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Las expectativas se enfocan en el plan de un joven ministro
Las expectativas se enfocan en el plan de un joven ministro

Por: Ricardo Rosales
prensa.rosalesr@gmail.com

9 de Diciembre de 2019 | 03:01
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En los próximos días se corre el telón y finalmente la flamante administración del presidente Alberto Fernández dará a conocer el programa económico que, según indican todas las fuentes, es obra del joven ministro de Hacienda, Martín Guzmán, un economista recibido en La Plata, emigrado a Columbia, USA, y discípulo del ex Premio Nobel, Joseph Stiglitz. Algunos trazos gruesos del programa y definiciones técnicas es todo lo que por el momento se conoce, pero Guzmán se habría propuesto a presentar su propuesta en blanco sobre negro, mediante un programa completo y no solo una serie de medidas. Hay expectativas, pero nada de euforia o histeria en los ámbitos del poder financiero y económico.

Stiglitz no es una persona querida ni de consulta en Washington DC, Wall Street o los organismos financieros internacionales como el FMI o el Banco Mundial. Y su discípulo Guzmán es considerado por sus conocimientos académicos, pero con nada de experiencia política y know how del complejo entramado jurídico- financiero mundial. De todas maneras, habrá que esperar y ver el desarrollo de los acontecimientos para juzgar y que surjan opiniones concretas de la consistencia del programa económico.

Nada puede ser considerado sencillo o definido a priori, mucho menos en el caso argentino, con décadas de estancamiento económico y social y escasa reputación sobre su voluntad de cumplimiento y respeto de los sistemas contractuales, corrientes y habituales en el mundo desarrollado. Alberto F. dijo que hace tiempo se viene negociando con el FMI, quizás con la intención de tranquilizar y eludir la sensación de que con Guzmán, la Argentina iría hacia otro experimento económico, quizás exitoso o uno más de los tantos que fracasaron en las últimas décadas, acumulando el país crisis tras crisis. El legado del presidente Mauricio Macri, es objeto de algunos debates técnicos, al haberse corregido algunos desequilibrios macroeconómicos, detalle interesante para los especialistas pero que no elude la magnitud de la crisis ni que el país continuó en un derrotero de caída en el desarrollo que, como se señaló lleva al menos décadas.

La impronta del ministro Guzmán es otro aspecto que debiera considerarse. La experiencia ya demostró que no existen “salvadores” individuales al margen del resto de la sociedad. La economía es un complejo entramado de intereses con infinidad de actores locales y, además el resto del mundo. Y las coyunturas son muy distintas unas de otras. No es un secreto, pero la Argentina y los países de la región, no pueden aspirar a gestiones políticas similares con una soja a 600 dólares, como existió una década atrás, con otra de 300 dólares que es la de hoy en día. La voluntad de cambio y de regresar al desarrollo tiene que ser necesariamente, una acción colectiva. Quizás el Consejo Económico Social que propuso Alberto F. pueda contribuir en esa dirección.

Pero retomando los aspectos conocidos de las ideas del ministro Guzmán, no hay dudas que caminará sobre un sendero muy estrecho y plagado de riesgos. La frase de “no pagar por dos años para dejarnos crecer” puede sonar un slogan interesante y lógico para los argentinos, pero lejos está de convencer al resto del mundo que, en particular los países desarrollados, miran en primer lugar la disciplina fiscal y la consistencia macro de un programa económico. La intención de reducir las tasas de interés locales para que regrese el crédito, es por cierto una meta lógica y necesaria. Pero el equilibrio con la negociación de la deuda es aún mucho más relevante para el regreso del crédito. El sistema financiero local tiene una capacidad de préstamos escaso e incapaz de llegar a los grandes proyectos de infraestructura, industriales, tecnológicos que puedan transformar el país. El sector privado, en primer lugar, es quién necesita de acceder al financiamiento externo para exportar, invertir o dar saltos tecnológicos. Y sin una negociación de la deuda que coloque a la Argentina en un nivel de riesgo similar a otros países de la región, el acceso al crédito continuará tan escaso y caro como en la actualidad.

Habrá que esperar y conocer la letra chica de la propuesta para la deuda, de no pagar capital ni intereses por dos años, y que se pronuncien los acreedores. Es una negociación que, probablemente lleve no menos de seis meses de trabajo si el resultado fuera exitoso o más si hubiera contratiempos. En ese lapso, puede que ocurra un rebote económico local, dependerá de muchas circunstancias, lapso en el cual un eventual default complicaría cualquier recuperación. De todas maneras, son hipótesis que no han ocurrido y primero será sustancial que se aclaren las dudas sobre el programa económico. El próximo presidente, por ejemplo, dijo que pediría una prórroga del actual presupuesto, presentado por el macrismo, hasta abril o mayo, antes de elevar el suyo. Todavía falta mucha agua para que pase por el puente…

 

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