Sigue sin ceder la cantidad de delitos violentos en la Región
Edición Impresa | 3 de Septiembre de 2017 | 05:55
La sucesión de delitos que se comete en forma cotidiana en nuestra región, con una intensidad que no cesa y, en muchos casos, con muestras de inusitada violencia por parte de los delincuentes, vuelve a inquietar y a suscitar en la población un fuerte reclamo por la inseguridad que agobia tanto al centro como a los barrios de La Plata, Berisso, Ensenada y ciudades vecinas.
Asaltos a mano armada a comerciantes, robos con armas a peatones, entraderas con escalamiento o bajo la modalidad de los “patachorros”, propietarios de viviendas golpeados y maniatados por ladrones que, en su mayoría, son jóvenes de corta edad, domicilios que son saqueados aprovechando la ausencia de los dueños, motochorros que sorprenden a otros automovilistas o a peatones, lo cierto es que la ola delictiva se presenta bajo diversas formas y, lamentablemente, muchas veces con el saldo de víctimas fatales o heridas de gravedad.
De lo marcado por las cotidianas noticias publicadas en este diario surge que son todos los vecindarios y personas de cualquier edad o condición quienes sufren esta serie de delitos. En este sentido, es coincidente en todos los barrios –muchos de ellos pertrechados ya por diversos tipos de alarmas- la sensación de miedo, impotencia y hartazgo que originan estos episodios.
No puede negarse que en las últimas tres décadas han existido en la Provincia esfuerzos institucionales –algunos de ellos de muy onerosa aplicación- destinados a modificar la funcionalidad policial y judicial, reformándose las estructuras existentes o creando nuevos cuerpos, como el de la policía municipal, propiciadas por primera vez a mediados de la década del 90, que recién cobró vigencia pocos años atrás y que no aportó, hasta ahora, mejoras ostensibles.
Lo mismo puede decirse de algunas otras modificaciones procesales de fondo que, sin embargo, no impidieron que la espiral de inseguridad siguiera creciendo. Las grandes distancias existentes en una provincia tan extensa y compleja como la de Buenos Aires, con realidades diversas, contribuye a dificultar la aplicación de esas modificaciones, existiendo, en cambio, políticas discontinuas o erráticas en materia de seguridad.
El reclamo vecinal, que siempre apunta a la necesidad de que existan más policías en las calles y mayor cantidad de patrullajes, choca muchas veces con la falta de respuesta concreta de las autoridades
El reclamo vecinal, que siempre apunta a la necesidad de que existan más policías en las calles y mayor cantidad de patrullajes, choca muchas veces con la falta de respuesta concreta de las autoridades. Frente al verdadero diluvio de robos y otros delitos, la población ha terminado por apelar a mecanismos propios de defensa, como la colocación de cámaras, rejas y otras defensas en sus domicilios. Sin embargo, la delincuencia no ha cedido y, por el contrario, se ha vuelto más violenta.
Las propias autoridades han escuchado en reiteradas oportunidades estos mismos requerimientos, cuando mantienen reuniones en los distintos vecindarios. No obstante lo cual, no pocas veces, desde estamentos gubernamentales, en algunas oportunidades, se incurrió en el error de hacer interpretaciones politizadas de hechos que, claramente, no están influidos por ninguna otra cosa que no sea la genuina preocupación ciudadana por la seguridad pública.
Es de esperar, en suma, que se redoblen esfuerzos y se replanteen estrategias en la lucha contra la inseguridad. Frente a esta problemática no debe permitirse ningún tipo de resignación o acostumbramiento. Está claro que no existen soluciones mágicas para una cuestión de tanta complejidad. Pero, frente a ella, no hay que negar la realidad que plantea esta agudizada ola delictiva y es preciso, en cambio, buscar fórmulas y acciones eficaces para combatirla.
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