Una prueba elocuente sobre las faltas en el tránsito

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La detección en la Ciudad de unas 17 mil infracciones de tránsito registradas sólo en los puntos en los que se instalaron cámaras para controlar los excesos de velocidad y otras faltas, da una pauta elocuente sobre el comportamiento de muchos conductores de vehículos y debiera obligar a las autoridades responsables, así como a toda la sociedad, a analizar a fondo esta cuestión ligada no sólo a la seguridad vial, sino también al comportamiento de los ciudadanos como integrantes de una comunidad.

La cifra revelada anteayer por el Intendente local durante una entrevista radial surge de la detección realizada por los nuevos equipos que ya toman imágenes, aún cuando las infracciones todavía no se sancionan ni son notificados los conductores. El funcionario detalló que los radares encargados de controlar los límites de velocidad, denominados cinemómetros, serán treinta, en tanto que se instalará una cantidad similar de cámaras para controlar los cruces en rojo, con lo que serán unos sesenta los equipos instalados, advirtiéndose, en este último caso, que la sanción pecuniaria por pasar en rojo puede superar la suma de 40 mil pesos.

Se aseguró, asimismo, que todas las cámaras que registran la velocidad van a estar señalizadas, como forma de demostrar que no se busca que el conductor caiga en una suerte de trampa, sino que el sistema se adopta para instalar una política vial de tipo preventivo. En cambio, las que no van a estar señalizadas serán las que se colocan para controlar el cumplimiento de las señales que imparten los semáforos.

La mayoría de los equipos de control de velocidad se ubicarán en trazas clave, tales como la avenida 520 a la altura de Romero; el camino Centenario en el tramo que corre entre City Bell y Villa Elisa; en la avenida 137 a la altura de Arana y en la avenida 7 desde 90 a 600.

Como se ha dicho tantas veces en esta columna, no se trata de cuestionar ninguna medida o acción encaminada a inculcar disciplina y un mayor respeto a las leyes viales por parte de los conductores, muchos de los cuales se caracterizan por comportarse en forma anarquizada y desaprensiva. Pero también es evidente que los mecanismos de contralor que puedan impulsarse deben verse acompañados no sólo de un marco de absoluta legitimidad y eficacia en su aplicación, sino de la debida capacitación y mejor formación educativa de los conductores.

Asimismo, no puede sino llamar la atención el hecho de que se hayan sumado, en tan sólo treinta días, unas 17 mil infracciones de tránsito. Es fácil imaginar, además, las dificultades administrativas que podrían aparecer en la tramitación de esas causas.

También es cierto que, pese a que se han acentuado los controles en los últimos años, la porfiada indisciplina y falta de educación vial de los conductores siguen siendo las notas más observables. Se está ante situaciones tan negativas como endémicas, como podrían ser –sólo por dar muy pocos ejemplos- la persistencia generalizada en utilizar vidrios polarizados que están prohibidos, no usar el cinturón de seguridad o, en el caso de los motociclistas, no conducir con el casco exigido.

Bien se conocen las consecuencias, muchas veces trágicas, de estas actitudes. Es correcto detectarlas y sancionarlas mediante procesos legales, pero, antes que ello el Estado debiera propender a consolidar en cada conductor o usuario de la vía pública sólidos principios educativos, en una tarea que debiera empezar en las aulas escolares, a edades muy tempranas. Sólo así podrán lograrse mejoras efectivas en el comportamiento en las calles de la mayoría de la población.

 

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