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EN LA PROVINCIA DE SAN JUAN

El Parque Provincial Ischigualasto, un viaje en el tiempo al período triásico

Un lugar lleno de sonidos pero también de silencios. Objetos caprichosos que delineó la naturaleza y que el hombre, en un intento por otorgarle una realidad más palpable, bautizó con diferentes nombres

Una de las tantas bellezas que ofrece el Parque Provincial Ischigualasto en la región Cuyana/Archivo

La entrada al parque Provincial Ischigualasto/Archivo

El Parque Provincial Ischigualasto, ubicado en el departamento sanjuanino de Valle Fértil, es un viaje en el tiempo que retrotrae unos 250 millones de años, en pleno período triásico, época en donde transitaban por esa tierra arcillosa, blanca y seca, los primeros mamíferos, y que hoy se constituye en un lugar con formaciones rocosas que semejan a un paisaje lunar.

El recorrido por estas mágicas geoformas atrae más de 100 mil turistas al año que no dan crédito a un lugar lleno de sonidos y silencios, objetos caprichosos que delineó la naturaleza y que el hombre, en un intento por otorgarle una realidad más palpable, bautizó con diferentes nombres.

No por nada se lo conoce como “El Valle de la Luna”, y sus diferentes geoformas reciben nombres tales como “El Submarino”, “El Valle Pintado”, o la “Cancha de Bochas”.

Silvio Atencio, encargado del lugar, en ese paraíso bajo un cielo azul profundo que resaltaba aún más el color que va mutando a medida que pasa el día, contó que los fines de semana largos “es común ver la caravana de vehículos que esperan para ingresar”.

El 12 de julio de 2014 marcó una fecha especial para el parque con la caída de una de las dos torres del submarino, pero esa desgracia se tradujo “en un incremento en la afluencia de visitantes”, recordó Atencio.

Entre las recomendaciones para visitar el Ischigualasto, pero que en la traducción correcta del diaguita podría traducirse como “sitio en donde no existe la vida” o “lugar de la muerte”, según explicó el ministro de Turismo de San Juan, Renato Laspiur, es imprescindible el protector y sombrero ante el fuerte sol que cae sobre el sitio.

Rastros de épocas todavía más antiguas se pueden observa a cada paso, como conchillas y restos fósiles que indican que el agua alguna vez dominó esa geografía.

Como el suelo es arcilloso, casi blanco, los rayos del sol parecen multiplicarse, aún de abajo para arriba, de manera que el calor aumenta en la zona vecina a la ciudad de San José de Jachal, tras pasar la inolvidable Cuesta de Huaco.

Atencio detalló que “cerca del 80 % de los turistas del parque son argentinos, sobre todo de las grandes ciudades, como Buenos Aires, Córdoba y Rosario, y el resto serían extranjeros, de Europa en su mayoría, entre los que sobresalen los científicos”.

La entrada al predio, que ahora tendrá nueva playa de estacionamiento adoquinada, está en el orden de los 300 pesos en general, mientras que los sanjuaninos, los jubilados y los estudiantes pagan el 50% de ese monto.

La administración del parque de 275.000 hectáreas cuenta con un Centro de Interpretación, baños y un restaurante donde se puede almorzar a precios muy accesibles.

Los horarios de ingreso son del 21 de septiembre al 20 de marzo, de 8 a 17, y del 21 de marzo al 20 de septiembre de 9 a 16, mientras que el 31 de diciembre, al igual como sucedió el 24, el último ingreso será a las 11, mientras que se mantiene cerrado para el 1 de enero.

Atencio explicó que los turistas “suelen ir a las cinco estaciones del parque en un recorrido de cerca de tres horas y media de duración, en las que se pueden ver piedras famosas como El Gusano, El Hongo, La Mulatona, El Submarino y La Cancha de Bochas con sus gotas de roca.

Las piedras redondas son lo contrario de El Submarino, porque mientras uno cae por el lógico paso del tiempo, la otra continúa mostrando más partes aún enterradas, por lo que no se puede descartar que aparezcan más cuando el viento se lleve la tierra que las cubre.

Del otro lado de El Hongo, aparece la parte trasera del Parque Nacional Talampaya y sus murallones de piedra rojiza, en la provincia de La Rioja, que junto al Ischigualasto fue declarado Patrimonio Universal de la Humanidad en el año 2000.

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