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Mutiladas, despintadas o arruinadas por los grafitis

Preocupa el estado de la colección de esculturas del Parque Saavedra

Condenadas por el vandalismo, el desgaste por el paso del tiempo y la falta de cuidados, muchas piden auxilio. Visitantes advierten que en distintos sectores del espacio verde ese rico patrimonio parece librado a su suerte

los objetos tallados de árboles caídos dan muestras de deterioro

en distintos sectores del parque las esculturas piden auxilio/ c. santoro

las figuras decapitadas o con partes faltantes, otro signo del vandalismo en el espacio verde / césar santoro

Abandonadas a su suerte y condenadas al vandalismo, las esculturas del Parque Saavedra lucen cada día un poco mas fantasmagóricas.

Quien ingrese por calle 68 al corredor conocido como “L’enlèvement d’Europe par Zeus”, ubicado en el sector cerrado del parque Lisandro de La Torre, se encontrará por ejemplo con la escultura “La Ganadería”.

La obra muestra el torso de una mujer, a la que le faltan desde hace décadas la cabeza y las extremidades.

Pese a que se pueda intuir la importancia de la obra, su belleza original se opacó por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.

Uno de las últimas “intervenciones” que se hicieron en esa obra centenaria de Raymond Rivoire fue la colocación de una cabeza morena. Esa pieza se pegó de manera precaria y a los pocos días desapareció y “La Ganadería” volvió a quedar sin cabeza.

Durante los días posteriores se vieron en el suelo varios fragmentos de la cabeza que se había agregado y trozos de mármol.

Hacia el centro del predio se aprecia una especie de fuente de agua completamente seca. La placa que retrataba un ángel en el medio de dos hombres también está incompleta. Como a muchas de las esculturas, le faltan las manos.

Cerca de allí está el “Rincón del Novelista”, un espacio de homenaje al escritor Benito Lynch creado el 25 de abril de 1958. A pocos metros se encuentra el portón de hierro de su antigua casa de diagonal 77 N°734, pero no se observa ninguna referencia histórica.

En la ruta de las esculturas, al inmenso y marmóreo hombre que carga en su hombro una especie de vasija, que también se rompió con el correr de los años, le falta un brazo.

El reconocido escultor polaco Alejandro Perekrest también dejó su arte en el Parque Saavedra y hasta se distingue su firma en la escultura de una pareja que se abraza de manera amorosa. Lo que seguramente nunca imaginó fue que ambos personajes estarían condenados a la pérdida de sus extremidades y que los rostros se irían desfigurando por la sucesión de ataques que sufrieron y por el implacable paso de los años.

Los querubines también lucen heridos de muerte porque falta gran parte de la obra

 

Con un poco mas de suerte aún siguen en pie una decena de tallas de madera que se hicieron con muchos de los árboles que se fueron cayendo.

Nueve años atrás Fernando Rigone, un profesor de literatura, se propuso hacer arte del árbol caído y dedicó muchas tardes a crear un espacio de esculturas en ese sector cerrado del Parque Saavedra.

Su idea era dejar una obra en el mismo lugar dónde se hubiera secado un ejemplar y también que se sumaran todas las personas que quisieran trabajar para enriquecer el patrimonio artístico.

Aunque el artista nunca supo con certeza cuánto durarían las obras, ya que con los años el sol suele corromper la madera, en su momento los objetos tallados se pintaron con aceite o gasoil para preservarlos un poco mas de los agentes externos.

Lamentablemente la falta de cuidados provocó que muchas de esas obras comenzaran a desmembrarse.

Por ejemplo un inmenso bebé sentado al pie de un árbol también sufrió la pérdida de parte de su cuerpo.

Sin embargo, hay que destacar que en los alrededores de la biblioteca “El otro lado del árbol” hay una especie de ciudadela construida con diferentes castillos de madera que llaman la atención de los visitantes de ese espacio público.

Ya en el sector externo del parque, pese a la altura en la que se encuentra, ni la escultura de Cornelio Saavedra quedó a salvo de los ataques.

Su rostro luce una extraña nariz carcomida, le faltan las manos y tiene un nido de hornero en su hombro izquierdo.

Los querubines también lucen heridos de muerte porque falta gran parte de la obra y, aunque aún sostienen un cántaro del que sale un chorro de agua, su entorno no luce de manera armoniosa.

Sobre el patrimonio urbano Eduardo Karakachoff, de la asociación Defendamos La Plata opinó que va mas allá del cuidado de los adoquines, de ciertas veredas y de edificios, “no es una cuestión de nostálgicos, se trata de una visión global de la ciudad que apunta a reconvertir a La Plata en un lugar que invite a ser visitado, a ser vivido, a ser disfrutado. Que en cada sitio genere belleza y trabajo para los platenses”.

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