Necesidad de evitar el colapso, dándole vida al Puerto local

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Hace tres años se ensalzaba en esta columna el inminente inicio del funcionamiento de la terminal de contenedores del Puerto La Plata anunciado por las anteriores autoridades de la Provincia, considerándose a ese hecho como decisivo para impulsar una reactivación económica, laboral y urbanística de la Región. Antes de ello, en 2009, había sido presentado oficialmente como “el mayor desarrollo portuario en la Argentina en los últimos cien años”.

La sola alternativa de que se previera el desplazamiento de unos 700 camiones diarios implicaba, en la práctica, la búsqueda de alternativas viales que descartaran a la Autopista La Plata-Buenos Aires, previéndose –tal como sigue proyectado- la utilización de la avenida 90 como contacto con la ruta 6 para que el Puerto local quedara conectado con el área metropolitana y la zona industrial lindante al puente Zárate-Brazo Largo.

Todo planteaba un desafío digno de enfrentar y superar. Como se sabe, el emprendimiento impulsado en 2009 proyectaba para 2012 un movimiento anual de dos millones de contenedores con mercadería a La Plata como efecto “derrame” de la actividad del puerto porteño.

Las más altas autoridades de la anterior administración provincial se comprometieron a promover las obras viales necesarias para que el flujo de 700 camiones diarios que se había estimado pudiese ingresar a la terminal ubicada a pocas cuadras del centro de Berisso. Pero ni los contenedores llegaron ni las obras se hicieron, a pesar de que el emprendimiento fue “inaugurado” con bombos y platillos en tres ocasiones.

Lo cierto es que el movimiento portuario apenas llegó a los 900.000 contenedores por lo que Buenos Aires tuvo “espacio de sobra”, lo que determinó el certificado de defunción de la terminal berissense. Ahora, tal como se informó, la terminal de contenedores del Puerto de La Plata se encuentra paralizada. La empresa que la operaba, TecPlata, cerró sus puertas en diciembre del año pasado y despidió a 140 trabajadores, parte de los cuales siguen cobran un “salario de emergencia”.

De este modo, una vez más –tal como ocurrió con iniciativas trascendentales como las de la electrificación del tren Roca, la habilitación de un aeropuerto acorde a la importancia de la capital del primer Estado, o la de la misma Autopista, que sufrió una postergación de medio siglo hasta su concreción- se ve demorado para nuestra zona otro megaproyecto posible y cargado de muy valiosas derivaciones.

Cuando hasta hace pocos años se aludía a la inminente reactivación del Puerto, se hablaba no sólo de nuevas trazas viales, sino, inclusive, de la utilización y proyección del ferrocarril, activando las líneas férreas existentes y tendiendo nuevos ramales.

Se está, sin dudas, ante una iniciativa que sigue siendo primordial para toda la Provincia , para su mejor y más armónico desarrollo económico e industrial, que no debiera quedar abandonada. Son los funcionarios provinciales, las autoridades de los tres distritos locales y, los colegios profesionales y las instituciones representativas las que debieran reaccionar, para garantizar el funcionamiento de la terminal de contenedores y la reactivación regional.

Es de esperar, entonces, que desde nuestra zona de impulsen acciones y gestiones -serias y responsables- a favor del pleno funcionamiento del Puerto local, evitándose primeramente la caída de tantas fuentes de trabajo y, esencialmente, apuntándose a la presencia de resortes productivos de excelencia, que así podrán sumarse al fecundo capital académico con el que cuenta nuestra región, buena parte del cual se encuentra también desaprovechado.

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