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LA ESTRECHA RELACIÓN ENTRE EL ARTE FOTOGRÁFICO Y LA HISTORIA PLATENSE

Un festival de luz en La Plata

En cinco espacios de la Ciudad se desarrolla uno de los encuentros fotográficos más prestigiosos del país y de Latinoamérica. Exponen Wherteim, Sazunic, Aguiar y los platenses Chierico y Merlo

Promesante, un documento visual sobre el deseo de habitar / Mario Chierico

Farewell / Silvina Sazunic

Salon De Las Provincias / Arturo Aguiar

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

La Plata está siendo visitada por una de las disciplinas más creativas del quehacer humano: la que se dedica a capturar imágenes. Pero, en este caso, de imágenes enriquecidas por la añadidura del arte. Lo cierto es que, en cinco espacios de la Ciudad, se desarrolla en este mes de agosto la treinta edición del “Festival de la Luz”, la más caracterizada exposición fotográfica de la Argentina y el mayor encuentro de su tipo en Latinoamérica.

En distintos museos y sedes, cinco fotógrafos preseleccionados por la entidad que patrocina esta muestra –tres de distintas partes del país, dos platenses- no sólo exhiben sus obras, sino que participan en conferencias, talleres y mesas redondas sobre el tema de la fotografía. Con esta muestra se estrecha aún más la pretérita relación existente entre La Plata y la fotografía. Una historia con eje inicial en el periodismo local, con fotógrafos legendarios como Dascanio, Casalánguida, Di Bastiano y el aún vigente Chochó Santoro. Pero con el aporte contemporáneo de fotógrafos artísticos consagrados en el país –algunos de ellos con fuerte componente social en sus trabajos- como Ataulfo Pérez Aznar, Helen Zout o José Luis Mc Loughlin, entre muchos otros.

Existen también valiosas escuelas de fotografía, como la de Vicente Viola, y muchos espacios juveniles que promueven una dinámica movida fotográfica, acaso también como resultado de lo que advirtió recientemente Chochó Santoro: “En la Argentina hay 40 millones de fotógrafos, que es el número de celulares, como mínimo uno por habitante”.

Bioy Casares, además de escritor, fue también un obstinado y buen fotógrafo

 

Hay claro, también, fotógrafos de ficción en La Plata, incluidos en sus obras por escritores como Adolfo Bioy Casares. En el caso de Bioy, se dijo ya en esta columna, algunos creen ver en la semilla de “La invención de Morel” la adicción que sentía Bioy Casares por la fotografía, plasmada en la novela “La aventura de un fotógrafo en La Plata”, que publicó en 1985.

Allí el personaje central, el fotógrafo Almanza, a quien le encargaron una serie de fotos de nuestra ciudad, definió en una frase cargada de contenido su visión sobre La Plata: “Es una ciudad nueva, de gran pasado. Su pasado es de cuando el país tenía futuro”.

Lo cierto es que, dedicado por entero a la literatura, en su vida real Bioy fue también un obstinado y buen fotógrafo. Su devoción por la imagen ya era anterior a “La invención de Morel” (1940), en donde tramó esa anticipación tecnológica que luego se llamaría holograma, mucho antes inclusive de que la televisión llegara al país.

Según alguno de sus apologistas, Bioy veía en la fotografía un mecanismo para detener el tiempo. Para preservarlo y también proyectarlo. El fotógrafo Almanza vive una historia especial en la novela, mientras inmortaliza, acaso sin darse cuenta, a una ciudad rica en valores y en misterios que no puede descifrar. Una ráfaga de “La invención de Morel” sopla sobre este libro.

FESTIVAL DE LA LUZ

Quien estos días quiera ver la comunión entre luz y fotografía, puede hacerlo en forma gratuita en el MUMART, ubicado en el Pasaje Rocha, donde expone Andrés Wertheim; en el Museo Pettoruti, de 53 entre 5 y 6, con fotos de Silvina Sazunic; en el Teatro Argentino, en donde la muestra corresponde a Arturo Aguiar. Y los dos platenses son Marcelo Merlo, que expone en Anexo del Senado de 7 y 49 y Mario Chierico, en la Residencia Corazòn de calle 2 Nº 736, entre 46 y 47.

