Entre la gobernabilidad y el pragmatismo político
| 24 de Diciembre de 2016 | 01:58
Twitter: @mnspezzapria
La fotografía fue puesta a circular ayer por la Presidencia de la Nación. Mauricio Macri posó en la quinta de Olivos con un grupo de sindicalistas de esos que se eternizan en los cargos, entre ellos Armando Cavallieri (Comercio), Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA). La excusa de la reunión fue un brindis de fin de año tras la sanción de la reforma al impuesto a las Ganancias.
También alzaron la copa -en rigor un vaso en el que algunos sólo tomaron gaseosa- los miembros del triunvirato de la CGT, Schmid, Daer y Acuña. Incluso, estuvieron en la quinta presidencial quienes impulsaron el paro de transportes del lunes, Roberto Fernández (UTA) y Omar Maturano (La Fraternidad). Hubo un clima distendido, como si todos se hubieran sacado un peso de encima.
Casi al mismo tiempo, la gobernadora Vidal encabezaba un acto en el partido de José C. Paz, en el tercer cordón del Conurbano, donde se la vio rodeada de dirigentes de la vieja guardia del PJ bonaerense, como Eduardo Duhalde, Mario Ishii, Alejandro Granados y Aldo Rico. La estrategia de Cambiemos pasaría por dividir a un peronismo que –paradójicamente- ya está fragmentado.
La última sesión de la Cámara de Diputados en este año, la que el jueves sancionó Ganancias, ofreció una muestra clara de esa fragmentación. Los kirchneristas del FpV hicieron ruido al patalear por Milagro Sala, pero quedaron aislados y fueron derrotados ampliamente en todas las votaciones. Eso fue posibilitado por otros bloques con ascendencia peronista, como el massismo.
Ese mismo sendero, que sintonizó con el oficialismo, recorrió el Bloque Justicialista de Bossio. Mientras se desarrollaba la sesión otros diputados de origen peronista como Darío Giustozzi y Sandro Guzmán –ex massistas- comentaban el acercamiento del primero al armado de Cambiemos en la Tercera Sección Electoral, de la mano del ex coronel duhaldista Osvaldo Mércuri.
El acercamiento del PRO a esos sectores del peronismo despierta prevenciones en el radicalismo y en la Coalición Cívica de Carrió. Se puede discernir, con razón histórica, que se trata de dirigentes que no comulgaron con el kirchnerismo o que lo enfrentaron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo. Y que tienen el peso territorial del que carece el macrismo en el Gran Buenos Aires.
¿Pero le suma a Macri aparecer abrazado con Cavallieri o le sirve a Vidal estar en el mismo escenario con Aldo Rico? La respuesta no puede medirse ahora, pero en términos de imagen, no se asemeja en nada a la “nueva política” que encarnaron el Presidente y la Gobernadora al momento de llegar al poder, un año atrás. Sí, en cambio, puede ser útil a la gobernabilidad.
De hecho, el año concluye sin paros nacionales y en diciembre –el mes más intenso del calendario argentino- no hubo que lamentar saqueos. Tampoco cortes de luz, por lo menos de los masivos, que suelen poner de un entendible mal humor a la sociedad. Las protestas resultaron aisladas, por caso en el CONICET, donde un recorte presupuestario alertó a los becarios e investigadores.
El conflicto puso en la cuerda floja a Lino Barañao, cuya salida no sería positiva para el Presidente porque lo incluyó en su Gabinete como una señal de continuidad institucional en un área que consideró bien manejada. Pero ayer por la tarde el ministro negociaba con Marcos Peña y los becarios una forma de terminar el año en paz.
Si bien es cierto que en los últimos años el CONICET financió una desproporcionada cantidad de investigaciones en ciencias sociales y otras muy originales -cuanto menos-, un núcleo académico en el que se hizo fuerte el kirchnerismo, también lo es que Barañao ya había amenazado con renunciar cuando notó un recorte para el área en el proyecto de Presupuesto 2017, que el gobierno corrigió antes de la sanción parlamentaria.
