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IMPRESIONES: ENTRE EL HUMOR Y LA REFLEXIÓN

Novios y emergencias

Novios y emergencias

Fernando Burlando lo hizo otra vez. Como quiere estar siempre en pantalla, controla más el bronceado que las indagatorias. Esta semana armó una escena practicando polo. Se hizo pasar por accidentado grave para pedirle casorio, con anillo y todo, a su novia Barbie. Al apelar al asombro, le avisó a ella que el amor está hecho de efectos especiales y que el anillo y las cámaras son semi pruebas que no aseguran nada. Ya lo enseña la política de estos días: los videos y las promesas no comprometen. Al final, la vida de los candidatos y de los matrimonios está hecha de desmentidas y olvidos.

De tanto gestionar urgencias, el abogado estrella decidió ponerle ambulancias a su amorío

 

Para llegar al casorio, Burlando fabricó una urgencia que daba miedo. Está bien asustarlas, como para que se vayan acostumbrado a que la convivencia es una carretera llena de de sobresaltos. Armó un jaleo amoroso con cámaras y en cancha de polo (nada de fútbol cinco, que el hombre tiene su estilo) y hasta guionó una falsa caída (¿con un falso caballo?) para hacerse el desvanecido y convocar a la ambulancia, mientras Barbie se desesperaba, aunque no tanto como habría querido Fernando. Desde la camilla, disfrutó del estupor de ella. Y ya en tierra, hizo su papel de amante desbordado.

Lo de armar escenas imposibles y trabajar con falsos testigos es parte de su ejercicio diario. De tanto gestionar urgencias, decidió ponerle ambulancias a su amorío. Para los penalistas, la verdad es un horizonte incómodo que conviene desfigurar para mejorarla. Lo que vende y confunde a jurados y amantes son los trucos bien armados. El amor necesita sorpresas, pero no tanto. Su número sirvió para hacerle saber a los novios comunes, esos que están más cerca de la camilla que del anillo, que el casamiento exige disfraces. El de Burlando y Barbie es un vinculo que hemos glosado. Después de una pelea, ella contó que aún llevaba en su cuerpo el chip que el boga le había puesto para cuidarla y controlarla, que para los novios son sinónimos. “Supongo que me habrá hecho seguir”, agregaba. “Mi celu está en su nube y él sabe todo lo que mando o recibo”, dijo. Tener a un celoso en la nube, vuelve tormentoso cualquier cielo. Ante el tribunal supremo del Bailando de Tinelli, Barbie contó que había roto la relación por una foto que mostraba al letrado bailarín tomando clases de trasnoche con Laura Fidalgo. Entonces, Barbie dijo: “se me hundió Disney”, dándole al vínculo el formato de un mundo de fantasía que era puro cuento. El castillo se le había derrumbado: mientras ella, la bella Durmiente, descansaba, el príncipe de las diagonales, después de las 12, andaba probando zapatitos en otras piernas.

Los amores cada vez vienen más sorpresivos. Las declaraciones han perdido brillo y concurrencia. Los enamorados de hoy no tienen plata ni ganas de gastar tiempo en esas minucias. Burlando le agregó bambolla y show a lo que debería ser una secuencia con más champagne que sirenas. Y de paso le advirtió a su señorita que el exhibicionismo será parte de la liturgia hogareña de este abogado que siempre anda del brazo con alarmas y sospechosos.

El sabe que las muchachas lindas necesitan un componente que las oriente. Por eso el chip. “Me lo puso sólo por seguridad” dijo la deliciosa incauta. El GPS para parejas tranquiliza a los desconfiados. Desafiando feministas y partidarios del amor libre, Burlando, un experto en excarcelaciones, largó la idea de novia con calabozo. Es que el oficio le ha dado al hombre tanto fogueo con la maldad, que tiene el alma llena de culpables. Rejas adentro, aprendió a valorar imposturas y trucos. Su familiaridad con las cámaras lo lleva a interpretar personajes capaces de lograr que lo real se desdibuje detrás de pequeñas falsedades. Es gente que está más allá de la espontaneidad y que convierte hasta lo más íntimo y sencillo en un operativo que lo trasciende. En la cancha de polo, con paramédicos falsos y novia verdadera, Burlando enseñó que el amor es pura representación. Y el casamiento, una emergencia. Pero su coreografía fue tan temeraria, que el jurado de entrecasa lo acabó condenando por alevosía romántica.

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