Organizado por la Fundación Luz Austral que dirigen Elda Harrington y Silvia Mangialardi, el Festival de la Luz se desarrolla en el país y en varias ciudades a la vez. En el último, realizado en 2016, se presentaron 111 muestras en veinticinco ciudades de la Argentina, con la intervención de 300 fotógrafos representantes de 31 países. La cantidad de expositores y de público aumenta año tras año.

A cargo de la coordinación de esta suerte de maratón expositora se encuentra Bárbara Rodríguez Laguens, ex directora del Mumart, licenciada en Artes Plásticas y dedicada fundamentalmente a la gestión de Museos. Ella advirtió ahora que todas las muestras se extienden hasta fin de agosto, salvo la de Wertheim en el Mumart que será levantada cuando finalice la jornada de hoy. Vale absolutamente la pena ver las fotos del sanisidrense Wertheim.

LOS FOTOGRAFOS

Una suerte de mareo estético invade a quien mira las fotos de Wertheim. Es difícil decirlo, pero cómo explicar que en su obra la foto es la que fotografía al espectador. “La interacción entre las obras de arte de un museo y el público siempre me ha fascinado. Se supone que cuando la gente va a un museo, observará atentamente las pinturas y esculturas y leerá concienzudamente los paneles explicativos. Pero qué pasaría si los personajes retratados en cuadros cercanos mirasen a los visitantes mientras ellos no les prestan atención...¿qué escenas inusuales encontraríamos?”dice el fotógrafo. El resultado de esa fusión es maravilloso. El público es como un espíritu inadvertido e incorporado a la foto.

En el anexo del Senado el platense Merlo expone una antología sobre la obra del escultor ítalo-argentino Francisco Salamone, que construyó más de sesenta edificios y plazas, todos muy originales, en veinticinco municipios de la provincia de Buenos Aires. Dice Merlo: “Dentro de lo salomónico, sería así: estoy tratando de escribir la partitura visual de la obra de Salamone. Estas fotos no tienen mayores referencias de escala de escala o ubicación y ni siquiera de tiempo”.

Aguiar en el Teatro Argentino expone una “poética fotográfica que, como él la define, “intenta subvertir los códigos y convenciones del lenguaje que la expresa”. En cuanto a la técnica empleada “ilumino la escena manualmente, creando con la luz un espacio de subjetividad que imprime relatos en la imagen. El uso de la luz y el color tienen un sentido plástico y conceptual. Nada puede conocerse sin las luces y las sombras”

Aguiar expone en el Argentino una “poética fotográfica” que intenta subvertir códigos

 

En el Museo Pettoruti, las fotos de Sazunic presentan un estudio llamado Farewell, considerado el más poético de sus trabajos, “donde la naturaleza se convierte en pura metáfora”. Las imágenes de la artista “comunican en silencio, en estos tiempos de ruido y aturdimiento, así que Farewell propone abstracción e instrospección”.

A su vez, el platense Chierico, que expone en la residencia Corazón, sostiene que, “al igual que un promesante –es decir, aquella persona que está cumpliendo con una promesa- el artista también cree y espera, pero, a distancia de esa mediación milagrosa, debe observar, clasificar y reorganizar por cuenta propia” su mensaje.

Acaso corresponde agregar aquí lo que dice Leonardo Da Vinci en su precepto 343 del “Tratado de la pintura” que escribió hace tantos siglos, antes de que existieran las cámaras y lentes fotográficas: “Las figuras tienen mayor gracia si están con luz universal que cuando sólo las alcanza una luz escasa y particular, porque sólo la luz grande y clara abraza todos los relieves del cuerpo”. En este festival que se realiza en La Plata, la luz que sugiere Leonardo, la luz universal, es la que seguramente irradiará la visión de los espectadores.

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