron al mundo los excesos del comunismo chino y dieron al régimen un perfil hermético y paranoico aún vigente.
El acontecimiento detonante de las protestas fue la muerte, el 15 de abril, de Hu Yaobang a causa de un ataque al corazón tres años después de que fuera forzado a renunciar como integrante del Partido Comunista de China (PCCH) por sus ideas reformistas. Hu fue un gran crítico de las reformas económicas emprendidas por el entonces máximo líder, Deng Xiaoping. Éstas habían tenido efectos positivos en el país, pero también habían disparado la inflación y la corrupción. El 17 de abril, esta corriente crítica comenzó en la plaza de Tiananmen la primera concentración en homenaje a Hu, liderada por universitarios que pedían el fin del nepotismo, mayor libertad de prensa o más inversión en educación.
Las primeras marchas, moderadas y que no reclamaban la caída del régimen, dividieron a los líderes chinos, ya que algunos las veían como algo positivo, mientras otros las consideraban una amenaza.
El 26 de abril, el ala conservadora del PCCh publicó en el Diario del Pueblo un demoledor editorial contra los estudiantes de Tiananmen, calificándolos de enemigos del Estado. El movimiento se radicalizó, comenzaron con huelgas de hambre y el mundo empezó a reflejar la situación. El gobierno intentó negociar con los manifestantes, por entonces muy divididos, y fracasó, lo que llevó a decretar la ley marcial en Beijing, que duraría siete meses.
Unos 300.000 soldados chinos se congregaron para preparar el desalojo de la plaza, donde en los últimos días de protesta se erigió con cartón la icónica “Diosa de la Democracia”, inspirada en la Estatua de la Libertad.
En la tarde del 3 de junio, la TV china ordenaba a los residentes en Beijing no salir de sus casas, mientras tanques y vehículos acorazados avanzaban hacia el centro de la capital. Manifestantes trataron de frenar los tanques, lo que produjo numerosas muertes.
El número de fallecidos sigue siendo un misterio, y según diferentes fuentes, va de 300 a 2.600, de los que apenas diez son soldados. En Tiananmen, el desalojo fue menos sangriento. En días posteriores, las protestas por la masacre en varias ciudades chinas fueron reprimidas, mientras el régimen comenzaba una campaña de detenciones y juicios sumarios, sobre todo a huelguistas obreros.
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