La Plata es una de las pocas ciudades del país que tiene normativas explícitas sobre las veredas: color y modelo según si es calle, avenida o diagonal. Por diferentes razones se ha ido perdiendo el respeto por estas normas. A pesar de ser un espacio compartido entre el vecino y la Comuna, es necesario que el Estado municipal tenga un rol más activo para mejorarlas y preservarlas.
Además, la Ciudad tiene un problema con sus reglamentaciones, porque el tamaño de las baldosas reglamentarias son chicas, y es más fácil que se rompan. En otras ciudades, las superficies de las baldosas son más grandes y el riesgo de que se destruyan es menor.
En La Plata, los árboles y las cañerías destruidas, ponen en jaque a las veredas, a lo que se debe sumar la recurrencia de lluvias intensas.
Esto genera la necesidad de promover materiales que permitan tener mayor absorción.
En las actuales condiciones, en muchos sectores de la Ciudad las baldosas son inaccesibles, por lo que la transforman en una ciudad poco amigable, fundamentalmente para gente que tiene dificultades para movilizarse. Desde el colegio de Arquitectos Distrito 1 se trabaja en diferentes propuestas para que se ponga en marcha un programa de accesibilidad, al menos para el casco urbano, en una primera etapa, generando circuitos previsibles para que todos los vecinos puedan recorrerlas sin inconvenientes y disfrutar del espacio de uso común.
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