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21.4.2018
LA UNLP DECIDIÓ CERRAR SU SITIO DESTINADO A FESTEJOS

El “festejódromo” para las recibidas se mudó a la Catedral y lo “blindaron”

La tradición platense se había concentrado en la entrada de la iglesia mayor. La Curia dijo que la vallaron a causa de los “excesos”

Ayer a la mañana la catedral fue vallada debido a que los festejos terminaban con pintura derramada y pintadas. pero no todos respetaron las vallas. Festejo y enchastre / D. Ripoll

El paseo por el centro de la ciudad. un clásico tras las “ensuciadas”, que están en temporada alta / C. Santoro

Amigos y familiares preparan el festejo con tiempo. A la “ensuciada” ahora le sumaron disfraces / G. Calvelo

Desde hace más o menos un mes, la Ciudad entró en temporada alta de festejos por recibidas. Una tradición que combina un colorido inigualable con enchastres totales en espacios públicos. El respeto no abunda durante las “ensuciadas” a los flamantes graduados. A punto tal que ayer a la mañana fue vallada la Catedral, cuyas escalinatas eran un auténtico festejódromo. “Tiraban hasta pintura y, por supuesto, nadie limpiaba”, explicaron en la Curia.

No faltaron, desde ya, quienes se saltaron las vallas. Pero la mayoría utilizó la ancha vereda de la iglesia mayor y otros cambiaron las escalinatas por las fuentes de Plaza Moreno.

En 14, 51 y 53, informaron que “el fin de semana se va a quitar parcialmente el vallado, y se volverá a cerrar el lunes. Los últimos días fueron un desastre, con cientos de personas tirando desde huevos hasta pintura”, comentaron.

la otra cara de los festejos

Una joven madre caminaba junto a su hijita, de no más de 4 años, por calle 47 en dirección a 6, y a metros de la esquina la pequeña le dijo: “Mamá, hay olor a recibida”. La chica rió. Y la niña también.

La anécdota, que ocurrió hace unos diez días en la zona de Ciencias Económicas, es la mejor muestra de que las “ensuciadas” son muy platenses. Lo que en otras ciudades sería olor a podrido (que en gran parte lo es), aquí es un aroma tan característico de los festejos de graduación universitaria que aquella nena lo bautizó como “fragancia a recibida”.

En estos días es común ir por cualquier calle y escuchar un concierto de bocinas. Nadie se sorprende. Ya saben de qué se trata: algún chico o chica acaba de diplomarse.

El primer auto de una larga caravana llevará al flamante profesional en el baúl, semidesnudo, aunque cubierto por una mezcla de componentes que mejor no conocer. Pero el ritual empieza mucho antes. En la casa del alumno o alumna y en la de amigos y familiares, donde se reúnen los ingredientes del enchastre y se preparan carteles y hasta disfraces.

Tras el último examen, la espera en la puerta de la facultad está cargada de ansiedad. Hasta que aparece el egresado o egresada y se desata la “ensuciada”: cuánto peor, mejor.

Tras la eliminación del festejódromo oficial de 7 y 48 por parte de la UNLP, en Derecho enchastran la vereda ensanchada del ex Jockey Club. Económicas festeja sobre 6. Y las unidades académicas del Bosque suelen hacerlo en el paseo público.

Las recibidas se bambolean entre el colorido y tradicional festejo y el enchastre total. Que, por cierto, no sería tan difícil de evitar.

 

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