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Playas de Pinamar, amigas de los perros y la naturaleza

Desde hace varias temporadas, esta ciudad intenta hacerse eco de las costumbres de los turistas con una visión ecologista y “pet friendly”. Cómo es la movida

Playas de Pinamar, amigas de los perros y la naturaleza

Cada vez son más las personas que eligen ir a la playa con su mascota y disfrutar del mar / Roberto Acosta

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

19 de Enero de 2020 | 04:17
Edición impresa

ENVIADO ESPECIAL A LA COSTA ATLÁNTICA

 

La cuestión de las mascotas es un tema clave a la hora de las vacaciones. ¿Llevamos a Toby? ¿O lo dejamos solo, pobrecito? ¿Y si lo llevamos y la pasa mal? ¿Y si molesta a los demás? ¿Lo llevamos con nosotros, pero lo dejamos encerrado cuando vamos a la playa? Hoy, cuando perros y gatos se han ganado un lugar como miembros de igual jerarquía en la familia, nadie quiere dejar una semana o una quincena a su mascota al cuidado de otro.

Hace algunos años, a Pinamar se le ocurrió una solución al problema: dictó una ordenanza que reglamenta cómo debe ser la presencia para los perritos en la playa pública y en los balnearios, una serie de reglas a seguir que incluye, en los paradores que quieran adherirse, un espacio reservado en la hilera de carpas para las familias con mascotas.

Una legislación que intenta desde 2016 abrir las playas a estos simpáticos animalitos domésticos, pero intentando mantener un equilibrio con el turista que se vino desde la urbe para estar tranquilo y no quiere escuchar los ladridos de Toby.

“La intención es sectorizar las carpas para quienes quieran llevar sus perros a las playas, tener un porcentaje de carpas diferenciadas y que sean para alojar a los perros”, señaló la impulsora de este proyecto “pet friendly”, la concejala Alejandra Apolonio, que determina que los balnearios que se inscriban en el servicio deben proveer bolsas de residuos sanitarios y agua y platitos para los bichos.

La regla también señala que los canes solo podrán acceder a la playa pública después de las 19 y hasta las 9 de la mañana, para evitar el horario de congestión turística, hasta el 1° de abril. Por supuesto, es una de las tantas normas que son pasadas por alto: los perritos andan libres por las playas de Pinamar, aunque en mucha menor medida que en otros balnearios desde San Bernardo a Mar del Plata.

Es que muchas familias eligen la comodidad de la playa para proteger a su mejor amigo del calor y el sol en horas pico (de hecho, la resolución que restringe el acceso a la playa pública de los perritos también tenía ese objetivo en mente).

Es el caso de la familia Barbero, que llegó a Pinamar con Mía, que desde que nació hace seis años siempre acompaña a sus dueños en sus aventuras estivales.

La familia alquiló una carpa en el balneario Paradise, al sur de la Bunge, donde Mía es una más de una familia que, según cuenta su mamá, jamás la dejaría sola. Y eso implica, claro, un alto gasto: aconsejada por su veterinario, la mamá de Mía, además de alquilar la carpa a un costo de 2.500 pesos por día, le compró bronceador para perros y un dispenser de agua y comida, y se preocupa por mantenerla bien hidratada.

UNA PLAYA ECO

Pero la de los perritos es apenas una de las legislaciones de avanzada que Pinamar implementa y el resto, poco a poco, va copiando: hace un lustro la playa viene preocupándose por la convivencia armónica de lo natural, lo urbano y lo turístico en sus balnearios, impulsada por el empuje del activista Gastón Caminata y un sector del arco político.

Movilizados, consiguieron prohibir las bolsas de plástico en los supermercados (una medida que en la Ciudad se cumplió durante algunos meses), y el año pasado pasaron una ordenanza para terminar con las pajitas y los vasos de plástico en las playas. Eran, claro, la principal fuente de basura, y muy contaminante.

Los comerciantes de los “chiringuitos” de la playa se resistieron al principio, pero terminaron adoptando los sorbetes biodegradables y los vasos reutilizables no solo por las multas: comprendieron que, por ejemplo, podían vender los vasos de plástico duro. Al final, ser “eco friendly” terminó siendo un negocio.

Pinamar es también uno de los pocos balnearios de la Costa donde se ven, en algunos paradores, cestos de reciclaje. Y algunos hasta se alimentan con paneles solares. También prohibieron este año los fuegos artificiales en la playa (aunque una empresa de pirotecnia presentó una medida cautelar) y, también desde esta temporada, solo se puede fumar en los balnearios al lado de los tira colillas.

“Ves una foto de Australia, e imaginar los bosques de Cariló, de Valeria, como los vimos hace dos años…”, se estremece Marcela Crespo, administradora del balneario Posta Sur (y fumadora), al reflexionar sobre el problema del cigarrillo. Y cuenta que ella estuvo auxiliando en aquel incendio de 2016 que en cuestión de hora devoró la reserva de Valeria del Mar

A metros de la distribuidora de gas: “Toda la comunidad se involucró para que no estallara Pinamar en pedazos. Hubo una intervención colectiva para que el fuego no cruzara la calle Espora. Si no, nadie contaba el cuento”.

Las playas están notablemente más limpias. Y además, son notablemente más amplias año tras año, luego de una ordenanza reglamentada en 2016 y que desde entonces obligó a los paradores a cambiar su puesta: el municipio obligó a las antiguas construcciones de hormigón de los distintos balnearios a adoptar características ecológicas, con mucha madera, además de ser desmontables. El cambio se percibe a la vista, y además dotó al frente de Pinamar de una estética muy moderna y cool.

La medida consiguió cumplir el objetivo: las viejas construcciones de los balnearios superaban los 3 mil metros cuadrados de cemento, según revela el intendente del municipio, Martín Yeza. Hoy, promedian los 300, y permitieron la recuperación de 100 mil metros de playa pública.

Hace un lustro la playa se preocupa por la convivencia entre lo natural, lo urbano y lo turístico

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