La inversión en desarrollo científico se ubica actualmente en el 0,6% del PBI pero debería llevarse al menos hasta el 1,5%, según consideró el neurocientífico Facundo Manes, una voz autorizada en la materia. Aunque el estado de las finanzas públicas no es el mejor, como lo demuestra el esfuerzo que está haciendo el gobierno para concluir el año con sólo el 4,8% de déficit fiscal.
De todos modos, la discusión en torno al financiamiento de la ciencia no es sólo presupuestaria sino también de enfoque, ya que el país pasó de tener un gobierno hiper-estatista a otro que incentiva la participación privada. La misma disyuntiva afrontó Isela Costantini en Aerolíneas Argentinas y terminó siendo apartada por resistirse al ingreso de Avianca al mercado de cabotaje.
La gerenta venía haciendo un notable esfuerzo por bajar el déficit operativo de la compañía, pero no obtuvo los resultados esperados de acuerdo a quienes estaban encargados de monitorear su desempeño, entre ellos Gustavo Lopetegui, de la Jefatura de Gabinete, un ex ceo de LAN. La salida de Costantini sorprendió a los radicales, que estarían lejos de comprender la interna del PRO.
A tal punto, que el presidente de la Comisión de Legislación General de la Cámara de Diputados, Daniel Lipovetsky, confesó estar “sorprendido” por la renuncia de Costantini y recomendó “cuidar” la empresa. Algunas luces de alerta similares se encienden en YPF, dentro de la misma lógica que predominó con Aerolíneas, teniendo en cuenta que el ministro Aranguren proviene de Shell.
La salida de Costantini y sobre todo las dudas que se multiplicaron sobre la continuidad de Barañao llevaron al jefe de Gabinete Peña a tener que contestar sobre la estabilidad de los ministros. “Vamos a tratar de mantener este equipo, en lo posible”, dijo el funcionario, que no despejó la incertidumbre. Los rumores alcanzaron también al ministro de Hacienda Prat Gay.
En su caso, se hizo notar que no quedó bien parado tras el debate por Ganancias, ya que fue el autor del proyecto original del gobierno que defendió con énfasis en la Cámara baja pero que se chocó de frente contra un conglomerado opositor que le bajó el pulgar. Entonces tomó su lugar Mario Quintana en la ronda de negociaciones con la CGT y Prat Gay pasó a un segundo plano.
El titular de Hacienda solamente reapareció en escena una vez que estuvo asegurado el acuerdo de los gobernadores provinciales con el proyecto que Quintana y el ministro Frigerio habían consensuado con los gremios y los líderes legislativos opositores, entre ellos Massa y Pichetto. De todos modos, habló de sus planes para 2017, con lo cual dio por ratificada su continuidad.
Una de las cartas ganadoras que presentaría Prat Gay llegado el momento será el resultado del blanqueo, estimado puertas adentro del gobierno en 80.000 millones de dólares. “Se van a quedar con la boca abierta”, deslizó el ministro. Por si acaso, la AFIP acaba de firmar un acuerdo con Estados Unidos para el intercambio de información tributaria, que presiona hacia el blanqueo.
Aunque la administración de Cambiemos aún no logra explicar a la sociedad los motivos por los cuales el Presidente reglamentó la ley de blanqueo de modo tal que pudieran ingresar al mismo los familiares directos de los funcionarios públicos. La oposición parlamentaria considera que Macri violó el espíritu de esa normativa.
El oficialismo, específicamente el PRO que es el núcleo del gobierno, oscila entre las decisiones que fortalecen la gobernabilidad y las que parecen sólo vinculadas a una forma pragmática de hacer política. Las imágenes de Macri y Vidal rodeados de sindicalistas y dirigente peronistas dicen bastante sobre ese estilo. Pero cabe preguntar: ¿La gobernabilidad justifica tanto pragmatismo?
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