Justificadas protestas por las demoras inconcebibles de las obras de electrificación del Roca

En julio del año pasado se trataba en esta columna el tema –reiterado, por cierto, a través de muchas décadas de frustraciones- de las obras de electrificación del tren Roca y, tal como se dijo entonces, se suponía que por última vez se barajaba la alternativa de que finalmente se concretara un emprendimiento largamente reclamado por los platenses. Al menos, así lo auguraban las promesas oficiales.

Sin embargo, se trató de un vaticinio optimista ya que las nuevas postergaciones que vinieron sufriendo los trabajos volvieron a dejar sin fecha cierta el arribo de las formaciones a las estaciones de Villa Elisa y City Bell. Entre tanto, ahora se anunció que proseguirán las tareas de tendido de las catenarias, la construcción de andenes faltantes y el viaducto previsto entre Ringuelet y Tolosa, para permitir de ese modo la llegada del tren eléctrico a la terminal platense.

Como directos perjudicados de estas demoras se encuentran los miles de pasajeros que, de ese modo, continúan obligados a concretar esperas eternas para tomar los micros que reemplazan al servicio ferroviario, en el tramo que va de La Plata a Berazategui y viceversa.

En una reciente nota publicada en este diario, los usuarios protestaron por los sucesivos aplazamientos de la obra de electrificación. Lejos quedó, entonces, aquel anuncio realizado en septiembre de 2015, cuando se dijo que la obra demandaría tres meses, con fondos de un préstamos de 500 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo.

Luego de lo anunciado en julio de 2016, se anunció en forma oficial que el tren iba a llegar en diciembre de ese mismo año a Villa Elisa y City Bell, pero ese plazo venció, pasó enero y las formaciones aún llegan solamente hasta Berazategui.

Lo cierto es que –más allá de confiar en que los anuncios se conviertan, de una buena vez, en hechos concretos- la obra de electrificación del ramal Quilmes debiera servir como ejemplo de lo que no debe ser, de lo que no debiera ocurrir nunca más. Que se haya tardado más de sesenta años en concretar la electrificación de un tramo ferroviario de 50 kilómetros de extensión constituye, ciertamente, un claro exponente de la inoperancia mayúscula de muchas y sucesivas administraciones.

Inoperancia que se ha traducido para la población de la zona en la penosa necesidad de viajar en condiciones cada vez más deprimentes, pues la calidad del servicio ferroviario nunca dejó de declinar aún más. Lo cierto es que, además, la falta de electrificación del servicio ferroviario constituyó un claro perjuicio para la capital del primer Estado, que, además de haber bregado por ella en forma infatigable –uniendo la voluntad de gobiernos y de entidades intermedias que se manifestaron reiteradamente en su favor- se vio discriminada y postergada frente a otros ramales que sí obtuvieron las ventajas modernizadoras que supone ese sistema

Es de esperar, entonces, que los anuncios oficiales no concluyan –como tantas otras veces- en una nueva frustración y que, cuanto antes, concluya esta inconcebible demora en la aplicación de un adelanto indispensable en materia de transporte ferroviario. Tal como se ha dicho tantas veces, la importancia demográfica y política de la ciudad de La Plata aconseja, desde hace demasiado tiempo, que se vea contemplada de una vez por todas en la ejecución de una obra que no es compleja y que, según dijeron siempre los especialistas, ni siquiera es demasiado costosa, en comparación con los beneficios que ella aparejará.

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