Las mujeres en política, con papel protagónico

En las últimas décadas, las mujeres han tenido un protagonismo central en la política argentina. El liderazgo que ejerció durante ocho años la ex presidenta Cristina Kirchner no fue un hecho aislado. Por el contrario, se inscribió en un contexto en el que diversas fuerzas políticas y espacios institucionales fueron influidas por liderazgos y conducciones femeninas.

Son numerosos los antecedentes que confirman este fenómeno. La elección legislativa de 2005, que consolidó de alguna forma lo que sería el ciclo kirchnerista iniciado dos años antes, dirimió una pulseada política de fondo en la que las protagonistas fueron dos mujeres: Cristina y Chiche Duhalde. El triunfo de la entonces primera dama fue el que reordenó al peronismo detrás del liderazgo de Kirchner.

Antes, en la etapa posterior al menemismo, también había sido un duelo legislativo entre mujeres el que abrió el camino a lo que sería después el gobierno de la Alianza. Una de las protagonistas también había sido Chiche Duhalde; la otra, Graciela Fernández Meijide.

En el 2007, cuando Cristina gana su primera elección presidencial, la pulseada más fuerte fue con Elisa Carrió; otro duelo entre mujeres.

El fenómeno, como se ve, atraviesa tanto al peronismo como a otras fuerzas del arco político. De los cinco últimos presidentes justicialistas, tres fueron hombres (Menem, Duhalde y Kirchner) y dos mujeres (Isabel y Cristina).

El escenario actual confirma este panorama: la Vicepresidencia de la Nación (y por lo tanto la titularidad del Senado) está en manos de una mujer, Gabriela Michetti, que viene -además- de dar una batalla interna por la Jefatura de Gobierno porteño. Son cinco las provincias gobernadas por mujeres (Catamarca, Santiago del Estero, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Buenos Aires). El caso de María Eugenia Vidal ha marcado un hito: es la primera mujer que gobierna el territorio bonaerense, donde algunos “politólogos” suponían que el liderazgo esencialmente masculino de los llamados “barones” del Conurbano levantaba una barrera contra la posible irrupción de un liderazgo femenino.

No se trata de números, en rigor: el dato es que las mujeres tienen hoy un evidente e indiscutible protagonismo en los estamentos de poder. Antes del fallecimiento de Carmen Argibay, eran dos las mujeres en la Corte nacional; la Cancillería está en manos de una mujer, Susana Malcorra, que además está en carrera para convertirse en la primera mujer al frente de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En estos años hubo mujeres al frente del ministerio de Economía (tanto en la Nación como en la Provincia), el Banco Central, la Corte bonaerense y muchos otros resortes fundamentales del poder institucional.

Fuera de los cargos ejecutivos, el liderazgo parlamentario de las mujeres también es evidente. Los casos de Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña y Mariana Zuvik, entre otros, muestra a las mujeres en una línea de alta exposición y de fuerte liderazgo en la lucha contra la corrupción.

Carrió y Stolbizer, a pesar de haber tenido magros resultados en sus últimas competencias electorales (Lilita dentro de la interna de Cambiemos y Margarita como candidata a Presidenta por el Frente Progresista), ocupan un lugar central en el actual escenario de la política y se han convertido, por caminos separados, en referentes de banderas éticas.

¿De qué habla este fenómeno de las mujeres como grandes protagonistas de la política? Por supuesto, de una evolución cultural. Es la propia sociedad la que les ha dado poder a las mujeres, incluso sin ningún sostén o referencia masculina. Porque algunos analistas podrían apuntar que muchas de las mujeres que han sido protagonistas en la política, han llegado a ese lugar por el liderazgo de sus esposos. La figura de Evita, asociada a Perón; por supuesto también la de Isabel. Más acá, la de Chiche Duhalde o la de la propia Cristina, aunque en ningún caso se les podría restar mérito propio para haber alcanzado los lugares que alcanzaron. Pero Cristina obtuvo su mayor caudal electoral después de haber enviudado. Y en los casos de Vidal, Michetti, Carrió, Stolbizer, Ocaña, Fernández Meijide, nadie podría adjudicarles un espaldarazo masculino. Fue únicamente su empuje el que las llevó a ocupar posiciones de mucha representatividad.

CONTEXTO INTERNACIONAL

La Argentina podría considerarse pionera en la participación femenina en la política. Sin embargo, está muy claro que el protagonismo de las mujeres en el poder es un fenómeno que se verifica en casi todo el mundo occidental.

Hasta hace pocos meses, antes de que Cristina Kirchner terminara su segundo mandato y Dilma Roussef fuera desplazada por un juicio político, tres de los principales países de América Latina (Argentina, Brasil y Chile) estaban gobernados por mujeres.

