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Todavía quedan videoclubes que resisten los embates de la era Netflix

Fueron el furor de los 80’ y 90’ y hoy en La Plata se cuentan con los dedos de una mano. Cómo sobreviven y qué buscan los clientes

Todavía quedan videoclubes que resisten los embates de la era Netflix

Federico García mantiene el hábito de alquilar películas/Cesar Santoro

17 de Noviembre de 2019 | 04:11
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Sobreviven cuatro o cinco. Algunos, reconvertidos a otros rubros, mantienen los exhibidores con un limitado número de títulos; otros, con la actividad comercial ampliada pero vinculada de alguna manera al viejo hábito de sentarse en el living del hogar a ver una película; y los menos -dos o tres-, parecen estar en su esplendor, con una variada oferta, sin desatender las novedades y manteniendo incluso un buen número de clientes. Los videoclubes, furor entre los 80 y los 90, atacados desde distintos flancos a partir del nuevo milenio, y ya por estos tiempos con el viraje masivo hacia las plataformas digitales en las costumbres de la gente, resisten las estocadas de la tecnología y las trampas que la misma tecnología permite.

La de Nelson Di Cunzolo es una historia con vaivenes, que acompañó los fenómenos de cada época. Compró el videoclub en 1989, con la indemnización que le correspondió cuando lo despidieron de una de las petroquímicas de la Región. Por entonces el local estaba a unos pocos metros de la cuadra donde funciona ahora, en 7 entre 72 y 73.

Di Cunzolo alcanzó a agarrar parte del formato VHS, pero a los pocos años llegaron los DVD y el entusiasmo continuó. Hasta ahí, el negocio marchó, pues era, junto con la oferta de la tele, el entretenimiento de las familias, las parejas, los grupos de amigos y los chicos. Con lo que este hombre llama “truchada” (las copias ilegales que comenzaron a circular y que aun hoy venden manteros en la vía pública) la actividad comenzó a decaer. “Ya cuando apareció Netflix, el blu ray, que venía bastante bien, también dejó de alquilarse, y no volvió a resurgir. Tuve que pensar en otra cosa y menos mal que algo hice en ese sentido porque lo último que alquilé, hace dos semana fueron unas películas condicionadas”, se lamenta el dueño de lo queda del alquiler de películas y que vive más bien de las impresiones, las fotocopias, los anillados y la venta de artículos de librería y papelería.

El combo completo

Los clásicos y los estrenos que no se consiguen. A esa oferta apuntan los socios del único videoclub de Los Hornos que tiene su público y que hasta renueva socios cada semana, según señala su dueño, Pablo Eyheramendy, quien inauguró el espacio hace veinte años y hace dos, como el local daba para la extensión, le incorporó embutidos, quesos y otras elaboraciones de campo.

En el caso del local de 60 entre 136 y 137, también atentó con la actividad la “piratería”, la venta clandestina de DVDs, el “boom” del streaming y todos sus representantes en la web, y n este último tiempo la caída del poder adquisitivo de la gente. “Los costos del negocio son muy altos y con el video solamente no era suficiente. Por eso ampliamos el rubro, porque hay un nicho de clientes y eso nos impulsó a continuar”, cuenta el responsable del emprendimiento.

Ese número de socios que se conserva va en busca, por lo general, de los films clásicos difíciles de conseguir por otras vías o los estrenos producidos en DVDs y blu ray importados. “Hay gente que quiere preservar este modo de ver películas -explica Eyheramendy-; también cinéfilos que vienen por directores independientes, que no son fáciles de encontrar en las plataformas”.

El alquiler de un DVD estreno (por un día) cuesta en ese local $60; el de un título de los clásicos, $50 (por dos días); y el de una novedad en soporte de blu ray $100.

De la sala al sillón

La verdadera “revolución” fue, a mediados de los años 80, disponer del cine en casa. Se trataba entonces de una cinta, con una definición no muy fiel, y que había que rebobinar antes de entregarla al club de video. Pero entre ir hasta una sala para ver una película y tener el programa en el hogar el salto fue enorme. Por ese tiempo, Sergio Deladino era muy joven y un gran “fana” de las producciones fílmicas, y en marzo de 1991 montó un videoclub en el garaje de la casa de sus padres, en diagonal 73 y 34. Desde allí fue creciendo, y de la cochera de la vivienda, luego de una reforma, pasó al living. Con el negocio totalmente armado, a principios de 2000 se mudó a un local de diagonal 73 y 27 (donde la firma funciona ahora), que se convirtió en un gigante del alquiler de videos.

Ignacio Orazzi hoy tiene 32 años, y por esos comienzos de Deladino era uno de sus clientes. Iba a alquilar y se quedaba horas hablando de cine con el dueño. Cumplió su sueño en 2017, cuando compró el fondo de comercio. Lo que cuenta el joven es de lo más alentador: dice que tiene 20.675 socios, que alrededor de 10 mil son estables, que la mayoría retira películas en el sistema de blu ray y muchos se llevan también DVDs con las series de Netflix de mayor repercusión . “Por la crisis, hay días que apenas se araña algo, pero en general funciona bastante bien. Todavía hay gente que quiere ver material de buena calidad y eso no lo encuentra en la calle”, precisa.

Tal es el caso de Federico García, que aunque es también usuario de Netflix suele acercarse al videoclub de La Loma en busca de lo que más le interesa. “Ahora estoy viendo cine nórdico y argentino”, dice.

“La gente es exigente con la imagen y el sonido, por eso lo que más se alquila es blu ray”

Ignacio Orazzi, Dueño de videoclub

 

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