El acuerdo del Fondo vino a traer algo de calma a una crisis que ya tocaba a la mesa chica

Por RICARDO ROSALES

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Por RICARDO ROSALES
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Tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, aprobado por el directorio del organismo el viernes pasado, la Argentina recibirá 56.300 millones de dólares en tres años, de los que el 88% ingresarán en los siguientes doce meses. Es decir, en el período de la Presidencia de Mauricio Macri. El Gobierno, a su vez, se comprometió a eliminar el déficit fiscal primario e implementar una política monetaria de emisión cero hasta junio del 2019. La noticia vino de la mano de la media sanción en Diputados del proyecto de Presupuesto del año próximo y el compromiso de un sector del PJ en el Senado de acompañar la iniciativa oficial y dar sanción definitiva a esta ley. Puede no suponer mucho, pero representa un quiebre de las expectativas más negativas.

Los ruidos políticos de semanas anteriores abrieron dudas sobre la fortaleza del Gobierno de enderezar la crisis y conducirla con algún éxito a la elección presidencial del año próximo. Hubo fuego graneado desde la oposición, pero también las objeciones surgidas dentro del oficialismo, y no solo con los sectores aliados del radicalismo y de la Coalición Cívica, sino en la mesa chica de Cambiemos por la suerte echada a la provincia de Buenos Aires en la negociación con los gobernadores peronistas. De igual manera, existieron dudas en el exterior y en el board del Fondo Monetario Internacional por el derrotero de la clase política argentina. No fueron en particular las declaraciones de Sergio Massa en EE UU de amenazar con revisar el acuerdo con el organismo, sino la expresión de una continuidad de irresponsabilidades: nadie va a pedir dinero y antes de recibirlo, vocifera a su prestamista “no se si te la voy a devolver”.

El clima mejoró con en los últimos días que se reflejaron con altibajos en lo financiero. Los vaivenes internacionales en los mercados no dieron mucho espacio al nuevo escenario local, pero los pronósticos que surgen en el exterior para la Argentina son ahora un poco más optimistas. Las noticias de Brasil, con Jair Bolsonaro ganando en la segundo vuelta, aparecen como otro factor de recuperación político. En cuanto a las perspectivas económicas, los pronósticos son difíciles de acertar, pero para una parte de los economistas profesionales, hoy no parece tan descabellado suponer un fuerte rebote en el nivel de actividad a partir de la segunda mitad del 2019. Los determinantes serían la producción agroindustrial, que se recuperaría de la última sequía, y una probable recuperación del mercado interno brasileño, a donde van alrededor del 80% de las exportaciones industriales de la Argentina.

El programa aprobado con el Fondo Monetario se puede simplificar en pocos objetivos y muy concretos. Respecto de la posición fiscal, el gobierno argentino se propone lograr el equilibrio primario en el 2019 y superávit primario a partir del 2020, incrementando los ingresos y recortando los gastos. Para el año próximo, se agregaron impuestos a las exportaciones, incremento a los bienes personales, reducción de los subsidios a la energía y compromiso de mejorar la estructura de transferencia a las provincias y una reforma previsional. En lo monetario se reemplazo el régimen de metas de inflación por el objetivo de un compromiso de limitar el crecimiento de la base monetaria a cero por ciento mensual, hasta junio del 2019.

Respecto a las tasas de interés, la regla es no dejar que sean menores a 60% las de corto plazo hasta que las expectativas inflacionarias proyectadas a 12 meses hayan disminuido de manera contundente por lo menos por dos meses consecutivos. El ministro Dujovne estimó que la inflación de diciembre podría llegar al 2%. Ese porcentaje sería el tomado como referencia para permitir la reducción de las tasas. En cuanto a la intervención del Banco Central en el mercado de cambios, se adoptó un régimen de tipo de cambio flotante. Sólo habría intervención fuera de una banda muy amplia.

El capítulo más relevante, son los desembolsos que recibirá la Argentina. En este año, el aporte financiero aumenta a casi el doble respecto del programa anterior. Es decir, sería de 13.400 millones de dólares, que se suman a los 15.000 millones ya disponibles. Para el 2019, la asistencia también se refuerza, llegando a 22.800 millones de dólares. Para el período 2020-21, los fondos disponibles caen abruptamente a 5.900 millones. La razón sería muy directa: un mensaje para el próximo gobierno.

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