Ahora mismo, dos de las principales potencias occidentales (Gran Bretaña y Alemania) están gobernadas por mujeres (Theresa May y Angela Merkel) y podría ocurrir, a partir del año que viene, que Estados Unidos también tenga su primera presidenta mujer, Hillary Clinton. Hay que anotar que también el Fondo Monetario Internacional está conducido ahora por una mujer y no se descarta que esa misma situación se produzca en la ONU (donde, además de Malcorra, otras mujeres compiten por la secretaría general).

Sobre el liderazgo de Hillary no caben dudas en Estados Unidos. Ya había sido precandidata presidencial (perdió con Obama) y manejó la estratégica Secretaría de Estado durante la primera presidencia del actual líder demócrata. Pero en las gestiones de su esposo tuvo una fuerte influencia.

Tal fue su protagonismo, que se hizo célebre un slogan con el que Clinton ganó su reelección: “Vota a uno y se lleva dos” (en referencia a Hillary). Muchos analistas norteamericanos le han atribuido a Hillary un rol fundamental en la llegada de Bill a la Casa Blanca.

REFERENCIAS HISTORICAS

Sobre las mujeres y la política argentina podrían escribirse -y se han escrito- varios libros. Pero vale la pena, al menos, repasar algunos hitos.

Un hecho fundamental fue la Ley de sufragio Femenino de 1947 y la consecuente elección de 1949, la primera en la que las mujeres argentinas pudieron votar.

Después vino la Ley de Cupo Femenino de 1991, que estableció un piso mínimo del 30% de participación femenina en listas electorales. Ahora se le intenta dar impulso -en medio de fundadas oposiciones- a una ampliación de ese cupo para llevarlo al 50 por ciento.

Pero ya en el siglo XIX, cuando votar o ser electo era cosa de unos pocos o de casi nadie, había mujeres que jugaron un rol fundamental en la política argentina. Entre las principales, los historiadores destacan a María Sánchez de Thompson, patriota y militante de la revolución de Mayo de 1810. Apoyó la causa de la independencia, participó activamente en el debate público y fue exiliada por su oposición al régimen de Rosas.

En la actualidad también se ha rescatado figuras como la de Juana Azurduy, patriota y comandante de guerrillas en el Alto Perú durante las Guerras de Independencia, por lo que llegó al cargo de coronel y luego fue ascendida post-mortem a general, debido a sus grandes servicios militares.

Aún después de la independencia, muchas de estas mujeres siguieron teniendo un rol político o en la sociedad durante las guerras civiles y el gobierno de Rosas. Ninguna mujer de esa época fue, sin embargo, tan importante como Encarnación Ezcurra, esposa del caudillo Juan Manuel de Rosas, proclamada por éste como Heroína de la Federación, y símbolo del régimen rosista y del Partido Federal por años. Fue la principal impulsora de la Sociedad Popular Restauradora y su brazo armado -la Mazorca-

Incluso tras su muerte, Rosas la mantuvo como símbolo de su régimen y de la Federación en una especie de culto de personalidad, lo que junto a su rol como instigadora de persecuciones y violencias de la Mazorca, le han dado un puesto lúgubre en la historia.

Distinto fue el rol de las mujeres del Siglo XX, entre ellas las más famosas: Alicia Moreau de Justo, Eva Duarte de Perón y María Estela Martínez de Perón. Las tres fueron esposas de grandes políticos, las tres tuvieron roles de enorme importancia en la historia política argentina, las dos primeras como figuras del feminismo en la política, la tercera como primera mujer en llegar a la Vicepresidencia y a la Presidencia.

CONTRASTES

Por supuesto, no pueden sacarse conclusiones uniformes sobre el papel que cumplieron las mujeres en la política. Sería tan absurdo como intentar juicios sobre los resultados que obtuvieron los hombres en la actividad pública.

Muchas mujeres se han destacado por su coraje, por su talento y su eficacia en la función pública. Otras lo han hecho por la honradez y la sensibilidad. Las ha habido, también, las que no se han destacado por ninguna o casi ninguna de esas virtudes. Y, por supuesto, las que han combinado cosas rescatables y repudiables en el ejercicio de funciones encumbradas. Lo han hecho -y lo hacen- como seres humanos, con fortalezas y debilidades.

Pero un dato es relevante y, a la vez, indiscutible: la mujer, en la política argentina, ha tenido y tiene un protagonismo fundamental. Aunque hay debates abiertos y posiciones encontradas sobre la vigencia de supuestos criterios discriminatorios, algo es evidente: ningún prejuicio social ha impedido que las mujeres llegaran a los escalones más altos del poder en la Argentina. Y el mundo ha recorrido y recorre el mismo camino.

Buenos Aires
Carmen Argibay
Chiche Duhalde
Cristina Kirchner
Elisa Carrió
Gabriela Michetti
Graciela Fernández Meijide
María Eugenia Vidal
Santa Cruz
Susana Malcorra

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