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Desde mañana al domingo

“Mi fiesta”: cuerpo, música y literatura, tres planos para narrar a Mayra Bonard

La performer trabaja con elementos diversos en otra propuesta experimental del TACEC, dirigida por el inclasificable Carlos Casella

“Mi fiesta”: cuerpo, música y literatura, tres planos para narrar a Mayra Bonard

Bonard y Casella / Teatro Argentino

El TACEC, el espacio de teatro experimental ubicado debajo del Teatro Argentino, ha brindado en las últimas temporadas algunas de las obras más desconcertantes, disruptivas y personales de los últimos años en la Ciudad, y ese camino parece proponerse “Mi fiesta”, obra performática donde música, cuerpo y texto forman planos que se unen y se separan proponiendo al espectador completar la obra, ampliando las posibilidades de sentidos más allá de lo antagónico, del bien y el mal, lo moral y lo amoral.

Así explica la obra que se verá desde mañana al domingo, a las 20 en el espacio de 53 y 10, Carlos Casella, que dirige en la propuesta a Mayra Bonard, única intérprete sobre escena: ambos artistas, fundadores e integrantes del mítico grupo El Descueve, componen un equipo que completan Pedro Mairal y sus textos, Diego Vainer en la música y Matías Sendón en el diseño de iluminación.

“Venimos del teatro físico y de la mezcla de lenguajes, la danza, el teatro, la música”, explica Casella, y revela que el espectáculo se formó “a través de la experiencia, del experimento”: Casella trabajó con Mayra, quien quería incorporar ciertos elementos de uso cotidiano, una soga, un vaso, papel film, frutas, al espectáculo: ese fue el punto de partida, desarrollando entre los dos “escenas que tenían que ver con lo físico, con el espacio y con el uso atípico, poético, de estos elementos”.

“Teníamos un trabajo armado con una fisicalidad bastante grande, y sobre eso nos unimos con Mairal y empezamos a ver sobre qué temática queríamos trabajar: probamos varias temáticas, que tuvieran que ver con ciertas experiencias límites, que estuvieran en el borde de lo antagónico, de lo que está bien y lo que está mal, lo moral y lo inmoral, cosas que estuvieran en un claroscuro, que no pudieras instalarte de un lado o del otro”, revela Casella la incorporación del escritor.

Como la obra estaba basada en el cuerpo de Mayra, dice, decidieron tras probar con varios relatos con Mairal “trabajar con el historial verdadero de ella: entonces empezamos a trabajar con anécdotas de sus etapas, desde su etapa presexual hasta al adultez”. Así quedó compuesto el arco narrativo de la obra que hacia el final, “hace una curva donde transgrede cualquier tipo de anécdota y se vuelve algo relacionado al pensamiento en sí mismo”.

Mairal se entrevistó con Bonard y escribió a partir de sus relatos textos “coloquiales, pero que no dejan de ser un texto, porque queríamos que tuviera un trabajo literario, que no quedara en una instancia de persona contando historias de su vida. Esta torcido desde la realidad hacia una estética de la literatura”, reflexiona Casella. Esos textos, como todo, pasan en escena “por el cuerpo de Mayra”, que “mientras hace con el cuerpo cuenta con la voz”. Suena, además, la música de Vainer, conformando así varios planos de sentido que a veces se complementan y a veces se contraponen. “El espectador amasa lo que sucede en escena, Mayra no lo da amasado: tiene que hacer su propia forma del espectáculo”, analiza el director de la pieza.

Director, claro, es el rol “esquemático” que queda asignado para Casella que, al igual que “Mi fiesta”, escapa a los encasillamientos y a las funciones fijas. Durante su carrera ha sido cantante, actor, coreógrafo, director, un espíritu que diluye los límites clásicos que se reflejan en su trabajo desde los tiempos de El Descueve. “Desde que empecé a trabajar en la creación busqué nuevas formas, estructuras, canales de comunicación. Ya había estructuras establecidas, sobre todo en la danza, y siempre quisimos encontrar una manera personal, propia. Y la manera que encontramos fue fusionar elementos de donde necesitemos y querramos, sin ningún tipo de prejuicio de si somos actores, cantantes, bailarines. Empezamos a trabajar con un concepto de escena, de teatralidad, desde el cuerpo, la voz, el pensamiento”, explica sus ideas estéticas el artista multifacético que trabajó en los inicios de De La Guarda y ganó tres Premios ACE por “Babooshka!”, para quien “ese pensamiento de ‘estoy disolviendo’”, en 2018, resulta viejo: “Ya está bastante disuelto todo, a menos que vayas a cuestiones muy encajonadas”, dice risueño. Pero ahora aterriza en un teatro clásico, donde ese encajonamiento existe, al menos en la planta alta de la institución. Pero, interpone, “el TACEC funciona abajo, es como la catacumba del escenario de la Ginastera, el techo del TACEC es el escenario de la Ginastera: resulta también inquietante y subversivo, mismo dentro de la producción del Argentino, estar haciendo esto”.

 

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