Un primer paso para evitar la insólita permisividad en el uso de cuatriciclos

La intención formalizada a través de un proyecto ya presentado en la Legislatura bonaerense de que los conductores de cuatriciclos deban disponer de licencia de conducir y un seguro obligatorio, en un texto que además prevé el uso obligatorio de casco para ellos y sus acompañantes, constituye el primer paso hacia la regulación de una materia que se encontraba insólitamente librada al arbitrio de cada cual, sin cuadros normativos que regularan el uso de esos vehículos.

La iniciativa enviada desde el Ejecutivo bonaerense busca frenar los numerosos y graves accidentes que se producen con ese tipo de vehículos todos los veranos, especialmente en localidades y playas turìsticas. Tal como se informó en este diario, el punto clave del proyecto propone que los cuatriciclos sean considerados “vehículos automotores”, con lo cual sus conductores deberán llevar licencia de conducir, seguro, patente y casco homologado.

El proyecto establece asimismo que quienes manejan cuatriciclos sólo puedan hacerlo por zonas que designará cada municipio de la Provincia. Esos corredores seguros pueden ser calles o avenidas que conduzcan a los sectores de dunas donde se concentran motoqueros, espacios compartidos por otro tipo de vehículos y donde se concentrarían los operativos de control.

El proyecto también busca regular otros aspectos. Por ejemplo, no se permitiría que los vehículos de este tipo sean ocupados por más pasajeros que los que establece el fabricante, y se exigiría al conductor usar anteojos cuando los vehículos no cuenten con parabrisas.

Si alguna observación pudiera formularse, la única sería que resultaba ciertamente llamativo la demora institucional existente para cubrir lo que era un claro vacìo legal y, además, frenar de ese modo el número de accidentes en los que se ven involucrados este tipo de vehículo cada verano y en los que muchas veces hay conductores menores de edad.

Tal como se ha señalado, el problema no es nuevo en los balnearios atlánticos y es muy poco -por no decir absolutamente nada- lo que se habìia avanzado en resolverlo. Se había tardado inclusive en definir las características legales de los cuatriciclos, reglamentándose sólo que fueran conducidos por mayores de 16 años de edad. Sin embargo, bastaba recorrer las calles de los balnearios -ya ni siquiera las playas o médanos- para comprobar la cantidad de menores de corta edad que los seguían conduciendo.

En efecto, cualquier persona que observe lo que ocurre en las playas y calles de la costa atlántica -donde también estos vehículos se alquilan por horas- puede advertir con facilidad la gran cantidad de menores que se desplazan al comando de cuatriciclos. En rigor, también es común ver a menores manejando cuatriciclos no sólo en las localidades atlánticas sino en ciudades y pueblos de todo el territorio provincial.

Y ahora la cuestión se agrava por la creciente presencia de bicicletas a motor, sobre cuya circulación en la vía pública tampoco existen reglamentaciones precisas. Evitar al mínimo los riesgos que pueden causar, fijar las responsabilidades existentes para quienes conducen estos vehículos, así como para aquellos que los alquilan, determinar en forma fehaciente por qué lugares pueden circular, y definir los resguardos que deben adoptar los conductores (como el uso obligatorio de cascos, por caso) parecen ser, entre otros, algunos de los recaudos mínimos que hacen falta para verificar y, en su caso, legalizar el uso de cuatriciclos y bicimotos.

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