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Un Shakespeare con escena en Villa Elvira y en busca de inclusión

Subvencionada por el Teatro Cervantes, la obra “Jamlet en Villa Elvira” ayer se presentó con recursos para personas ciegas y sordas

Un Shakespeare con escena en Villa Elvira y en busca de inclusión

en escena. anoche, en el espacio de 17 y 68, una experiencia teatral pionera en la inclusión/ demian alday

Por: Laura Garat
lauragarat@eldia.com

17 de Noviembre de 2019 | 04:12
Edición impresa

Incluir o incluir. Esa es la cuestión. “Jamlet en Villa Elvira”, la obra de un platense que subvenciona el Teatro Nacional Cervantes le abrió primero la posibilidad de entrar al circuito formal teatral a tres jóvenes de una barriada de la periferia que soñaban con la actuación; después se dejó ver con entrada gratuita entre los colegios secundarios de la Región; y finalmente se ofreció con recursos de accesibilidad para personas ciegas y sordas.

Este “Hamlet” no nació en Dinamarca ni en el siglo XVI; tampoco es príncipe ni vive en un castillo. En la trama reversionada del clásico de Shakespeare que inspiró al autor y director teatral Blas Arrese Igor “Jamlet” trabaja en un supermercado chino de Villa Elvira; su amigo Horacio es un chico trans; Claudio -el rey en el original- es policía; y Gertrudis es la abuela del personaje central y no su madre.

Más cerca del teatro experimental que del convencional, esta versión de una de las tragedias más emblemáticas de la cultura occidental, toma del texto shakesperiano algunas de esas dimensiones de lo social que se mantienen con el correr de los siglos, como las relaciones de poder y de género, pero que traídas a un barrio platense de 2019, con una intervención que detonó el texto del dramaturgo inglés, cobran otro sentido.

Toda la historia, que se desarrolla en 75 minutos, transita dos texturas narrativas que se entremezclan. Están los actores con sus parlamentos y sus interacciones que dan vida a lo ficcional, y sobre ellos una pantalla proyecta un documental que narra la cotidianidad en un barrio de Villa Elvira. Uno y otro formato se alternan y así transcurre la trama.

“Para explicarlo en términos bien teatrales se trata de una dramaturgia de la recepción, que busca investigar cómo leen determinados grupos sociales algunos textos, sus representaciones, sus discursos y sus prácticas”, explicó Arrese Igor.

La idea nació cuando el actor y director, representante del teatro independiente local, con varios títulos de su producción y distintas puestas en su haber, buscó unir la carrera en Comunicación y la dramaturgia en un doctorado y escribió para su tesis “Jamlet en Villa Elvira”. Con la factura no sólo pasó la instancia académica sino que además, al presentarla en una convocatoria del Cervantes, ganó el concurso junto a una obra de Rosario y otra de Tandil. La única sala de carácter nacional produce toda la iniciativa: banca desde la escenografía y el vestuario hasta los sueldos de los actores.

Lo que se vio anoche en el espacio Dynamo (17 y 68) es una experiencia pionera. Hasta ahora se conocían obras de teatro ciego, pero nunca se habían combinado, sobre las tablas, contenidos amigables con las personas hipoacúsicas o disminuidas visuales. Inédita en ese aspecto, el escenario incluyó la presencia de dos intérpretes de lenguaje de señas que fueron relatando el guión, al tiempo que el audiovisual se ofrecía subtitulado. Eso para el público con dificultades auditivas. Para las personas ciegas, dos horas antes de la función se las guió por la sala y las hicieron tocar las diferentes superficies, siguiendo la premisa de que “se puede ver con las manos”. El programa escrito que recibieron, además, se confeccionó con el sistema Braille.

Los jóvenes que interpretan a “Jamlet”, “Horacio” y “Ofelia” (Pedro Rodríguez, Maju Cartaman y Giuliana Ojeda, respectivamente) pertenecen a La Franja Social Teatral, un centro cultural de las calles 83 y 122, en un indefinido límite entre Villa Progreso y Villa Elvira, donde los tres, por pura vocación, aprenden a actuar. Aunque tenían algunos antecedentes en interpretación esta es la primera vez que los chicos trabajan con un texto previo.

“Eso implicó -remarcó Arrese Igor- meses muy intensos de ensayos, a los que se adaptaron muy bien”.

En cambio, los roles de Gertrudis y Claudio los encarnan dos intérpretes experimentados, como Norma Camiña y Marcelo Perona.

El proyecto se completó con la participación de María Ibarlín en la asistencia de dirección, y de Marianela Constantino en la realización del documental.

Juan Zurieta tuvo a su cargo la iluminación; Juan Pablo Pettoruti, el sonido y música; y Margarita Dillon, la escenografía y el vestuario.

Ahora restan tres funciones, ya sin las apoyaturas para la accesibilidad ampliada. Serán hoy, a las 20; el próximo sábado, a las 21; y el domingo, otra vez a las 20.

Algo se comprobó en la función de anoche. Con una capacidad para 80 espectadores, incursionar en la accesibilidad hizo desbordar la sala, tanto que se debió incorporar una decena de asientos para no dejar a nadie afuera. El hecho que no hizo más que visibilizar cierta falta de alternativas artísticas para los públicos con alguna discapacidad.

Este “Hamlet” no nació en Dinamarca ni en el siglo XVI; tampoco es príncipe ni vive en un castillo

 

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