El “Greek Canyon” y los monasterios del norte de Grecia
| 28 de Junio de 2015 | 00:56
Los pueblos de montaña de Zagoria, las llamativas rocas de arenisca y los monasterios solitarios en Meteora, en el norte de Grecia, conforman un paisaje todavía poco conocido y muy original. Hay mucho que ver, sobre todo a pie.
Las localidades de Papigo y Mikro Papigo están rodeadas por montañas de hasta 2.000 metros de alto. Los pueblos de la región de Zagoria, 46 en total, están situados bien camuflados en los cerros. En el pasado, la gente iba a allí para esconderse de algo o alguien.
Hay varios motivos que explican por qué los pequeños pueblos en Zagoria siguen teniendo el mismo aspecto que antes. Ni siquiera los turcos fueron allí
durante la guerra, porque no había nada que sacar y como consecuencia, tampoco se destruyó nada.
El viaje de 23 kilómetros hacia la garganta de Vikos es encantador. Primero hay que bajar por 14 curvas hacia el río Voidomatis y luego volver a subir por un camino empinado hacia el bonito pueblo de Aristi. Después, una curva cerrada lleva a la garganta.
El “Greek Canyon” es más escarpado que el Gran Cañón en Estados Unidos: la garganta tiene una profundidad de 900 metros pero la distancia entre las dos orillas es de solo 1.100 metros. Hoy se puede caminar por la garganta desde todos los lados.
Muchos de los senderos que comunican entre sí los pueblos de Zagoria discurren sobre ríos y arroyos, a lo largo de pendientes y a través de terrenos prácticamente intransitables. Por esta razón se construyeron ya hace mucho tiempo las skalas, puentes de piedra con uno, dos o tres arcos. Toda una red de esos puentes atraviesa la región, porque sólo así la gente podía desplazarse aquí durante cualquier época del año.
Las rocas y los monasterios en Meteora se encuentran a una distancia de unos 150 kilómetros de Papigo.
Dicen que los primeros monjes llegaron a la región en el siglo XI. Durante los siguientes siglos, ellos construyeron sus monasterios en lugares casi imposibles, clavados en los montes, como el monasterio de Ypapanti, actualmente desocupado, que se alza sobre varias rocas individuales. Los monjes querían vivir en este entorno de forma ascética.
Sin embargo, la soledad desapareció cuando cada vez más turistas llegaron para ver las construcciones, que hoy figuran en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. En Meteora ya no se ven muchos monjes. El barullo les resultaba demasiado molesto, dicen los habitantes locales. Por esta razón, la mayoría de los religiosos se desplazaron al este y viven en los monasterios del monte sagrado Athos. Para muchos de ellos, fue como regresar a sus orígenes, a su vida ascética.
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