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UN BOOM QUE ATRAVIESA VARIAS EDADES

Aéreo, con mascotas o virtual: cada vez son más los que innovan a la hora de hacer yoga

La práctica de esta disciplina ya no se reduce únicamente a un entorno silencioso y sin objetos y las clases no tradicionales en nuestra región ganan terreno y suman seguidores

Al igual que otros yoguis, la profesora platense mirta burgos suele buscar entornos confortables para la práctica de yoga grupal / EL DÍA

Aunque cueste creer, hay quien hace yoga con cerveza / Bieryoga.de

Hace poco, el viernes 21 de junio y por quinto año consecutivo, el mundo celebró el Día Internacional del Yoga y en la India, cuna de la disciplina, se organizaron prácticas masivas al aire libre y un sinfín de encuentros para meditar ante los primeros rayos del sol. Lejos de esa postal característica y asociada desde siempre al universo de los yoguis, en esta parte del mundo el yoga parece haberse ampliado y ofrecer opciones poco convencionales.

Desde las cada vez más comunes y replicadas clases virtuales hasta modalidades como yoga aéreo -que se practica con telas-, con mascotas, con cerveza -una modalidad llegada de Alemania y que ya cuenta con un movimiento a nivel mundial- o hasta desnudo, una tendencia impulsada por algunas yoguis famosas en las redes y que no tardó en hacerse suceso.

Hace poco, una plataforma de venta de entradas e inscripciones a eventos difundió una encuesta a quienes realizan y enseñan esta actividad en nuestra región: el trabajo reveló precisamente una lista de prácticas no tradicionales de yoga que cada vez crecen más: “hot” yoga (18%), yoga en una disco en silencio (17%), yoga de inmersión (17%), yoga aéreo (15%), yoga con gatos (15%), yoga con cerveza (14%) y yoga al desnudo (14%).

A la hora de explicar el crecimiento de las variantes de esta disciplina, muchos señalan la popularidad de la práctica, elegida por numerosas personas alrededor del mundo por diversos motivos. Según la encuesta realizada por Eventbrite y OnePoll, las principales razones por las cuales la gente practica yoga son: liberar tensiones (54%), fortalecerse física y mentalmente (52%), desestresarse (51%), sentirse más felices (43%) y, en último lugar, ejercitarse (41%).

Para María Fernanda Gómez, Maestra de Yoga del Estudio Gandiva Belgrano, “no hay edad para sentirse vivo y feliz. Tengo alumnos de todas las edades, desde los 18 hasta los 86. Y en promedio hay más mujeres que hombres. Las personas buscan relajarse y reconectar con su interior y aprender a respirar de manera consciente. Muchos acuden por estrés, tensiones corporales, o dolores de columna, hoy por hoy las personas necesitan relajarse y reconectar con su interior, aprender a respirar de manera consciente.”

Los beneficios de la práctica son bien conocidos: la realización de posturas, técnicas de respiración y meditación fortalece el sistema muscular, alivia tensiones y contracturas, mejora la flexibilidad y la postura, contribuye a una mayor conciencia y a la reducción del estrés.

“Otra forma no convencional a la que se recurre mucho es al uso de algunos elementos como cañas, pañuelos o pelotitas de tenis”, apunta por su parte Mirta Burgos, profesora de yoga de La Plata que también advierte un aumento de estos nuevos modos de encarar la práctica. “La gente lo pide y hasta se buscan variantes para hacer yoga con peso”, agrega.

Lo que cuenta Burgos es apenas ejemplo de un fenómeno en expansión. La popularidad de formas no tradicionales hace que tanto yoguis de nivel inicial como profesores encuentren un nicho y lo desarrollen: aunque suene extraño, algunos de los eventos con más inscriptos -según la consultora Evenbrite- son los de yoga con mascotas -gatos o perros- donde el interés, más que la realización de las asanas, es compartir un momento de distensión con ellos. Este es uno de los tips que brindan los organizadores: proporcionar un escenario distinto y original para la práctica de la actividad.

En cuanto a espacios originales, alguien que aprovecha muy bien el entorno natural es Alejandra Navarria, quien organizó la semana pasada en Mendoza “Yoga por los caminos del vino”, encuentros organizados en bodegas y vinculando así el yoga con la industria vitivinícola. “Propongo conectar plenamente con el interior de la persona ya que el salón está en penumbras para que los asistentes puedan percibir y seguir los movimientos de la profesora -precisa-. Se puede interactuar con ciertos objetos para estimular, además de los auditivos y gustativos, el sentido del tacto”.

Aunque más frecuente y compartida, otra variante a la clase común es la que se realiza a solas y frente a una pantalla. Según datos de Google Argentina, de hecho, el término “yoga” experimentó un aumento en el volumen de búsquedas de un 103% desde 2015, fundamentalmente a partir de consultas relacionadas con “qué es”, “beneficios”, “clase”, “poses” y “principiantes”.

Además, desde 2008 también se registró un crecimiento sostenido en la búsqueda de videos en Youtube de “yoga principiantes”, “videos de yoga” y “yoga en casa”. Y así fue que lo que comenzó tímidamente como una curiosidad se tradujo en una tendencia global que cada vez tiene más seguidores. Sólo por citar, en Estados Unidos el canal Yoga With Adriene tiene más de 5 millones de suscriptores y ofrece “videos de yoga gratuitos de alta calidad” con una biblioteca de incluye desde clases para principiantes hasta sesiones para bajar de peso. En Chile, con más de un millón de suscriptores está MalovaElena, un canal que ofrece varias formas de entrenamiento pero con el foco puesto en el yoga.

“Hay gente que se acerca para estar mejor física o mentalmente y lo bueno del yoga es que es universal y cualquiera puede beneficiarse”, dice Gonzalo Rico Peña, director del Centro Yoga Baires. “La tecnología llegó y las comunicaciones mejoraron mucho, con lo cual hoy a través de Internet, con tutoriales o videos se puede acceder a información que antes no estaba tan a mano. Pero el yoga es como la terapia: hay dos personas, un alumno y un profesor, mientras que en un video no hay vínculo ni ida y vuelta”.

En esa sintonía se apunta la mirada de Martín Quiroga, de la Unión Nacional de Yoga Argentina. “Con la llegada de la práctica a occidente -dice- los profesores se abocaron a las clases prácticas de posturas físicas (asanas) dejando de lado el camino espiritual y en muchos casos saltando uno de los pasos más importantes para el yoga: la meditación”.

 

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